Llibres – 126
Descubrí (estas cosas siempre “se descubren”) a Montorroso muy tarde, por 1996/97. No sé si fue primero leerle algo por casualidad lo que me abrió la curiosidad, o bien fue ver su (pequeña) figura y su (muy discreto y agradable) comportamiento en una visita que hizo por aquí, o bien constatar lo cariñosamente que trataban todos los escritores a su Tito. El caso es que compré uno detrás de otro sus libros, de tan fácil lectura, por lo demás. Éste parece que fue el primero que recopiló y ofreció sus textos. Unos textos que van, siempre con la sonrisa por delante, mucho más allá de aquel famoso dinosaurio.
Abro los tres libros que tengo por casa, cada uno en una página al azar:
a/ “Fecundidad”.- “Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta línea.”
b/ “El búho que quería salvar a la Humanidad”.- “En lo más intrincado de la Selva existió en tiempos lejanos un Búho que empezó a preocuparse por los demás. (…)”
c/ (de “Primera Dama”).- (…) “Permaneció unos segundos con los brazos en alto. El sudor le corría en hilitos entre los pechos y por la espalda. Oyó que aplaudían. Bajó las manos. Se arregló con disimulo la falda y saludó modestamente. El público, después de todo, no era tan bruto. (…)”
Augusto Monterroso.- “Obras completas (y otros cuentos)”
(Anagrama, Barcelona, 1990)

