sábado, 30 de agosto de 2014

Un año ajetreado (Anne Wiazemsky)


- Oh, Jeanne, qué extraño camino he tenido que recorrer para llegar hasta ti
Es, sí, la frase final que pronuncia el protagonista de “Pickpocket”. Una frase que conviene retener para utilizarla, como he llegado a hacer, en momentos muy determinados. Por eso no he podido dejar de reírme, y subrayar el párrafo, en cuanto he visto que fue una de las que le dirigió Jean-Luc Godard, a la sazón de 36 años, a Anne Wiazemsky, tierna infanta de 19, durante su proceso de ligue, tras haberle confesado que había caído rendidamente enamorado de ella viéndola en su papel de “Al azar, Baltasar”, también de Bresson.
Llevaba muchos años sin ponerme a leer novelas traducidas. Hoy les he dado un salto pasajero a los ensayos de Montaigne, y he cogido esta “Un año ajetreado” (Anagrama, 2013) que, a su lado, es de una ligereza cercana a la de la revista femenina “Sissí”, que leían en el parque mi hermana mayor y sus amigas.
El primer capítulo acaba tras la primera noche en que se acuesta la joven pareja. Como promete muchos más cotilleos como éste, y con la aparición estelar, además, ya no sólo de Godard, sino también de Truffaut, Rivette o muchos más de ese entorno, prometo devorar la novelita con fruición, equilibrando su liviana prosa con alguna que otra página de Montagne.

 

viernes, 22 de agosto de 2014

Los ensayos (Montaigne)


Ahora que estoy leyendo un libro de El Acantilado de nada menos que unas 1700 páginas, se me venía a la cabeza una imagen recurrente: Jaume Vallcorba haciendo reuniones para sopesar y decidir cómo debería ser el papel del tomo, probando si podría abrirse sin dificultad y mantenerse abierto sin peligro mediante la encuadernación definida cuando el lector fuese avanzando y alcanzase un cuarto de su volumen (ya voy llegando…), un tercio, su mitad…
Creo que esa imagen me volverá, aún más recurrente, a partir de ahora. Cada vez que abra el libro.

 

sábado, 2 de agosto de 2014

The british milkman (Tom Phelps)


Llibres - 130
Pese a que la cubierta de éste pueda provocar las más siniestras pesadillas, los británicos son muy aficionados a estos libros, que causan sensación en las tiendas del National Trust y similares.
Vencida la sensación de la cubierta, el libro está curioso en verdad. Reseña la historia del oficio del lechero (bueno: cuando llamaba a la puerta de casa y yo iba corriendo hacia dentro a avisar que había llegado “el lechero” mi madre me recriminaba por así gritarlo. En una ocasión le pregunté cómo, entonces, había de llamarlo, y me queda claro desde entonces: el Sr. Roca) y sus medios para la distribución de la leche por un pequeño radio: fuerza animal, motor de combustión, coche eléctrico…
Como por aquí todo esto acabó poco después de la desaparición de las vacas en zonas urbanas, sumado a la esterilización industrial, nos suena raro que por ahí sigan existiendo compañías locales de distribución diaria hasta nuestros días. Colgaré alguna de sus fotos, muy atractivas, por aquí.
Tom Phelps – “The british milkman”
(Shire Publications Ltd, Oxford, 2010)

 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...