El año en que Martí Rom y yo estuvimos dándole la lata al arquitecto y poeta Joan Margarit éste acababa de recibir un regalo del que se sentía muy orgulloso, y hacia el que se me iba constantemente la mirada. Cuando él debía ausentarse un momento, yo lo cogía para hojearlo y ojear sus fotografías. Se trataba del libro “Tumbas de poetas y pensadores” (Siruela, 2007), con fotografías de Simone Sassen comentadas por Cees Nootebom. Se lo habían regalado gente sabedora de su afición a visitar, en sus viajes, los cementerios y especialmente las tumbas de escritores.
Ahora leo en la introducción del primer libro de la Editorial Sidillà, “Tombes i Lletres” (editado en 2011 por Judit Pujadó y Xavier Cortadellas, con fotografías de la primera y Eduard Punset), que me merqué el día de Sant Jordi, que fue precisamente ese libro el que les condujo a hacer algo parecido sobre escritores de lengua catalana y, siguiendo esa senda, a lanzar todo su trabajo editorial.
Son una cuarentena (41 en total, he contado) los escritores homenajeados (porque de un homenaje se trata) con el trabajo de investigación sobre dónde están enterrados-que no debe ser fácil del todo-, una fotografía suya y de su tumba, otra genérica del cementerio en el que reposan (¿por qué se dirá siempre que los muertos están, precisamente, “reposando” en el cementerio?) y –en una idea inteligente, de ligar la historia de la literatura catalana con la actual y futura- un artículo escrito por otro escritor actual en lengua catalana que habla del escritor y del sitio a donde ha ido al finalizar sus días. Una obra panorámica de interés doble (por los grandes escritores catalanes, por las posibilidades literarias actuales de por aquí), o triple (para los interesados por lo que explican los cementerios).
La foto de la sencilla lápida de Gabriel Ferrater (parece que con algún poema suyo depositado por alguien que lo ha plastificado, para que no lo destroce la lluvia) en el Cementerio de Sant Cugat es de Judit Pujadó.







