sábado, 27 de julio de 2019

Barcelona y Madrid (J. M. Martí Font)


No me ha aportado tanta información como hizo su anterior “La España de las ciudades“, quizás porque en este “Barcelona y Madrid” Martí Font trata de dos que me son muy próximas y sus cuitas se airean constantemente por todos lados.
El subtítulo lo dice todo y es fácil deducir a cuál de las dos ciudades corresponde el auge y a cuál la decadencia. De hecho, el libro corrobora la tesis de dos artículos de Pasqual Maragall que son citados por su principio. Separados entre sí dos años, llevaban por título “Madrid se va” y “Madrid se ha ido”. Fueron escritos hace tiempo y ahora ya Madrid no sólo se fue, sino que, por todas las razones que apunta, está bien lejos. Entrando en materia, va desgranando los diferentes sectores (transportes, financiero, cultural) y los cambios y posturas políticas que han ido llevando a la situación actual desde épocas en las que la comparación era posible. En algún momento uno ve que J. M. Martí Font quiere hablar de algún entorno en que no todo está perdido y en el que Barcelona parece aún tener arrestos para plantar cara y salir airosa. Pero inmediatamente alguna idiotez de quienes nos gobiernan, por ejemplo, le pone de nuevo intranquilo y parece llevarse sus esperanzas.
Impresiona bastante el panorama viendo todo el proceso desequilibrador de forma estructurada y constante. Resulta apabullante. Y, como he apuntado, varias de las cuestiones explicadas no las conocía o al menos no tenia tan claras como después de leer el libro. He subrayado algunas, que ahora transcribo:
De Madrid:
-Su posición como ciudad puente con Latinoamérica, y no solo por Barajas. La enorme concentración financiera en ella de capitales e inversiones de ese continente.
-Que tuviera ya 12.000 habitantes en el siglo XI.
-La Operación Chamartin, convertida actualmente en Proyecto Distrito Castellana Norte.
-La existencia del Centro de Arte Dos de Mayo en Móstoles.
-La Colección de Arte Contemporáneo de las Américas en el edificio Tabacalera.
Y sobre Barcelona:
-que “las empresas concesionarias cobran cada año más de 200 millones de euros en concepto de explotación de estaciones (de metro) que aún no han entrado en funcionamiento”.
-ese peligro “de convertirse en Marsella, que fue la segunda ciudad de Francia, con un gran puerto, con comercio e industria, pero que hoy en día es una ciudad colapsada sin un proyecto claro, una ciudad empobrecida”.
Eso último sobre mi ciudad lo he juntado con la impresión que me dejó en su día una pequeña estancia en la ciudad francesa y me ha dejado con un fuerte desasosiego.

 

jueves, 25 de julio de 2019

François Truffaut. Chroniques d'Arts et Spectacles 1954-1958


Visto cómo están las cosas y como preveo que pueden llegar a ponerse, lo mejor es ir preparando una retirada a los cuarteles de invierno. He cogido "François Truffaut. Chroniques d'Arts et Spectacles 1954-1958" y he empezado su lectura.
Aunque el libro tiene el objetivo de recopilar las famosas críticas de cine que Truffaut hizo para la revista "Arts", éstas vienen precedidas de un amplio prólogo del recopilador, Bernard Bastide, quien en su inicio recoge las respuestas que el cineasta se hace en su diario íntimo juvenil a las preguntas de "¿cómo estudiar un film?" y "¿cómo escribir?" Las transcribo, por parecerme de interés:
1/ Encontrar el 'centro de gravedad' del film, el eje alrededor del cual gravita el pensamiento de su autor: una palabra, un sentimiento, una metáfora.
2/ Todo lo demás parecerá a continuación tener un nuevo significado, organizándose alrededor de esa palabra escogida en función del 'sentimiento' que evoca.
3/ No explicar la película, sino revivirla.
4/ Reemplazar la descripción exterior por la comunión interior".

 

sábado, 20 de julio de 2019

La España de las ciudades


Para escribir su “La España de las ciudades” (ED Libros, 2017) J. M. Martí Font consultó a geógrafos y otros estudiosos de la ciudad, que aparecen al final en la lista de agradecimientos. Reconozco, por ejemplo en la cita de Indovina o en la mención de la visión nocturna de la superficie terrestre desde un satélite, la huella de Oriol Nel.lo. Pero si me abalancé sobre este libro fue para descubrir aspectos sobre la reciente historia y la situación actual en las grandes ciudades españolas que podía desvelar tras su investigación periodística, y no me ha decepcionado en absoluto.
La hipótesis que viene a demostrar el libro es muy clara y viene indicada ya en su subtítulo: “El Estado frente a la Sociedad Urbana”. Tras hacer ver que las miradas progresistas se encuentran casi siempre en las grandes ciudades, frente al en general carácter conservador de las restantes zonas y de los poderes superiores, escogiendo una serie limitada de ciudades (si bien las menciones a otras, incluso del extranjero, son constantes), va dibujando sus trazos característicos y problemas urbanísticos, sociales, económicos y políticos principales, así como las líneas de actuación que los regidores municipales (muchos de ellos de las recién llegadas entonces fuerzas de “los Comunes”) están propugnando. Siempre nos hace ver que estas líneas se topan con un freno de difícil soslayo: el poder supramunicipal, que no quiere ceder protagonismo.
Al margen de cosas de interés general (como el papel del singular Ahok en el gobierno del gran Yakarta, que es mencionado acabando en un suspense que he tenido que resolver acudiendo a internet) en el texto Martí Font habla sobre todo de seis ciudades... con su anillo de influencia y la falta de instrumentos de gobierno para gestionarlo coherentemente: Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Zaragoza y Vigo, dedicando un capítulo a cada una de ellas.
En un capítulo previo habla también, no obstante, de Lisboa (aportando esa bella idea que pudo haberse materializado de ser la capital del imperio español, puerto abierto al Atlántico, antes de ser sustituida por Madrid), Sevilla (con los problemas derivados de unos planes, como el de la Expo, que no tuvieron como objetivo el futuro de la ciudad), Bilbao (y el cambio brutal visualizado en el Guggenheim, pero mucho más extenso) o Las Palmas (y sus interesantes, muy curiosas, fuentes de ingresos)
Ya en los capítulos particularizados por ciudad, que siguen un esquema similar, me he enterado con gran regocijo e interés de las particularidades de unos asuntos que no suelen salir en la prensa o, mejor, en la prensa que no sea de la ciudad de que se trate, ya que son asuntos verdaderamente locales, y los habitantes de cada una parecen sólo querer saber de sí mismas. Aparentes anécdotas como que “El Faro de Vigo tiene una edición en Pontevedra en la que critica a Vigo”, que “cuando Ikea abrió su tienda para la región en la ciudad portuguesa de Braga, todo Galicia estaba en Braga el día de la inauguración” (aunque supe que algo así, pero invertido, aún sin las comunicaciones actuales, pasó cuando en Vigo se abrió un El Corte Inglés...), que la urbanización malagueña de La Zagaleta era uno de esos espacios que Isaki Lacuesta podía haber filmado en su documental sobre los que no salen en Google Earth, la idea -compartida- de que Madrid en tiempos “nos parecía arcaica y un tanto hirsuta a quienes llegábamos de Barcelona y otros lugares más sensuales de la periferia”, el expeditivo método del equipo de la alcaldesa Ana Botella para bajar el registro público de los índices de contaminación de la capital (cerrando las estaciones de Recoletos o plaza de Castillo y sustituyéndolas por otras en El Pardo o El Retiro), etc.
O también informaciones fundamentales, que no conocía y me han decidido a colocar el libro en la estantería de viajes, para ser consultado en detalle antes de visitar una u otra ciudad, como el origen catalán de la industria derivada de la pesca de Vigo, que el Auditorio Mar de Vigo fue una de esas faraónicas construcciones de la época de vacas gordas (pero proyectado nada menos que por César Portela), la actualización del desaguisado dejado por la Expo zaragozana, el papel de Pikolín en esa ciudad y su evolución mundial, la preponderancia -ademas de los ingleses- de los escandinavos en la costa malagueña, los pequeños pero importantes resquicios abiertos en la gestión económica y de oposición a los planes del gran capital de sus ciudades por los Comunes o la inquietud que producía que Ahora Madrid “no tenía deuda con los bancos, ni se enfrentaba a vencimientos de millones como los partidos políticos tradicionales, algo a lo que no estaban acostumbrados los banqueros y que otorgaba una extraordinaria ventaja a Carmena a la hora de negociar” un proyecto (y ahora a volver a las andadas, claro).
En fin: Sólo me ha aparecido una duda que puede hacer tambalear todo el sólido discurso del libro. En cada capítulo dedicado a una de esas ciudades, un apartado habla de sus clubs de fútbol principales, nombrando sus problemas económicos, los chanchullos inmobiliarios en los que han participado, etc. ¿En todos? No, y ahí surge mi duda. No habla del FC Barcelona (ni del Español, ni del Europa), y no será porque no haya participado de lo lindo, y siga haciéndolo, en operaciones especulativas de la ciudad. ¿Será porque el autor es un rematado culé?
(La foto de J. M. Martí Font es de J. P. Chuet-Missié, y la he sacado de ViuValencia)


 

viernes, 12 de julio de 2019

Correspondencia entre Albert Camus y René Char


El éxito (medido al haber ido satisfecho en busca de su lectura cada noche) con las “Cartas a los Jonquières”, de Julio Cortázar, me lleva ahora a probar suerte con la correspondencia entre Albert Camus y René Char (Editorial Alfabeto, 2019). Como inconveniente, haber leído poca cosa de ambos, mientras sí conocía y admiraba bastante de lo que Cortázar había escrito.
Inicio el libro con esa duda, pues, pero una carta inicial me da buenas esperanzas. Se trata de la petición que hace Albert Camus a René Char, pidiéndole que le ayude a encontrar una casa en venta en su región (René Char era y vivía en L’Isle-sur-la-Sorgue, en el Vaucluse):
- No le costará imaginar qué tipo de casa busco: una propiedad sencilla, pero también amplia (tengo dos criaturas y me gustaría de vez en cuando recibir visitas de mi madre), lo más apartada posible, mejor si está amueblada, con muebles que sean sobre todo cómodos, y con un paisaje alrededor que no se canse uno de mirar.
La respuesta de René Char no se hizo esperar, si bien la casa a donde acabó yendo Camus era en otro sitio que el primero pensado por Char:
- A nueve quilómetros de aquí hay un pueblo llamado Cabrières, que es el único que ‘está verdaderamente en su lugar’, en invierno como en verano está bañado por una luz extraordinaria. Además, es de fácil acceso. Queda enfrente de la gran cordillera de Luberon, en su tramo más largo.

No puedo dejar de comentar la imagen de la cubierta del libro: Quizás debía ser la única fotografía de la que disponían de los dos juntos, pero la verdad es que, mientras que René Char ofrece una pinta de militar británico en las colonias bastante resultón (aunque, como Camus, se mostrara tan enemigo del colonialismo), el pantaloncito que luce Albert Camus me parece de lo más impresentable. Le deja unas pierninas que hace dudar de la veracidad de sus exitosas conquistas sentimentales, y eso que el corte efectuado a la foto en el libro deja fuera caritativamente sus zapatos y calcetines, también bastante inenarrables. 

jueves, 11 de julio de 2019

Tintin

Éste fue mi primer álbum Tintin.

El primer álbum de Tintin que tuve en mi vida fue “Aterrizaje en la luna”, que me dieron en una entrega de premios de final de curso a alumnos de toda la escuela tras haber hecho yo el primer grado (6 años). Pese a ser ese un libro muy especial, centrado en un único tema y escenario, lo devoré. Mis padres me preguntaron poco después si tenía algún regalo que me hiciera ilusión y les dije que me gustaría tener el libro del que “Aterrizaje en la luna” era continuación, “Objetivo la luna”, especificándoles muy claramente que en la librería debían decir que era un libro de Tintin, al que debían llamar Ten-ten, porque era francés.
En fiestas señaladas, ya no sólo para mí, sino también para mis hermanas, que también se hicieron fieles seguidoras de “Las aventuras de Tintin” de la Editorial Juventud, recuerdo la emoción de ir hasta el kiosco de la plaza Lesseps, donde nos esperaba el último tomo aparecido de la colección. (El problema vendría después, con la discusión para ver quien lo iba a leer primero).
Una colección, todo hay que decirlo, que fue apareciendo sin orden ni concierto, y sin que en la editorial tuvieran la decencia de informar cuál habría sido su orden lógico de lectura. Las sorpresas que te llevabas eran inauditas: ¿pues no vimos aparecer como si no lo conociéramos previamente, ni nosotros ni Tintin, al capitán Haddock en “El cangrejo de las pinzas de oro”, sobradamente conocido y preferido ya por todos. Y así. Disponiendo ya de una cierta madurez lectora recuerdo que un juego al que nos retábamos era el de colocar los álbumes por su orden lógico...
Ya universitario, al coincidir con gente que, como yo, había quedado atrapado en su infancia con las múltiples vías que abrían los tintines, recuerdo haberme visto entablando conversaciones en las que, recordando los libros y dibujos, discutíamos sobre países y paisajes bien lejanos, historias fantásticas que estaban siempre ancladas en la realidad o escenas jocosas de sus personajes más bien caracterizados. De hecho, el que menos nos gustaba era el propio Tintin. Como culminación de esto, recuerdo haber participado en el que autodenominamos I Congreso de Tintinologia de Barcelona, a la sazón en casa de un amigo, pero que a partir de sus discusiones, en las que participó gente como Cifré o Juan Bofill, yo diría que salió la idea de la pionera exposición -antes del merchandaising que invadió todo este mundo- de la Fundación Miró.
Bueno: si a alguien se le quedó como a mi incrustado el mundo de Tintin, yo diría que este “Hergé à l’ombre de Tintin (Hugues Nancy, 2017, coproducido y distribuido por Arte, visto en TV5Monde. En el primer comentario pongo el enlace actualmente disponible en internet, pero en versión original a palo seco) va a interesarle mucho.
He descubierto en él cosas que no sabía o que, sí las había leído, se me habían pasado por alto u olvidado. Una primera surge con el origen del nombre artístico del dibujante (Georges Remy firmaba con sus iniciales GR, que luego invirtió -RG-, para, a fuerza de leerlas -en francés-, llegar al nombre de Hergé. Pero hay bastantes más , al igual que repasa de forma muy interesante toda la biografía de Hergé ligándola a su reflejo en sus historietas.
Así, sabemos de esa primera etapa del que había sido boy scout bajo la tutela del abad Wallez; el momento preciso en el que el viento transforma el peinado de Tintin, hasta entonces hacia atrás, dando por resultado su característico mechón de pelo; de su matrimonio con la secretaría del abad y poco tiempo después su independencia del Abad; del contacto con Tchang y el inicio de la precisión de detalles en los álbumes con “El loto azul” (Como dice una estudiosa suya en el documental, “Tintin deja de correr, camina, respira, de manera más humana”).
También cómo toma forma la “línea clara”, cómo explica el mismo Hergé como se produce la colocación de sus historias en “un universo real, en el que una montaña sea una montaña,...”, de donde surge el nombre de Müsstler, el dictador de Syldavia (con lo evidente que lo veo ahora) o todo el tema de sus supuestas posiciones ideológicas y colaboraciones durante la ocupación de Bélgica y demás acusaciones y el efecto que tuvieron en él.
Sigo un poco: la aparición del color, la forma de transformar las viñetas para el diario “Le soir” en las tiras de los álbumes con todas las disquisiciones sobre la composición de éstos que eso comporta, el nacimiento del personaje de Tormasol a partir de la figura de un científico belga (Auguste Piccard) del que vemos un reportaje, la creación de la revista Tintin, del estudio con colaboradores como Edgar P. Jacobs, Jacques Martin (especialista en modelismo: aviones, coches, barcos) o Bob de Moor que le permitieron centrarse él más en la propia historia y sus personajes.
Pero si algo me ha interesado aún más, porque nunca había pensado en ello, es todo lo que hablan una serie de conocedores de Hergé sobre las relaciones de la obra con sus estados de ánimo y diferentes sucesos de su vida íntima. Un ejemplo: la inquietud que transfiere “Las 7 bolas de Cristal” sobre el mundo de la locura, en un momento en que se hacía patente la enfermedad mental de su madre.

La exposición a Tintin de la Fundación Miró, en 1984.

El profesor Auguste Piccard, modelo inspirador del profesor Tornasol.

Hergé, esclavizado por su personaje.
 

miércoles, 10 de julio de 2019

Madrid-Barcelona según Martí Font


Aunque teóricamente con eso del par de chaparrones dispersos había refrescado, ayer se sudaba un poco dentro del Espai Contrabandos. No por la alta potencia de la discusión dialéctica, que no fue tal. Simplemente por el ambiente bochornoso de la tarde, pero quizás también por una sensación de impotencia para poder revertir la situación actual en nuestras ciudades. Ahora vamos a ello.
La convocatoria era para la presentación del último libro de J. M. Martí Font, “Barcelona - Madrid. Decadencia y auge” (Economía Digital, 2019). Pero, ya puestos, dado que su anterior “La España de las ciudades” (2017) era de la misma editorial y parecido tema y que su editor Félix Riera era quien convocaba, presentaba e interrogaba al autor, también este último libro estuvo presente en el acto.
Ha estado honesto Martí Font diciendo que en sus libros ha pronosticado una determinada evolución en el gobierno de las ciudades, mientras que luego se ha dado la contraria. Así, tras un primer libro en el que quería explicar la batalla entre unas ciudades ideológicas frente a las habituales ciudades de gestión, que había llevado a la alcaldía de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia,... a nuevas fuerzas, resulta que todo el mundo reconocía la magnífica gestión de la alcaldía de Carmena. Y cuando en el segundo, que se centraba en la comparación entre Barcelona y Madrid, preveía serias dificultades en la siguiente contienda electoral para el equipo de Ada Colau, mientras por el contrario veía claro que el equipo de Carmena se haría de nuevo con la capital, aunque el recuento de votos respectivos ha corroborado recientemente esa intuición, las alianzas electorales posteriores han llevado a lo contrario...
Félix Riera, pensando en una serie de grandes instituciones -sobre todo del mundo del arte- barcelonesas, a su juicio por primera vez en bastante tiempo al mando de personas de indudable talento, se ha lamentado de que el choque con el entramado de instituciones que las mantienen económicamente hace casi imposible la gestión, el cambio. Marti Font, por su parte, ha admitido la parálisis de que hablaba Riera, pero también ha acusado a Barcelona casi desde Maragall, pensando en temas más generales, de una cierta falta de liderazgo. Se ha colocado en 1987 , momento de la desaparición forzada de la gestión de la entonces Corporación Metropolitana, para encontrar ahí el origen de unos cuantos de los males que asaltan a la ciudad. La supresión de la Corporación Metropolitana -ha continuado- supuso la creación de una serie de reinos de taifas en los municipios vecinos a Barcelona, que no quieren saber nada de la gran ciudad, estableciendo de forma independiente gestiones que en buena ley debieran ser coordinadas.
Solo se ha hablado, de hecho, de la comparación Madrid-Barcelona en unos pocos momentos, y uno de ellos ha sido para hacerlo con las redes de metro respectivas. Una anécdota al menos para mí muy jugosa que ha explicado ofrece una poderosa imagen a la paralización barcelonesa al respecto: Las cuatro enormes tuneladoras que se colocaron hace ya muchos años para construir las líneas de metro que hacían falta para hacer operativa la red global siguen esperando trabajo ahí paradas, enterradas en el subsuelo...
Luego el coloquio -y aquí vuelvo a lo dicho en el principio- se ha centrado en un coral lamento por la pérdida de pulso y personalidad que la ciudad ha sufrido de forma acelerada en los últimos tiempos.
Como me interesan mucho estos temas, intrigado por averiguar qué cosas le desvelaron sus investigaciones periodísticas, cuando haya leído los dos libros (aunque la pila de pendientes es larga), más.



 

sábado, 6 de julio de 2019

Memorias de Horacio Capel


Aunque siempre he visto este cuadro de Brueghel protagonizado por gente más talludita que niños (siendo eso precisamente lo que le da para mí lo más especial de sus significados), como ya puse el otro día la portada del libro, me puede ir bien para ilustrar la entrada.
He empezado a leer “Horacio Capel. Azares y decisiones” (Doce calles, 2019), las memorias del veterano geógrafo. Me han llegado varias voces que ponen en cuestión su última parte, la más centrada en su actividad profesional, pero que valoran todo su inicio. No sé lo primero, pero coincido en lo segundo. Sus recuerdos de su infancia en Lorca y Albanchez son una auténtica delicia.
En la introducción ha explicado que siempre anima a la gente a escribir sus memorias, porque por acumulación de las de unos y las de otros los lectores pueden llegar a conformar un sólido retrato de una época. Para darles su interés sociológico, se fija en aspectos que denotan su tesis: que en los años 50 se vivía por aquí, en muchos aspectos, actividades que se habían mantenido inalterables desde siglos atrás.
Después de haber hecho mención de una serie de aspectos que dibujan el ambiente de postguerra que aún le tocó vivir (los sabañones, el brasero, la mesa camilla, las perras gordas y chicas, los pobres de solemnidad, los fielatos, el racionamiento, las Santas Misiones en las ciudades, el día del estudiante caído,…) en el párrafo que transcribo se fija en el capítulo de los juegos infantiles:
“El Serenísimo Reino de Murcia estaba, efectivamente, casi siempre sereno, sin nubes, lo que permitía estar mucho en la calle, al aire libre. Era habitual jugar en la calle y en las plazas, en mi caso en la plaza de Colón. Recuerdo los juegos a pillar, a guardias y ladrones, a las canicas, a saltar sobre la espalda de otro niño agachado (pídola o ‘salto del cordero’); o sobre las espaldas de otros niños en fila, el primero apoyado en la pared y los restantes con la cabeza entre las piernas del anterior, saltando los otros sobre las espaldas de ellos al grito de ‘chinche monete, rompe cabezas y encima me tienes’, hasta que no podían resistir el peso de los que saltaban encima. También había algunas luchas a pedradas, de las que conservo una pequeña cicatriz en la frente. Muchos de los juegos que aparecen en el cuadro de Brueghel el Viejo titulado ‘Juego de niños’, de 1560, los he practicado yo mismo o los he visto vivos en mi infancia.”

 

miércoles, 3 de julio de 2019

Cartas a los Jonquières


Ayer acabé de leer las “Cartas a los Jonquières” (Julio Cortázar, Alfaguara, 2010), un libro que ha resucitado en mí la pasión con la que había leído, hace ya mucho tiempo, tanta cosa de Cortázar, dejándome ese poso que dejan las buenas experiencias lectoras.
Como se explica en el excelente prólogo (quien haya sentido alguna vez algo con la lectura de Cortázar y dé con él no podrá dejar de leer el libro, que desde luego no le decepcionará), los Jonquières se instalaron en 1959 en Paris y la vecindad acabó con el exhaustivo régimen de correspondencia que Julio Cortázar había mantenido con su amigo Eduardo Jonquières desde su venida a Europa a principios de la década. Las cartas son a partir de entonces más esporádicas y pierden buena parte de su intensidad, lo que al apreciarlo durante la lectura me ha ocasionado, no quiero ocultarlo, una cierta desilusión.
No obstante, esa sensación ha durado poco tiempo, justo para adaptarme a otro tipo de relación por carta y, amante como soy de las elipsis cinematográficas, encontrar en ellas un nuevo y poderoso aliciente. En esa etapa, que se extiende hasta un año antes de su muerte en 1984, cada carta te supone una reconstrucción mental por la que debes hacerte la idea de que por el medio han ocurrido cosas esenciales en su vida como, por ejemplo, su separación de Aurora o pasar a vivir con sus últimas mujeres.
En este sentido, la preocupación política de Cortázar, que centró tanto su actividad en sus últimos años, está mucho menos presente que otras cuestiones. En parte también porque ya sabía que Jonquières no le acompañaba demasiado en ese sentimiento, como deja claro en una carta anterior.
Me he ido haciendo durante la lectura un índice alternativo, anotando en cada uno de sus apartados (guía de Paris, pintura, sobre la propia obra, nacimiento de los cronopios, sus casas, otros sitios,...) las páginas donde encontrar las frases que más me han interesado.
Utilizándolo ahora, podría haber seleccionado alguna de sus “reflexiones” más profundas, pero opto por anotar aquí una de sus “expresiones divertidas”, que tanto caracterizaban al escritor. Y lo hago precisamente sacando la cita de su última carta, escrita en Managua en 1983, un año antes de su muerte. Me gusta mucho su carácter autoparódico:
“Aparte de eso anduve en expediciones fronterizas que me dejaron débil y destrozado por mosquitos y otros insectos de clara vocación contrarrevolucionaria”.
En las fotos, un par de las encontradas por internet al preguntar por “Nicaragua, Cortázar”, correspondientes a alguno de sus viajes a la zona.




 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...