martes, 31 de agosto de 2021

Miseria y grandeza del Partido Comunista de España (Gregorio Morán)


Voy entendiendo el título (“Miseria, grandeza y…”) que dio Gregorio Morán a su libro sobre la historia del PCE. Una primera historia suya que me ha golpeado de lo lindo es la de Matilde Landa, que desconocía. Intervienen en ella principalmente esta mujer de la que se van descubriendo aún ahora sus actividades (que podrían llevarla a una suerte de santidad atea) y el obispo de Mallorca en la inmediata postguerra, José Miralles Sbert, de los que cuelgo sendas fotografías.
Matilde Landa, señala Morán, fue nombrada en la última reunión ejecutiva directiva efectuada, pocos días antes del golpe de Casado, “encargada del partido en el interior ante la eventualidad de que Madrid cayera en manos del enemigo”.
Fue detenida y condenada a muerte, yendo a parar a una prisión madrileña donde, mujer de cultura en un mundo de analfabetas, organizó la defensa de los derechos de todas las presas, consiguiendo ciertas mejoras y, como mínimo, el consuelo de tener una causa entre las que, como ella, estaban en espera de ejecución de la pena capital. Una pena que le fue conmutada finalmente por la intervención de un sacerdote y filósofo, siendo conducida entonces a un penal de Mallorca “en donde se suicidará el 26 de septiembre de 1942, después de años de terrible sufrimiento personal, con su hija en la URSS, y ella sometida a un chantaje atroz: de su conversión al catolicismo dependía la cantidad de alimentos de los niños de las madres presas. Cuando no pudo soportar más la superchería y el obispo don José Miralles Sbert le exigía la cristianización, se lanzó desde una galería (según he leído por algún lado, el día en el que el Obispo iba a presidir la ceremonia de su bautismo). Fue bautizada en artículo mortis y enterrada en sagrado”.
Del obispo he sacado información en la Wikipedia en catalán (la en castellano parece extractada de ella), en una entrada que no deja de resultar sorprendente. Primero comenta que, estallada la guerra, siendo obispo de Mallorca, “tuvo que hacer esfuerzos para mantener su posición. Se abstuvo tanto como pudo de loar al Movimiento, pero también tuvo que contemporizar con el régimen”. Y aquí, pese a lo dicho señala, nada menos, lo que también dice en su libro Morán, que hasta alguien a quien no puede acusarse de anticatólico y antirégimen, como Georges Bernanos, quedó impresionado por cómo había ayudado a la represión y el terror. Pero añade esa singular entrada de la Wikipedia, como si eso le exonerase de sus desmanes, que “a pesar de todo, consiguió mantener el uso del catalán en la catequesis y la prédica en unos tiempos absolutamente contrarios a la tolerancia lingüística”.
Así se escribe… la Wikipedia.


 

miércoles, 25 de agosto de 2021

Días nómades (Edgardo Cozarinsky)


En un momento de su tan especial “Días nómades” (Pre-textos, 2021), Edgardo Cozarinsky explica que, estando en Beirut en 2008 para presentar en una Universidad su película “Ronda nocturna”, tras la proyección de la misma asistió a un coloquio. En él, precisa, “un estudiante quiere lucir sus conocimientos: no interviene para preguntar algo, sino para asociar el film con la literatura fantástica y mencionar a Bioy Casares y a Borges, referencias tan desatinadas que solo pueden atribuirse a la vanidad de quien habla”.
Lo que Corarinsky no explica, pero que yo sé que debe ser la razón por la que lo dice, es que el estudiante en cuestión quiere hacerse valer de haber visto su temprano libro sobre Borges y el cine, producto de su gusto y frecuentación por ambos, del que está ya harto le sigan nombrando como si no hubiera hecho nada más en toda su vida.
Yo también supe del nombre de Cozarinsky en ese libro, que compré cuando compraba todos los de cine que aparecían y eran más o menos asequibles. Como el suyo es un apellido tan sonoro, cosa rara en mi, una campanita me sonaba cuando lo veía firmando artículos del Cahiers du Cinéma, como guionista de determinados films o asociado a ciertos documentales. Pero hasta ahora no había leído ninguno de sus escritos literarios, de la misma forma que habré visto alguna de sus películas de ficción, pero no me ha dejado ningún recuerdo.
Este “Días nómades” es, como digo, una especie de libro de viajes bien especial, en el que el cuidado literario es crucial para trasmitir los ambientes de ciudades practicadas por él a lo largo de su vida.
Estructurado por capítulos independientes, presenta un primero dedicado al París que va de 1966 a 1995 y llega al dedicado a su visita a Matera en 2016. Junto a eso, otros capítulos los dedica a la memoria de otros sobre ciudades como Tánger o de la de su familia sobre Odessa, de donde es originariamente antes de su marcha a la Argentina.
Para que se pueda captar lo que se puede llegar a obtener de este libro, que me ha resultado delicioso, transcribo unos pocos párrafos cogidos de aquí y de allá.
-“Cuando lo leí, la noción de enamorarse de un país me pareció literaria. Hoy no encuentro otra palabra para definir mi propio sentimiento después de una semana en Hanoi”. (Saint-Germain des Prés, 1966).
-“Pero hay una tarde, casi siempre una tarde de abril, más bien de finales de abril, en que me detengo en el camino de vuelta a casa porque noto que la luz del día se demora y pienso que por unos meses ha quedado atrás la oscuridad precoz, el frío húmedo y pegajoso que gobierna de noviembre a febrero”. (Pont des Arts, 1995).
-“El mapa desplegado en las manos, la mirada pasando de un lado a otro en la esquina de Friedrichstrasse y Unter den Linden, la ropa anónima pero evidentemente ajena al gusto y la confección del mundo llamado socialista: todo delataba al turista llegado del otro lado del Muro, autorizado a visitar los tesoros históricos de la antigua capital prusiana con la condición de volver ‘al otro lado’ antes de medianoche, de vaciar los bolsillos al entrar y al salir, de cambiar cierta cantidad de divisas al cambio artificial de la autodenominada República Democrática Alemana. (Días de Berlín, 1967).
-“Entre 1939 y 1944, Estonia fue sucesivamente anexada por la URSS, ocupada por el ejército alemán y reconquistada por los rusos. Casi todas las familias tienen muertos en ambos bandos, que creyeron, todos, estar peleando por la patria”. (Días de Tallin, 1996).
-“Y, más cerca aún de la plaza, varios comercios precarios ocupan el predio donde estuvo el cine Armonía, cuya leyenda derivaba en parte de que su programa no se asomaba a la cartelera de los periódicos. Refugio de cinéfilos, en él descubrían copias en retazos de films ya retirados de la circulación, sin que se les ocurriera, como al visitante del Louvre ante la Venus de Milo, lamentar la ausencia de unos brazos que nadie ha visto en más de un milenio. Con los ojos clavados en las imágenes rayadas, mutiladas, por ejemplo de ‘Los verdugos también mueren’, no prestaban atención a las filas del fondo de la sala, donde se celebraban acoplamientos heterodoxos y servicios venales”. (Días de Buenos Aires. Plaza Once, 2005).
-Al entrar al salón me llama la atención una mujer sola ante una mesa, cosa rara en esta parte del planeta. Y no sólo se muestra en público sin compañía masculina: fuma un narguilé . Y no sólo fuma un narguilé, sola ante su mesa de restaurante: tiene el pelo arrebatado, color fuego. Ella advierte mi curiosidad y sonríe.
-¡Edgardo! ¿Qué haces en Beirut?
En ese momento reconozco a Maruja Torres”. (Días de Beirut, 2008).
-“En esta mezcla de estímulos e intuiciones dispares recuerdo palabras de Pasolini: ‘Nápoles, una tribu que rechazó cierta idea de la modernidad, y ese rechazo es sacrosanto’ “. (Días de Nápoles, 2015).
Puede leerse mucho más, tocando, como puede verse, palos tan diferentes como el político o él memorístico, en este pequeño libro, producto de una rigurosa condensación, siempre aludiendo y trasmitiendo sensaciones, pulsando y obteniendo reacciones como las que sólo la buena literatura puede ofrecer.

 

martes, 17 de agosto de 2021

Adolfo Suárez. Historia de una ambición (Gregorio Morán)


Me dijeron que corrían peligro de ir al contenedor para evitar trasiegos en un traslado y para salvarlos me quedé varios libros. Éste fue uno de ellos. Me lo quedé por Gregorio Morán: la figura de Suárez, que ahora parece pasar por un momento de aceptación y aprobación más que general, nunca me interesó lo más mínimo.
Lo he leído, en buena parte, con auténtica fruición, como la que te arrastra en una buena novela de intriga. Es una novela de intriga, eso sí, atípica, porque su conclusión, el nombramiento de Suárez como presidente y las refinadas estratagemas para conseguir ese resultado, aparecen en primer lugar. Tras un largo flashback que narra la ascensión de Adolfo Suárez González desde sus actividades en Ávila, donde empezó a destacar en la agrupación “De jóvenes a jóvenes”, de Acción Católica, se acaba el flashback y nos encontramos ya en tiempo casi real, hasta llegar al momento del libro (editado en octubre de 1979) con Suárez como presidente del gobierno heredado del franquismo y tras las primeras elecciones democráticas.
Esa última parte no, porque me ha dado la impresión de que, muy pendiente de lo del momento, Morán entraba en uno de sus derivas, bucles y repeticiones que, a mi parecer, hundían su muy posterior “El cura y los mandarines”, el otro libro suyo que por el momento he leído, pero la primera parte y, sobre todo, la segunda, esa historia personal del líder, desconocida por todos cuando Suárez fue sorprendentemente escogido por Juan Carlos entre la terna que le presentaron para jefe de gobierno, es la que tiene fuste más que suficiente para sobrevivir y quedar como uno de los acercamientos más hilarantes, y a la vez más demoledores, al franquismo.
Quizás, pasadas las risas -para no llorar- de una sociedad ahogada en un furibundo y pacato catolicismo, el episodio que me resulta de más interés es el del relato de la cruenta batalla entre falangistas y miembros del Opus Dei hasta la muerte de Carrero Blanco. Ahí es donde la mala baba de Morán ilustra sobre encuentros, rabietas, jugadas traperas que te hacen permanecer atento y con la boca entreabierta.
Pero, como decía, lo que pinta Morán con sus dardos es todo un retrato implacable del franquismo, imbuido en toda una sociedad. Unas pocas perlas:
-“(…) intervino ante las pantallas de Televisión, en uno de esos espacios televisivos que daban en llamarse ‘ruedas de prensa’ y que dirigía un ‘duende’ de la información llamado Victoriano Fernández Asís, especialista en preguntar audazmente lo que los altos cargos le habían pedido que preguntase”.
-“Sanchez Bella constituyó durante su etapa ministerial un permanente motivo de reflexión política para grandes áreas del país; cuando hablaba no se sabía muy bien si lo hacía en serio o trataba de emular a los hermanos Marx.”
-“España estaba pendiente de la Televisión, no para emocionarse con el nuevo director general, ni por el flamante ministro, sino para contemplar a María Félix Santamaría Espinosa, conocida como ‘Massiel’, de profesión cantante, que había puesto una pica en Flandes, ejerciendo de españolismo, al ganar en 1968 el Festival de Eurovisión con una canción cargada de contenido y titulada expresivamente ‘La, la, la’.”
-“El almirante (Carrero Blanco) tenía una fobia particular por el humor de los hermanos Marx, que obligaría a suspender, en la segunda película, un ciclo de cuatro, dedicado a aquellos sublimes ‘marxistas’. Carrero consideraba, según manifestó a los que se movían entonces en su círculo, que el llamado humor de los hermanos Marx no hacía reír, y por tanto su prestigio era harto sospechoso. Parece ser que ‘Sopa de ganso’ fue el motivo de la suspensión de la serie. Cabe sospechar que subconscientemente comprendía perfectamente su mensaje; de ahí su prohibición”.


 

Free Time


Éste es el tipo de publicaciones que suelo comprar en visitas a “La Maison de la Presse” de cualquier población francesa que visite.

Con la ventaja de que está comprada ahora, este verano, aquí, en el Free Time. 

martes, 10 de agosto de 2021

Amanecer en el Gianicolo (Arturo San Agustin)

La portada del libro, que va en una muy cuidada edición (al abrirlo, sus páginas huelen muy bien) y es de reducido volumen.


“Mi Roma personal, mi caminada Roma, está hecha de películas, adoquines, canciones populares, alcachofas, callos a la romana, miradas, espaguetis, exhibicionistas textiles, ‘fettucini’, vino y conversaciones amigas en una terraza nocturna”.
Este párrafo que aparece en el primer capítulo y en la contraportada de “Amanecer en el Gianicolo” (Catedral, 2021) refleja bastante bien, creo, el clima, el ambiente, el tipo de historias que cuenta Arturo San Agustín.
Se lee con avidez el libro, o esa es mi experiencia, cuando el lector ha creído descubrir previamente ciertas sensaciones de esas imborrables de alguna de las facetas de la ciudad. Esa avidez implicaría zamparse sus 220 páginas en un santiamén si no fuera porque, cada dos por tres (sobre todo en sus primeras páginas, muy densas de información: luego ya va abriendo capítulos por temas con sus historias y tocan sólo a una o dos pausas por cada uno), te ves quitándote las gafas, dejando a un lado libro y lápiz, alcanzando la tableta y mirando en ella dónde se encuentra el sitio señalado en las páginas que estás leyendo, qué aspecto tiene tal o cual obra, si es asequible el restaurante u hotel nombrado o bien oyendo la canción que le sirve a San Agustín para rememorar algo ligado, siempre ligado, a Roma.
He leído algunos libros sobre Roma. Éste es, de momento, el que mejor sabor de boca me ha dejado. Aparece en una colección que lleva por nombre “La joie de vivre”…

Las carciofi alla giudia del Piperno, recomendadas en su día por Moragas, aunque yo las recuerdo mucho menos tostadas.

Lo que es la falta de información. Recuerdo haber entrado en la iglesia de Santa Cecilia del Trastevere, pero no haberme fijado en esta hermosísima estatua dedicada al martirio de Santa Cecilia, que se nombra en el libro.
 

lunes, 9 de agosto de 2021

Lo esencial (Miguel Milà)


Me lo veo, como buen diseñador, participando en la decisión sobre la portada de su libro y, como además veterano de ya 88 años, pidiendo que tuviera una letra grande, que pudiera leerse sin dificultad.
Este “Lo esencial. El diseño y otras cosas de la vida” (Lumen, 2019) viene a ser una especie de autobiografía de Miguel Milá, pero conviene saber que no está escrito por él, sino por Anatxu Zabalbeascoa a partir de las conversaciones mantenidas con él durante una larga temporada, iniciada en junio del 2017.
¿Qué he encontrado en el libro?
A/ Frases sobre su idea de lo que es o por dónde debería ir el diseño:
-El diseño consiste en cumplir una función manteniendo la emoción estética
-Un banco cómodo tiene que ser más bien alto, porque cuesta menos levantarse de un banco alto que de uno bajo
-Lo fundamental en una lámpara es que alumbre y que no deslumbre
-Como la lámpara, que también debe funcionar apagada, el sofá tiene que quedar recogido cuando no está ocupado, como si fuera rígido.
B/ Frases sobre sus fijaciones e ideas llenas de sentido común, con las que no tardaría uno mucho en estar de acuerdo:
-En cuestiones de vestir, compro poco pero bueno, y siempre durante las rebajas.
-Los edificios iluminados con luz bajo los balcones parecen, en su mayoría, monas de Pascua.
-Fingir es siempre una mala idea: crea más problemas de los que soluciona.
-En un restaurante lo más importante es estar a gusto y poder hablar con la persona con la que vas.
-No soporto tomarme un café cortado en un vaso: te quemas los dedos. ¿Para qué pensarán que existe el asa?
-Toda música no solicitada es ruido.
-Al final, te das cuenta de que no debes imponerte nada que no sientas como propio. Aprendes que, si dejas de ser tú mismo ya has perdido, porque entonces no te queda nada.
-Considero que, con todos los defectos que pueda tener, Ikea ha conseguido meter a la sociedad en la cultura del diseño.
C/ Explicaciones de cosas que no sabía:
-Como contrapartida a la creación del Barça, se creó el Español. No tenía nada que ver con el catalanismo. Se fundó porque los jugadores del Barça eran casi todos ingleses que vivían en Barcelona y quisieron hacer un equipo con gente local, es decir, españoles.
-Para descalcificar el mecanismo de los grifos, ponerlos a remojo en vinagre.
-El interior (de La Pedrera) es acogedor y luminoso, ya que no tiene pared maestra. Eso libera muchos espacios. (Gaudí) pensó que algún día podría tener que convertirse en hotel. La forma ondulada de la fachada era para que rebotara el ruido de los tranvías y de los coches que comenzaban a llegar a las calles.
D/ Una pequeña descripción de su numerosísima familia.

Quizás encuentre algo fuera de lugar, eso sí, tanto esfuerzo por situarse como una persona que ha tenido que conseguirlo todo a base de trabajo, amante de las cosas sencillas y siempre preocupado por y rozando las dificultades económicas. Como suele pasar en gente de su clase, no se da cuenta de que oír eso en boca del hijo de un conde, educado en los Jesuitas, criado él y sus hermanos por una niñera, amante del Polo, las motos y los caballos, con casa con jardín en Esplugues y segunda residencia en Puigcerdà, puede sentar mal a algún lector. Pero en cualquier caso estoy muy satisfecho del buen regalo que, consistente en él, me hicieron. Me ha permitido aclararme un poco en el quién es quién en esta (enorme) y significativa familia y, a la vez, pasar un rato (no demasiado largo, porque se lee en una exhalación) muy agradable. 

martes, 3 de agosto de 2021

Xavier Domingo


Topo en la sección de revistas de una buena librería con el número monográfico de “Leer” dedicado a Xavier Domingo. Veo que son 81 páginas en las que se hace la remembranza del periodista y cocinólogo (como leo ahora gustaba llamarse él mismo) y la compro para leerla. He acabado de hacerlo esta mañana.
Conocí fugazmente a Xavier Domingo (una, quizás dos noches de mucha conversación y bebida) creo que fue por finales de los setenta, no mucho después. Tras hablar con él animadamente de todo, regando la garganta y el interior, lo veo también una de esas dos noches en el Merbeyé, intentando ligar con mi hermana, que en esa ocasión me había acompañado.
Pero después de eso, el personaje -que me debía sonar por sus colaboraciones en las publicaciones del momento- se me pierde de vista. Por eso me gusta la idea de repasar quién fue, qué hizo, cómo se le recuerda.
El número está conducido -algo erráticamente- por el también periodista Oscar Caballero, quien intercala por aquí y por allí escritos de otra gente que lo conoció. Inevitablemente, su relato se dirige mayoritariamente por una parte a una época (la anterior a la muerte de Franco, con Xavier Domingo viviendo en París) y por otra parte a una de las dedicaciones de Domingo, la correspondiente a su faceta de “cocinólogo”, en su etapa de Cambio 16, sobre todo.
Digo inevitablemente porque ciertamente como más se leyó a Domingo fue como escritor de los placeres de la cocina y porque, aunque se llevaran quince años, Caballero estuvo conviviendo con él en París, trabajando ambos en la agencia France Press. Caballero, además -lo dice varias veces-, sabe y a él le gusta, hablar de esos primeros años, mientras que también deja claro que le disgustan sobremanera y apenas habla de los últimos, en Cataluña, del personaje. Xavier Domingo, me entero ahora, murió en Barcelona en 1996. Cuando se vino, desde Madrid, a vivir en Barcelona, parece que fue acercándose a la repartidora de Convergencia, se pegó a Prenafeta y dirigió un suplemento (“Set dies”) del diario El Observador, hasta que éste se hundió. Esa es la temporada que preferiría obviar Caballero. Claro que, por lo que dice otro, acabó sus días despotricando contra Pujol y los suyos…
Seguramente por haberlo vivido él intensa y personalmente, lo que más me gusta de lo que cuenta Oscar Caballero es ese relato de sus actividades por París, cuando ambos trabajaban en la redacción en español de la agencia France-Presse, por donde también pasaron Vargas Llosa, Carlos Semprún o Julio Ramón Ribeyro.
Es ahí donde se comenta, por ejemplo, la manga ancha con la que (no) se repasaban los gastos de representación y servían para sus buenas comilonas y bebidas o, ya hablando de su específico trabajo, cuando supieron que acababa de dar a luz la princesa Margarita de Inglaterra, que:
“Se me humedece la garganta del más alucinante cachondeo cuando me recuerdo a Domingo con sus largas melenas de negro Dumas y sus minúsculas gafitas redondas, que apenas podían con el humo de los toscanos, posar sus enormes dedos en las teclas para relatar la sustancia del acontecimiento, el FLASH o el URGENTE con que avisábamos a los periódicos de que algo gordo sucedía. Y así nació y circuló por todos los periódicos, radios y televisiones del mundo, dos palabras para la historia del periodismo:
LONDRES - MARGARITA PARIÓ.”
Debió ser un tío difícil de soportar. Casi todos los que escriben en la publicación dejan caer que acabaron enfadados. “Un poco balzaquiano, comiéndose la vida”, “con un parecido impresionante con Alejandro Dumas de cuello para arriba”, con habilidad para quedarse el dinero destinado a otros, siempre despotricando de todos, “acabó más (merecidamente) solo que la una”, … Todo esto y más se dice en esta obrita. Demostrar ir de ser imposible por la vida, no obstante, parece que iba asociado de forma íntima con su carácter.
Para acabar, reproduzco este último apunte, que refuerza el trazo pintado sobre él:
“(…) cuando le preguntaban si realmente había visto esa película de la que se disponía a escribir:
-No, claro que no la he visto. La crítica tiene que ser objetiva. Si la ves, impregnas la visión con tus opiniones y prejuicios.

Seguía su risa socarrona”. 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...