He acabado de leer "Juegos Reunidos" (Marcos Ordóñez, Libros del Asteroide, 2016) y ya estoy pidiendo más, porque me ha sabido a poco. Muchas de las piezas que contiene, más o menos alteradas, ya las había leído porque él había pasado o hecho semipúblico un primer borrador (conviene, en este sentido, ser su amigo FB) o se las había oído (su "Solos" del Romea fue un buen banco de pruebas), y eso, aunque ofrece familiaridad con el texto, acrecienta el hambre de novedades.
Tiene, aún así, carne variada donde hincar el diente, la mayor parte inédita. Quizás las piezas que estaría más orgulloso él que se valoraran son los poemas, pues no había entrado en ello antes, que yo sepa. Se leen notando que se está adentrando en un terreno inexplorado, con respeto, intensidad y control para que no se le escape el tono, dando un resultado sorprendente. Aún diciéndome que debería perseverar en ello, porque está claro que es un campo que bordará, a mí, personalmente, lo que más me atrae de todo el libro son esos momentos en que te traslada, incluso haciéndote recordar espacios y tiempos que habías vivido pero olvidado, a la Barcelona, el cine, la televisión o las novelas de los años 70/80. La lista es larga y en ocasiones de lo más fructífera: pinta como si fuera del natural locales muy frecuentados donde servían comida de diferente tipo a precio reventado, los cines donde se produjeron múltiples revelaciones especificando alguno de sus detalles reveladores, las librerías donde recalar y obtener tanta joya, los locales de copas que han sido... Hay cosas que habrá que anotar por algún lado que están ahí, para volver a ellas, como la rememoración de una actriz tan atractiva como Mercedes de la Aldea, de la que muchos sabemos únicamente por Marcos Ordóñez, y nos llega a extrañar cuando por hache o por be nos llega que se trató de un inusual personaje, pero bien real.
En el libro se combinan registros muy diferentes, destacando el autobiográfico, pero es frecuente también alguna pequeña alteración voluntaria de lo que se sabe muy real.
Por el final hace entrar en las razones de querencia a Truffaut, pero sobre todo a partir de los fallos estrepitosos de su carrera, fallos inconcebibles en quien con tanta sensibilidad había tocado esas cuerdas y, partiendo del gozo de la lectura de "El gran momento de Mary Tribune" (fui uno de los prosélitos que consiguió tras su lectura, para después, a mi vez, convertirme en prescriptor del novelón entre mis conocidos), hace un retrato muy veraz, además de sentido, de Juan García Hortelano y de la Barcelona de "El Vigía", el periódico con "las incidencias y novedades del transporte marítimo en el puerto de la Ciudad Condal".
Hay que ir buscando un buen título para el próximo.
(La foto de M. Ordóñez firmando una dedicatoria no sé quién la hizo. La he sacado de La-ratonera.net)




