domingo, 28 de febrero de 2016

Juegos Reunidos (Marcos Ordóñez)


He acabado de leer "Juegos Reunidos" (Marcos Ordóñez, Libros del Asteroide, 2016) y ya estoy pidiendo más, porque me ha sabido a poco. Muchas de las piezas que contiene, más o menos alteradas, ya las había leído porque él había pasado o hecho semipúblico un primer borrador (conviene, en este sentido, ser su amigo FB) o se las había oído (su "Solos" del Romea fue un buen banco de pruebas), y eso, aunque ofrece familiaridad con el texto, acrecienta el hambre de novedades.
Tiene, aún así, carne variada donde hincar el diente, la mayor parte inédita. Quizás las piezas que estaría más orgulloso él que se valoraran son los poemas, pues no había entrado en ello antes, que yo sepa. Se leen notando que se está adentrando en un terreno inexplorado, con respeto, intensidad y control para que no se le escape el tono, dando un resultado sorprendente. Aún diciéndome que debería perseverar en ello, porque está claro que es un campo que bordará, a mí, personalmente, lo que más me atrae de todo el libro son esos momentos en que te traslada, incluso haciéndote recordar espacios y tiempos que habías vivido pero olvidado, a la Barcelona, el cine, la televisión o las novelas de los años 70/80. La lista es larga y en ocasiones de lo más fructífera: pinta como si fuera del natural locales muy frecuentados donde servían comida de diferente tipo a precio reventado, los cines donde se produjeron múltiples revelaciones especificando alguno de sus detalles reveladores, las librerías donde recalar y obtener tanta joya, los locales de copas que han sido... Hay cosas que habrá que anotar por algún lado que están ahí, para volver a ellas, como la rememoración de una actriz tan atractiva como Mercedes de la Aldea, de la que muchos sabemos únicamente por Marcos Ordóñez, y nos llega a extrañar cuando por hache o por be nos llega que se trató de un inusual personaje, pero bien real.
En el libro se combinan registros muy diferentes, destacando el autobiográfico, pero es frecuente también alguna pequeña alteración voluntaria de lo que se sabe muy real.
Por el final hace entrar en las razones de querencia a Truffaut, pero sobre todo a partir de los fallos estrepitosos de su carrera, fallos inconcebibles en quien con tanta sensibilidad había tocado esas cuerdas y, partiendo del gozo de la lectura de "El gran momento de Mary Tribune" (fui uno de los prosélitos que consiguió tras su lectura, para después, a mi vez, convertirme en prescriptor del novelón entre mis conocidos), hace un retrato muy veraz, además de sentido, de Juan García Hortelano y de la Barcelona de "El Vigía", el periódico con "las incidencias y novedades del transporte marítimo en el puerto de la Ciudad Condal".
Hay que ir buscando un buen título para el próximo.

(La foto de M. Ordóñez firmando una dedicatoria no sé quién la hizo. La he sacado de La-ratonera.net) 

miércoles, 24 de febrero de 2016

La Charca Literaria


Es una apuesta difícil. Ahora que todo está dominado por la imagen la apuesta de la publicación es por los textos: no hay imágenes en "La charca literaria". Cada día laborable dos textos más van a parar a la charca, que ya tiene un sedimento más que respetable. Un poso formado por textos cortos (no suelen alcanzar una página). Hurgando en él es muy fácil dar con extraordinarios, que se recomiendan solos.
Así las cosas, me siento de lo más satisfecho de que hoy se haya puesto a refrescar en la charca junto a todos esos un tercer texto mío, que entra dentro de una serie a la que, para no tener que explicar nada sobre su contenido, le puse un título muy largo, pero fácilmente -creo- entendible: "Casi lloré de emoción al ver esa escena en el cine".

Por cierto. Como he pensado que si no es así poca gente miraría esta entrada, he buscado en Google Images cómo ilustra la palabra "charca", y he escogido ésta de cartaetnografocagc.com. 

Juegos reunidos (Marcos Ordóñez)


"Juegos reunidos" (Marcos Ordóñez, Libros del Asteroide, 2016) es, entre otras cosas, un acicate increíble para la memoria. Leyendo anoche su relato "Nuestra canción", que empieza dando datos personales falsos para que deduzcamos que no se trata, en este caso, de un relato autobiográfico, pasé por el trozo en que pasa revista, por ejemplo, a los cuatro Drugstore que dieron vida a la noche barcelonesa.
Pero el ejercicio puede extenderse, por lo que llevo leído, a todo el libro. Un poco después, una mínima broma de lenguaje te hace reír al recordar el slogan de una campaña que se hizo muy popular. Habla el protagonista y narrador de su desvirgamiento: "La goma o preservativo, por cierto, la llevaba ella en el bolsillo trasero de los tejanos, cosa que también me dejó a cuadros. Qué previsión la suya, qué ánimo de salir a matar, y cómo reíamos al ponérmela o ponérmelo (...)."
Me hago cruces de la cantidad de información sobre los años 70 recordada, acumulada y dejada caer por el libro como quien no quiere la cosa, para ir vistiendo plausiblemente las coordenadas de la época en que tiene lugar la acción, y me hago una ligera idea del ímprobo trabajo de documentación que eso supone.

 

sábado, 6 de febrero de 2016

Material d'enderroc (Josep M. Benet i Jornet)


Me he leído esta especie de memorias de "Pepitu" Benet i Jornet, que anduve buscando durante un tiempo. Las hizo (publicadas en Edicions 62, 2010) de forma algo lateral, hablando en su primera parte de gente con la que tenía o había tenido relación (Llorenç Villalonga, Mercè Rodoreda, Salvador Espriu, Joaquim Molas, Terenci Moix, Montserrat Roig, Joan-Lluis Marfany y Jaume Torras) y en su segunda parte de su entrada en el mundo del teatro, centrándose al final en dar un repaso a los autores dramáticos de toda su época, explicando su consideración pública y personal.
Ahora apartado de la escritura, aquejado de Alzheimer, no se puede decir que Benet i Jornet tuviera pelos en la lengua. Habla en el libro de las luces y sombras que él pudo observar en los personajes de los que escribe apuntes biográficos, siempre desde una absoluta discreción en lo que a él mismo se refiere, sin vanagloriarse ni un momento (si no es para burlarse abiertamente a continuación) de sus propios logros y trayectoria.
Pero no es sobre los mencionados que reparte más a lo bestia leña. A lo largo de los textos te das con unos cuantos recados para Ricard Salvat, Manuel de Pedrolo, Fernando Arrabal, Xavier Bru de Sala y alguno más, que me parece que tienen suerte de sólo pasar de puntillas por aquí. Pero en un momento de expansión de lo políticamente correcto hasta límites que rozan lo insoportable, y que convierte en aburridos por ya sabidos tantos textos y declaraciones, bienvenidos sean sus zarpazos, unos cariñosos, otros sin miramiento alguno.
(El retrato, de Pilar Aymerich, aparece en blanco y negro en la contraportada del libro)


 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...