lunes, 23 de diciembre de 2019

Balnearios, veraneo, literatura. Agua y salud en la España contemporánea

Joan Maragall y familia y su veraneo itinerante. Ese año tocó Puigcerdá.

Aunque no creo que interese a mucha gente (seguramente sí lo habría hecho a Pancho Ayguavives, pero lamentablemente nos abandonó este fin de semana) me gustaría valorar aquí el artículo "El agua y el ocio como terapia de salud. Las colonias de veraneo de montaña en Cataluña, 1860-1936", que Joaquim M.Puigvert i Solà incluyó en el libro "Balnearios, veraneo, literatura. Agua y salud en la España contemporánea" (Marcial Pons, 2018), que bien merecía desarrollarse en un libro para él solo.
Lo que más me atrae del artículo, que seguramente abarca demasiadas cosas dispersas sin profundizar lo que debiera en su última parte, es que supone un buen acercamiento al tema del veraneo, y más concretamente, si éste se dividía claramente entre mar y montaña, el de montaña.
Marca un precedente e inicio del proceso con el momento del s. XIX en el que se empezó a producir un hasta entonces inusual fenómeno, por el que los propietarios (que ya hacía tiempo que habían ido a vivir a la ciudad) empezaron a pasar el verano en sus propias fincas, hasta entonces especializadas en la explotación agraria y ganadera. Eso ya tuvo incidencia en las masías, que, para dar un espacio adecuado a los llegados, vieron añadirse balcones y otros elementos hasta entonces inexistentes.
A este precedente en la ocupación de los espacios de montaña, señala Puigvert, le acompañó el regreso a sus poblaciones de origen de bastantes indianos, que construyeron ahí sus residencias de verano.
Empieza entonces Puigvert a nombrar una serie continuamente repetida de pueblos objetivo de las vacaciones estivales de familias como la del poeta Joan Maragall y llega a presentar un interesante mapa de las colonias veraniegas más frecuentadas de Cataluña. Inicialmente muchas están ligadas a balnearios, otras siguen la ruta del tren desde Barcelona y luego ayudan la mejora de comunicaciones por carretera y la extensión del uso de los automóviles.
Al hablar de los balnearios deja escrita la importancia de los médicos que recetaban uno u otro. Un capítulo repasa los sitios de veraneo de diferentes artistas, como el pintor Utrillo (Castelltersol), Apel.les Mestres (Torelló), Josep Masriera (Sant Hilari de Sacalm), Josep Llimona (Olot) o Lluis M. Güell (Ribes de Freser), pero también hace otro tanto con empresarios, historiadores, poetas o eclesiásticos, que también hacían ostentación de sus notorias vacaciones.
De especial interés me ha parecido el capítulo dedicado al impacto urbanístico del fenómeno, que merecería tratarse de forma monográfica.
Y mucha más cosa, como un cuadro interesantísimo con los hoteles y balnearios del periodo, la resonancia social de los chalets de veraneantes, el surgimiento de fuentes y jardines y la diversificación económica que supuso para muchas poblaciones la llegada de veraneantes. En este último apartado, está muy curioso el repaso que se hace a los productos típicos de cada sitio, como las galletas Trías de Santa Colima de Farnés, las Birba de Camprodón, los "jaumets" de Sant Hilari de Sacalm, los "borregos" de Cardedeu o los "carquinyolis" de Caldas de Mombui.
No se acaba ahí, porque aún hay capítulos, que más parecen incitaciones a diferentes campos de estudios, sobre el tema de la fotografía en esos espacios, las guías, mapas y monografías locales y bastante cosa más.

Veraneantes en el Hotel Montagut, De Ribes de Freser.

El balneario Roqueta, de Tona. Domenech y Montaner, vinculado con la población, proyectó alguno de sus elementos.

El médico Antonio Bayés, descubridor de las aguas sulfurosas de Tona (que dieron lugar al balneario Ullastres) y figura que atrajo a cantidad de veraneantes a ese pueblo.

El ensanche Malagrida de Olot.

El paseo de La Garriga.
 

jueves, 19 de diciembre de 2019

Novela negra y del cine negro con ambiente ferroviario.

A punto de empezar, en la sala de juntas de los ingenieros.

Alguna cosa ya la había visto en alguna de sus otras conferencias a las que ido acudiendo, pero el trayecto es siempre, para los aficionados a los trenes, agradable.
Ayer Jordi Font-Agustí debía ofrecer uno de los últimos actos culturales previo el cerrojazo que para estas cosas suponen las fiestas navideñas. En la sede de los ingenieros hablaba de novela negra y del cine negro con ambiente ferroviario.
Hizo un repaso más o menos cronológico, aparecieron las cinco adaptaciones de “La bestia humana” de Zola, los Hitchcock y Patricia Highsmith, las cuatro novelas ferroviarias de Ágata Christie y sus inacabables versiones cinematográficas, el Tren Azul que llevaba a sus aristocráticos pasajeros hasta el Mediterraneo... y todo lo que tuviera que aparecer.
Cómo era una sesión para un grupo bastante frikie, aficionado hasta el delirio a la cosa ferroviaria, se entretuvieron hablando de algún que otro detalle técnico, salieron bastantes nombres rarísimos -con muchos números- de locomotoras y se divirtieron de lo lindo con los fallos de representación que ofrecían las escenas de películas que pasó.
Pero también hubo ocasión para una visión a vuelapluma como la nuestra, picoteando un poco por aquí y otro poco por allá, y captando la idea de que, al menos en lo que a novela y cine negro se refiere -otro caso sería el cercano mundo de los espías-, no se ha seguido la evolución de la técnica hasta nuestros días. De hacerse algo -muy poco- con este tema, suele enfocarse en el revival nostálgico, con el tren de vapor en la mayor parte de los casos.

The Rome Express (Arthur Griffiths, 1896).

The Lonelade Operator (1911). Griffith se suma al tema ferroviario.



Este Nishimura se ve que arrasa en Japón y es un especialista en lo de los trenes de miedo. Parece que cada nueva línea que abrían, le encargaban una novela ambientada en ella (si no me equivoco de autor).

Este sacerdote Whitechurch, muy popular, le dio también a las novelas del género.

Medio fantástico

Leo Malet/Tardi en comic. 


Palabras mayores, según Font-Agustí.  

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...