Joan Maragall y familia y su veraneo itinerante. Ese año tocó Puigcerdá.
Aunque no creo que interese a mucha gente (seguramente sí lo habría hecho a Pancho Ayguavives, pero lamentablemente nos abandonó este fin de semana) me gustaría valorar aquí el artículo "El agua y el ocio como terapia de salud. Las colonias de veraneo de montaña en Cataluña, 1860-1936", que Joaquim M.Puigvert i Solà incluyó en el libro "Balnearios, veraneo, literatura. Agua y salud en la España contemporánea" (Marcial Pons, 2018), que bien merecía desarrollarse en un libro para él solo.
Lo que más me atrae del artículo, que seguramente abarca demasiadas cosas dispersas sin profundizar lo que debiera en su última parte, es que supone un buen acercamiento al tema del veraneo, y más concretamente, si éste se dividía claramente entre mar y montaña, el de montaña.
Marca un precedente e inicio del proceso con el momento del s. XIX en el que se empezó a producir un hasta entonces inusual fenómeno, por el que los propietarios (que ya hacía tiempo que habían ido a vivir a la ciudad) empezaron a pasar el verano en sus propias fincas, hasta entonces especializadas en la explotación agraria y ganadera. Eso ya tuvo incidencia en las masías, que, para dar un espacio adecuado a los llegados, vieron añadirse balcones y otros elementos hasta entonces inexistentes.
A este precedente en la ocupación de los espacios de montaña, señala Puigvert, le acompañó el regreso a sus poblaciones de origen de bastantes indianos, que construyeron ahí sus residencias de verano.
Empieza entonces Puigvert a nombrar una serie continuamente repetida de pueblos objetivo de las vacaciones estivales de familias como la del poeta Joan Maragall y llega a presentar un interesante mapa de las colonias veraniegas más frecuentadas de Cataluña. Inicialmente muchas están ligadas a balnearios, otras siguen la ruta del tren desde Barcelona y luego ayudan la mejora de comunicaciones por carretera y la extensión del uso de los automóviles.
Al hablar de los balnearios deja escrita la importancia de los médicos que recetaban uno u otro. Un capítulo repasa los sitios de veraneo de diferentes artistas, como el pintor Utrillo (Castelltersol), Apel.les Mestres (Torelló), Josep Masriera (Sant Hilari de Sacalm), Josep Llimona (Olot) o Lluis M. Güell (Ribes de Freser), pero también hace otro tanto con empresarios, historiadores, poetas o eclesiásticos, que también hacían ostentación de sus notorias vacaciones.
De especial interés me ha parecido el capítulo dedicado al impacto urbanístico del fenómeno, que merecería tratarse de forma monográfica.
Y mucha más cosa, como un cuadro interesantísimo con los hoteles y balnearios del periodo, la resonancia social de los chalets de veraneantes, el surgimiento de fuentes y jardines y la diversificación económica que supuso para muchas poblaciones la llegada de veraneantes. En este último apartado, está muy curioso el repaso que se hace a los productos típicos de cada sitio, como las galletas Trías de Santa Colima de Farnés, las Birba de Camprodón, los "jaumets" de Sant Hilari de Sacalm, los "borregos" de Cardedeu o los "carquinyolis" de Caldas de Mombui.
No se acaba ahí, porque aún hay capítulos, que más parecen incitaciones a diferentes campos de estudios, sobre el tema de la fotografía en esos espacios, las guías, mapas y monografías locales y bastante cosa más.
Veraneantes en el Hotel Montagut, De Ribes de Freser.
El balneario Roqueta, de Tona. Domenech y Montaner, vinculado con la población, proyectó alguno de sus elementos.
El médico Antonio Bayés, descubridor de las aguas sulfurosas de Tona (que dieron lugar al balneario Ullastres) y figura que atrajo a cantidad de veraneantes a ese pueblo.
El ensanche Malagrida de Olot.
El paseo de La Garriga.
















