viernes, 14 de abril de 2023

Sempre tindré París (Àngel Quintana)


Un poco como la pareja de “Les sieges de l’Alcázar” (Luc Moullet, 1989), que fue precisamente evocada, a la izquierda Àngel Quintana, cahierista confeso, a la derecha Esteve Riambau, devoto del Positif, pero departiendo sin problema, con experiencias similares.
Fue ayer, en la biblioteca de la Filmoteca, con motivo de la presentación de “Sempre tindré Paris” (Àngel Quintana, L’Avenç, 2023), un libro, según su autor, más de reflexión -cosa que se le suele dar muy bien- que de memorias -cosa que averiguaremos pronto qué tal se le da-.
Ya veremos qué depara su lectura, pero por lo que explicó ayer Quintana en esta etapa de su “Never ending tour” -no perdió la ocasión para recordarnos que es un forofo de Dylan-, el texto es deudor de dos lecturas suyas recientes: la de la escritura del yo de Annie Ernaux, siempre más pendiente de los pequeños hechos de la vida cotidiana que de los grandes acontecimientos, y la novela de aprendizaje a lo Balzac: como el Lucien de Rubempré de “Las ilusiones perdidas”, él sería en el libro el provinciano que se dirige a Paris, para ver de vivir en la Corte.
Habrá que proceder a la lectura pescando las referencias literarias (Rayuela, Benjamin, Perec) y literarias (“Un americano en Paris”, “Ninotchka”) que nos comentó estructuran la escritura y la cruzan -esas y otras ayer no comentadas- por todos lados.
Según su cálculo 90% con hechos verídicos más o menos novelados, 10% dando cuerda a la fantasía, lo cierto es que la base de “Sempre tindré Paris” es la privilegiada mili que hizo en la capital francesa, acompañado de su amigo el también periodista Miquel Riera, cuando, en 1984, la fortuna le ofreció una de las bolas del bombo que estaban marcadas con el bonito calificativo de “excedente de cupo”.
Al final del libro, tras los agradecimientos, siete páginas registran los “materiales referenciados”. En ellos aparecen títulos de libros (presididos, es verdad, por varios de Balzac), películas (de “À nos amours” a “Zéro de conduite”), canciones (de “À une pasante” -Léo Ferré- a “The passenger”, de Iggy Pop), obras de teatro (del “1789” de Arianne Mnouchkine al “Tannhäuser” de Wagner dirigido por Istvan Szabo) y pinturas (como el “Bal du Moulin de la Galette” o varias de Balthus).
Dicho sea esto último para abrir boca, aumentando el apetito de un manjar que promete.



 

miércoles, 12 de abril de 2023

Sempre tindré París (Àngel Quintana)


París ha ejercido de escuela de tanta gente… Josep Palau i Fabre, cuando obtuvo el rechazo frontal de la burguesía catalana, tuvo la suerte de una beca en la capital francesa que le salvó la vida, y allí se quedó ya como exiliado. Joan de Sagarra, que solía narrar sus andanzas infantiles por la ciudad, hizo de ella su residencia en su juventud y de la Cinematheque uno de sus sitios más frecuentados. Y la lista de entre gente con intereses artísticos con esa muesca en su biografía se puede hacer larga.
Àngel Quintana, singular crítico de cine y actualmente decano de la Facultad de Letras de Girona, debe ser el benjamín de los que tuvieron ese baño iniciático en París, sesiones y más sesiones en la Cinematheque incluidas. Seguro que, entre otras cosas que explorarán esa entelequia -o no: discutiamo, discutiamo!- del cine moderno, hablará de ello en la conversación que sostendrá en la Filmoteca mañana jueves, a las 19,15h, con Esteve Riambau.
Lo digo porque ha llamado al libro que viene a presentar “Sempre tindré Paris”, y le ha puesto en la portada una foto suya de por esas fechas.
Así que París. París y Torroella. Claro que la catedral del chiringuito la tiene en un rincón del antiguo puerto de L’Escala, mirando al Cargol.



 

martes, 11 de abril de 2023

Fancellíssimo



Hubo un tiempo en el que fui suscriptor de El País. Es más: no llevaba mostrando de forma ostentosa su cabecera, porque eso no va con mi carácter, pero digamos que me sentía orgulloso de comprarlo y llevarlo conmigo, pues lo comparaba con ventaja con cualquier otro.
La lectura diaria del periódico la consideraba entonces tarea obligada. ¿Cómo podría seguir si no en el mundo, sin enterarme de la misa la mitad? -me decía. Aunque alguna semana movida se me acumulaban los ejemplares, cuando decidí ir a la oficina en transporte público, dejando el coche aparcado, la cosa mejoró mucho: al regresar a casa ya tenía las más de las veces ese trabajo prioritario completado, sintiéndome en posesión de las claves del momento. No se trataba únicamente de “las noticias”, sino sobre todo de las crónicas que en diferentes secciones, más o menos marginales, me echaba al gaznate. Constituyeron -qué duda cabe- mi base de conocimiento de muchos campos, de saber mínimamente estar por aquí. Me perfilaron, además, el gusto por esto o por aquello.
Gracias a esa lectura cotidiana, me fui habituando a una serie de firmas, y una de ellas era la de Agustí Fandelli. Hoy he visto, atraído por la portada que le hizo Perico Pastor, en la mesa de novedades de la biblioteca este libro “no venal”, “Fancellisimo”, y, pese a que me había dicho que no iba a sacar ninguno más, porque realmente estoy pasando una época sin tiempo para nada y con muchas cosas pendientes por hacer, esperando turno, pues lo he tomado en préstamo.
Se trata del libro homenaje que editaron en 2018, unos años después de su fallecimiento. Contiene, además de unos cuantos escritos de gente próxima sobre él, una selección de artículos que escribió y publicó a lo largo de su vida. Lo consulto un poco y veo que en ellos hablaba de Stockhausen, de un viaje en golondrina al Fórum, de Alberto Sordi, de Manuel de Solà-Morales, del Motel Empordà o del Scalextric. Lo que decía.

 


 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...