viernes, 9 de noviembre de 2018

Libros que me han hecho reir


Francesc Chiva Royo em pregunta per llibres que m’hagin divertit. Dono alguna volta al cap i em surt el primer. Com de la seva lectura ja fa molt temps i per tant potser ara no tindria un mateix efecte sobre mi, em ve al cap un altre llibre ben diferent, més recent, encara que quan ho vaig llegir no anava -ni molt menys- per la seva cinquena edició.
M’he dit de no seguir cadenes, raó per la qual deixo això aquí, i no passo l’encàrrec a ningú mes.


 

lunes, 5 de noviembre de 2018

El día que llegué al Café Gijón (Francisco Umbral)


En “La peau douce”(1964), François Truffaut ofreció uno de los más punzantes, a la vez que certeros, retratos de la vida cultural de provincias. Su protagonista (un algo desabrido Jean Desailly: nunca sabremos qué le vio la atractiva azafata encarnada por Françoise Dorléac para liarse con él) acepta ir a dar una conferencia a Reims, para, aprovechando la circunstancia, pasar un fin de semana con su amante. Pero las fuerzas vivas de la ciudad no van a dejarle ir así como así...
El sórdido ambiente sobre la vida cultural provinciana, que tiene también un demoledor retrato en el par de documentales que Jean Eustache hizo sobre “La Rosiérè de Pessac”, me ha vuelto a resultar muy bien descrito en unas páginas del “El día que llegué al Café Gijón”, de Francisco Umbral. En ellas Umbral recuerda su ida a Tomelloso a recoger su primer premio literario, por un cuento presentado al concurso de la localidad. Allí le esperan también las fuerzas vivas culturales, que lo agasajan, le preguntan que por qué no se queda más tiempo, le escuchan en el teatro leer su pieza y luego le emparejan a una chica y le llevan a bailar toda la noche. “Reina por un día”, al despertar en la pensión al día siguiente ya nadie se acuerda de él. Pensando en todo lo vivido, camina solitario hacia la estación, para coger el tren que le llevará de regreso a su vida en Madrid. Habiendo vivido todo eso, concluye con una frase lapidaria:
“La verdadera y única gloria que se conquista es la gloria literaria de provincias. Pero es una gloria celérica, ya digo, porque si no es celérica, si no te vas en seguida, al día siguiente le ves el revés triste a todo.”

viernes, 2 de noviembre de 2018

Umbral


También en “La noche que llegué al Café Gijón” leo que Francisco Umbral va y declara que aprendió que convenía oler bien, razonándolo a continuación de una forma que convence:
“Porque parece que el aprendizaje de la vida, el oficio de vivir, debe estar hecho de grandes descubrimientos y profundas y elaboradas verdades. Y no. Resulta que no. Resulta que aprender a vivir es ir aprendiendo pequeños detalles, pequeñas cosas. Ir dándole breves y precisos toques a la imagen de uno mismo. ‘He tardado muchos años en coger una copa sin afectación’, confesaba en verso un poeta amigo mío. Se tarda muchos años, se tarda toda la vida en coger sin afectación la copa de la propia persona.”
“Coger una copa sin afectación. Oler bien cuando hay que oler bien. Cosas así. Tomar a una mujer del codo en el momento preciso, ni antes ni después, a lo largo de una tarde. Tomarla del codo cuando su codo está esperando ya ser tomado. Todo esto esto constituía una pequeña cultura ‘mondaine’ que uno no puede por menos de menospreciar a medida que la va adquiriendo, pero que al paso de los años se revela como lo poco que hay que saber en esta vida. Las grandes cosas que habría que saber, no las sabremos nunca, quizá por la sencilla razón de que no hay grandes cosas. Así que había que oler bien”.

(Buscando una foto de Umbral he dado con ésta, que no sé quién hizo, pero sale en una página de http://xn--vozppuli-y3a.com/) 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...