domingo, 31 de enero de 2021

Tercer acto (Félix de Azúa)


Leí en una nota de suplemento cultural que este “Tercer acto” representaba la tercera entrega, después de las dos peculiares anteriores “autobiografías”, en las que hace referencia a sus últimos años. Entonces pregunté a un forofo de Azúa, quien me la tildó de obra maestra y ya no me resistí a comprarla.
Me ha dejado bastante desconcertado. No por sus continuos saltos por capítulo adelante y atrás en la cronología, que veo como una “modernez” totalmente prescindible, sino por su naturaleza y por cómo está resuelta.
Tendré que oír los razonamientos que acompañarán al calificativo de obra maestra, pues la verdad es que a mí me ha dejado lejos de ese estado. Claro que tampoco he descubierto con la facilidad anunciada los personajes “reales” que me anunciaron se evidenciaban inmediatamente detrás de los nombres con los que figuran en la obra. Tan solo he descubierto a dos o tres, quedándome in albis sobre los más cercanos.
Quizás la tan buena valoración se encuentre con el tono agridulce que se transmite en la novela “de crecimiento” (pues eso veo que es la pieza) sobre este repaso inmisericorde del periodo que va desde el final del franquismo hasta cerca de nuestros días. Un tono que diría enseña la portada elegida, con ese “Entierro de la Sardina” de Goya que tanto se parece a las grotescas portadas, de Ensor y otros, que suele emplear para muchos de sus libros Miguel Sánchez-Ostiz.
Porque esa sensación de conciencia de la ridiculez de nuestros cometidos por este mundo, de la fugacidad de todo, sí que me ha llegado, aunque diría que está ya cubierta en las magistrales páginas iniciales y finales que, como un emparedado, envuelven toda la trama. En la primera página habla -de forma sensacional, a mi entender- de este “tercer acto” de la vida que, aunque parecería que iba a ser el protagonista, no surge más que en off en el libro. Por las últimas aparece este párrafo que explica también a la perfección (otra vez a mi entender) el acto siguiente al del que realmente se habla en el libro, es decir, ese segundo acto en el que, arrinconados anhelos y disparates juveniles, uno se pone a trabajar, casarse y hacer en definitiva todo eso que antes se llamaba “integrarse en la sociedad”:
“Debo decir que este largo periodo intermedio de trabajo y domesticidad es inexcusable porque si nos negamos a él, sí tratamos de prolongar el primer acto imitando los usos juveniles y de ese modo pretendemos alargar la fogosidad y majadería de la juventud, acabamos en una total abyección que sólo puede tener sentido en las vidas (muy dolorosas) de los poetas o los guitarristas de rock, figuras capaces de absorber el mal gusto y la indignidad de toda su generación sin apenas deterioro.”
Y, por el medio, eso sí, unas cuantas observaciones punzantes, algunas bien tiernas, marca Feliz de Azúa.

 

viernes, 29 de enero de 2021

En la Alhambra



“En la primavera de 1829 vino a España Washington Irving; es ésta época del año la más a propósito para viajar por Andalucía. Entonces aún no había ferrocarril; el escritor americano iba en compañía de un amigo; los asistía, llevando los yantares para el camino, un medio escudero, que les contaba mil historias fantásticas de ladrones, de moriscos, de guerras pasadas y de hazañas remotas. No se puede desear un mejor viaje que el que hizo Washington Irving: iban caminando lentamente; observaban las tierras por las que pasaban; admiraban los bellos paisajes; se detenían en las alquerías y cortijos; preguntaban a los caminantes que se cruzaban con ellos en el camino; cuando era la hora, se detenían bajo los olivos, ponían sus mantas o capas en el suelo y comían con toda calma, en la serenidad de un ambiente tibio y sutil, teniendo a lo lejos la perspectiva de una montaña azul”.
Así empieza Azorín el capítulo “En La Alhambra”, de 1829, recogido en su “España. Hombres y paisajes”. Luego explica que, llegado a Granada, se quedó solo y, puesto que había ido para conocer la Alhambra, se fue a vivir allí mismo, con la familia que la cuidaban...




 

lunes, 25 de enero de 2021

Barcelona. Jardines secretos


Aunque no es lo que buscaba (jardines públicos semidesconocidos a donde ir durante estos confinamientos), este libro que vi por una biblioteca está hecho para impenitentes curiosos (“tafaners” sería la palabra apropiada, pero es en catalán) como yo.
En “Barcelona. Jardines secretos” Isabel Cordero e Isabel de Villalonga nos introducen en varios de los mejores jardines privados de la ciudad a través de las fotografías de Luis Plana del Llano, explicando su aproximada situación, quién es su dueño actual con más o menos detalle según los casos, quien diseñó el jardín y la historia de su evolución.
Un libro para tener ahí, descuidado, en la mesa baja de la sala, para fardar de él y de tanto en tanto comparar con los propios jardines.

 

sábado, 23 de enero de 2021

Cartas al Director de La Charca Literaria


Tienen fama las Cartas al Director de La Vanguardia, aunque en realidad dan sólo para un triste retrato de las características de sus suscriptores y lectores. Las Cartas al Director de La Charca Literaria. Esas sí. Ahí te quiero ver.
Quiere eso decir que, además de publicar un par de colaboraciones diarias durante los días laborables, los encargados de la egregia revista trabajan también los fines de semana (y me temo que el editor Nicanor los debe tener ahí con el mismo dispendio que el que gasta con sus colaboradores: ninguno). Entre las labores que llevan a cabo está la de abrir el correo que se ha acumulado durante la semana. Si la lectura da con alguna carta edificante o que puede resultar de interés a la legión de sus lectores hambrientos de saber, van y la publican, sin tener en cuenta el ganado descanso que merecen (ellos, claro, que no los lectores).
Hoy aparece ésta, realmente notable. Con muestras así, uno se pregunta qué clase de gente lee La Charca.

 

lunes, 18 de enero de 2021

Sobre Anton Costas


Curioseando por Free Time, lo más parecido que tenemos en Barcelona -que yo conozca- a una La Maison de la Presse bien surtida, di con la revista en catalán “Política & Prosa”, que no conocía.
Tras hojear las existentes, me llevé un número antiguo, el de septiembre, que, entre otros artículos bastante interesantes, tenía una larga entrevista con Antón Costas.
Haciendo gala de ser, además de economista, ingeniero industrial, mostró su idea sobre la necesidad de lograr, para salir de la crisis que ha rematado la pandemia, trabajar hacia una reindustrialización. Quizás vea que tiende a pensar esencialmente en la gran industria y yo sería más partidario de apostar por esa amplia red de pequeñas y medias empresas que se han tenido que ganar a pulso su presencia, pero lo que dice al respecto lo juzgo, en cualquier caso, de gran interés. Un extracto:
Primero habla, de hecho, de lo que habla la película “El año del descubrimiento”, diciendo que muchas empresas españolas, interviniendo en ellas en vez de cerrarlas, habrían podido resistir cuando el Tratado de Adhesión a la Unión Europea.
Continúa explicando una anécdota sobre nuestro gran pensador estratégico, José María Aznar, que no en balde está a sueldo, como gran pensador que es, donde está:
“Otro momento posterior que recuerdo muy bien es cuando la peseta entra en el Sistema Monetario Europeo, en el euro. Había margen para entrar con una paridad o con otra. Entrar con un céntimo por encima o abajo era muy importante para los exportadores. Fuimos a ver a Aznar el presidente del Círculo de Economía, que era Salvador Gabarró, y yo, como secretario técnico. Acordamos que Salvador empezaría diciendo ‘presidente, el tipo de entrada de la peseta en el euro será muy importante’, i yo, a continuación, había de darle apoyo técnicamente. Empieza Salvador diciendo ‘presidente, queremos hablarte de la peseta’ y le corta Aznar y le dice ‘al que me hable de la peseta lo pongo en la puerta del infierno’.”
“Estas actitudes -señala- continuaron con una fantasía, con un espejismo, que fue la idea de una nueva economía y la supresión del Ministerio de Industria. (...) Paralelamente, se ha de decir que ningún alcalde de España quería chimeneas en su territorio local, todos querían industria limpia. (...) ¿Cómo puedes imaginar que esta secuencia no acabe teniendo un impacto en el tejido productivo, en la ocupación industrial y en el paro de larga duración?”
Sigue: “El gobierno español ha estado demasiado influido en las áreas económicas por los Técnicos Comerciales y Economistas del Estado y eso no ha sido siempre positivo (porque) tienen una ideología que tiende a pensar que los mercados libres actúan de forma eficiente: es una fantasía como hay muchas en la vida.”
Comenta más adelante cómo, en la situación actual, otros países tienen muy presente la industria propia (“en los casos de Alemania o de Francia, no se ha abandonado nunca la política industrial”) y alerta de que “lo que está pasando en Europa comporta un terrible riesgo para países como España, porque la Comisaría de la Competencia -que había sido tan puntillosa con España- (...) está autorizando en el caso de Alemania ayudas directas de más de 100.000 millones de euros a las empresas que le interesan (Lufhansa, por ejemplo), Francia está negociando para ayudar a PSA y ya han autorizado a Holanda ayudas a KLM.”
La fotografía es de Xavier Jubierre para Política & Prosa, aunque en papel aparece recortada.


 

martes, 12 de enero de 2021

La Charca Literaria


Tenemos a La Charca Literaria aquí al lado, al alcance por la cara cada día laborable, y en ocasiones parece que ni caso.
Pues craso error, me parece a mí. Hoy martes, por ejemplo, nos ofrece acceder a su par de piezas cortas diarias sin recabar número de cuenta, nombre, teléfono, dirección ni información alguna sobre el que quiera pasearse curioso por ahí. Sólo precisan un par de minutos de atención.
Para dar idea de su amplio espectro, en esta ocasión nos proporciona un nuevo poema de Myriam Soteras y un relato de Lluis Planellas.
No es la primera vez que cuelgo por aquí el enlace a uno de los poemas que Myriam Soteras suele depositar en La Charca, pero si bien al principio solía ser un desgarrado grito de amor que parecía frecuentemente no correspondido, hoy se acerca a eso de la compenetración cósmica. Siempre con una feliz construcción de lenguaje por el medio, a tono con el título de su sección en la publicación: “Susurros a bocajarro”.
En cuanto al relato de Lluis Planellas, “El invasor”, hacía tiempo que no leía algo tan guarro. Ya se sabe, las charcas van llenas de inmundicias, pero a un buen can le gusta de tanto en tanto refocilarse en el fangal.

 

lunes, 4 de enero de 2021

Magnum y el cine


Éste es uno de los libros de fotografía que tengo a los que más estima profeso. Era el catálogo de una de esas exposiciones tan buenas que se hacían en la época en Barcelona. Hablaba, claro, de Magnum y el cine.
Y “El cine bajo la mirada de Magnum” (“Le Cinéma dans l’œil de Magnum”, Sophie Bassaler, 2017) es el documental que, hablando de lo mismo, pasó La 2 el sábado en “La noche temática”.
Empieza con Isabella Rossellini hablando del idilio de su madre con Robert Capa, el primer líder de la agencia, y sigue con una larga retahíla de fotógrafos de la casa hablando de las fotografías que tomaron en diferentes rodajes de cine. Quizás el caso de “Vidas rebeldes” (John Huston, 1962) fue el más espectacular dentro de los de este tipo. Magnum obtuvo la exclusiva y hasta ocho de sus grandes fotógrafos pasaron por el set, dejando inmortalizados a sus tres grandes actores anunciando su ocaso.
Otro caso muy diferente posterior destaca también. Es de de Koudelka, reclamado para el rodaje de “La mirada de Ulises” de Angelopoulos (1995). Hizo, realmente, todo el errante itinerario marcado por el rodaje, pero sus fotos -extraordinarias- muestran una mirada, un ángulo de atención totalmente diferente, quizás complementario, al de Angelopoulos.

 

domingo, 3 de enero de 2021

Europa. Un relato necesario (José Enrique Ruiz-Domènec


Mentiría si digo que me he leído este “Europa. Un relato necesario” (José Enrique Ruiz-Domènec, RBA, 2020) en una exhalación. Todo lo contrario. Incluso he estado tentado de dejarlo, agotado, en varias ocasiones.
Es una edición revisada y ampliada de un libro de éxito suyo, que intenta buscar mediante un repaso histórico (del año 312 al 2019) la esencia de Europa. Posiblemente un espectro temporal tan amplio es el causante de que, pese a sus repletas 400 páginas, determinados periodos y hechos sean tocados únicamente sobrevolando por ellos, buscando en una frase feliz caracterizarlos. De ahí también que, ignorante del trasfondo de tanto, no me haya acabado enterando de mucha cosa.
Si los capítulos intermedios son escuetos y pasa por ellos a una velocidad de crucero altísima, no pasa así por el último, sobre los tiempos más cercanos, redoblado por una coda, algo reiterativa, en la que quiere dejar claras sus conclusiones.
No creo que sea destripar el libro decir aquí cuáles son esas conclusiones o, al menos, las que me han quedado a mí como tales. La principal, por repetida hasta la saciedad, sería que estamos en una situación de lo más crítica. Y yo me he resumido en dos las causas que indica. Por un lado, la existencia de dos potencias disputándose la región: la Unión Europea y Rusia (deja a Putin como un auténtico diablo). Por otro, la irrupción de lo que clasifica como el nacional-populismo.
Este nacional-populismo, extendiéndose por toda Europa, es el que lo tiene amargado, sobre todo porque araña en buena medida, le usurpa su idea principal. Esa idea sería que se debe pensar el futuro estudiando el pasado. Pero en este trance, se queja, se han olvidado, apartándolos, de los historiadores. Mientras que los nacionalistas-populistas acuden al pasado para simplificarlo, restarle complejidad, adaptarlo a sus necesidades, y llenan el panorama de las famosas fake-news.
Habla en el libro no solo de hechos de esos que siempre se han estudiado en los libros de historia, sino que también hace un barrido, que ahora se diría transversal, por aspectos culturales, aparentemente anecdóticos, de la época analizada. Con su personalidad tan teatral a cuestas, he notado a Domènec interesado, más que nada, en el golpe de efecto. Me ha parecido, ya que no está ante un auditorio al que pueda asombrar poniéndose de pie, acompañándose mediante un gesto que demuestre sus tablas, que en ciertas fases se vende por un buen adjetivo, por una frase literaria, para redondear su párrafo, dejándolo ahí, volando su significado, inalcanzable más allá de su belleza, por las nubes.
Podría achacar a mi ignorancia mucho de lo que da sin que me entere demasiado bien qué quiere decir. Por eso me he detenido en alguna cosa que explica de películas y cineastas, por aquello de que los tengo más frecuentados. Pongo aquí unos pocos ejemplos:
-Tras hablar de la llegada del desatado consumismo a la Europa de los años 60 y de la inmigración desde el Tercer Mundo, suelta: “Godard sintió una necesidad sensual de filmar ese mundo en ‘Alphaville’: película de culto pues mostró los límites morales de la abundancia.” ¿Fue hecha ‘Alphaville’ para mostrar -o de ella se deducían- los límites morales de la abundancia?
-Sobre Bergman y Dreyer, diría que olvidando la real cronologia de las obras suyas que cita, suelta frases de esas que no sé yo si realmente sirven para asentar su tesis o bien sólo para ofrecer el aroma ambiental que busca encontrar. Hablando de la aparición de la socialdemocracia dice: “En ‘Fresas Salvajes’, antes que nadie, y en sueco, Ingmar Bergman descubrió el mundo interior de esa nueva sociedad auspiciada por la socialdemocracia. Lejos de toda intención nostálgica o emotiva, dotó al hecho de un lenguaje, de unos personajes y de un espacio. Con ello, Bergman inauguró la cinematografía que acompañaría a Europa en la búsqueda del paraíso socialdemócrata, como Dreyer había creado con ‘Gertrud’ el cine de las grandes soledades, del misterio de la vida”.
-Y hablando de ‘La Nueva Ola’: “Y Federico Fellini, de pasado neorrealista, que realizó un cruel retrato de la sociedad mundana en ‘La dolce vita’ y ‘Ocho y medio’. Con ambas películas abrió la puerta a un paraíso vedado al cine: los entramados temporales”.
Y yo que creía que eso venía de la ‘Intolerancia’ de Griffith...





 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...