Muchos hemos seguido, en lo que respecta a relación con la prensa escrita, un camino parecido.
Lectores impenitentes (me salía impertinentes) hasta el punto de llegarnos a suscribir al más afín de ellos) de los periódicos diarios, llegó el día en que, hartos de las noticias priorizadas o del enfoque que se les daba, dejamos la suscripción, pensando en seguir los titulares de las noticias y los artículos más interesantes por internet y en comprar el diario precisamente el día de la semana en que aparecía aquel suplemento o aquella firma sobreviviente de la hecatombe que nos seguía interesando.
Incumplido ese propósito, vamos naufragando por aquí y por allí, sin orden ni concierto, con la sensación de ver mucho, pero perdernos lo que no debiéramos perdernos.
Durante un tiempo yo tuve el aliciente ese de ir un día determinado de la semana -creo que era el viernes- a comprar al kiosco (ahora también una raza en peligro de extinción) el semanario “Ahora”, que rumiaba las noticias de la semana hasta convertirlas en artículos de fondo, pero fue un pájaro malherido desde su primer vuelo y no resistió mucho.
Ahora un amigo me ha impulsado a tener ese aliciente semanal de ver llegar el día de aparición de un suplemento cultural de un diario que te informa, al menos, de las novedades bibliográficas que aporta la actualidad. Acudo con ansia al kiosco, con esa sensación renovada, como si ya tuviera un objetivo en la vida, pero luego decae en picado la ilusión al ver el interés de los artículos, bastante menguado.
Guardo, no obstante, una cita similar. Cada día laborable, “La charca literaria” aporta dos nuevas colaboraciones, correspondientes a dos de sus más de sesenta colaboradores.
Continuadora en su momento de otra revista virtual -“El butano popular”-, a la vez bastante deudora de la añorada “Por favor”, “La Charca Literaria” va aportando, engrosando su fondo, dos piezas diarias, que pueden ir desde la poesía a la crónica, pasando por el relato fantástico.
Quizás no la lee la inmensa tropa que debiera hacerlo precisamente por el hecho de ser gratuita, ya que sus colaboradores, ya sean sus escritores o bien sus técnicos de todo tipo, no cobran más que con el hecho de saber que trabajan para dar a conocer todas esas piezas y, en el mejor de los casos, el reconocimiento de un “me gusta” de esos que se han hecho con un lugar en el mundo virtual.
Pues bien. A todas éstas, a la chita callando, “La Charca Virtual” ya lleva cinco años ofreciendo ese servicio. Como aún debe haber quien no ha paseado aún por ella, desde aquí animo a satisfacer ese vicio diario de acudir a leer sus dos nuevas entradas diarias, piezas habitualmente de no más de una cuartilla cada una, y, si la experiencia ha sido positiva, clicar ese “me gusta” para remunerar algo más al escritor escogido y a la gente que está detrás para que el texto haya aparecido y se le haya puesto a su disponibilidad.
Referencias:
En este enlace, una vista general del contenido -ya muy extenso- de la publicación:
Una forma cómoda de cumplir el rito diario es seguir a la propia “Charca Literaria” en su página de Facebook:
Que hoy, por ejemplo, anuncia de quien serán los artículos de los que irrumpirán los días laborables de la semana que viene con esta tierna imagen adecuada para lo que se nos viene encima y como:
LA PROMO DOMINICAL
La semana próxima será cortita. Agénciense un buen bate de béisbol y aticen a los últimos colaboradores del año: Cayetano Gea Bermejo, Helena Garrote, Anna Babra, Nieves Pascual, Raúl Fernández y Ana Grandal. ¡Duro con ellos!



