miércoles, 8 de abril de 2026

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)


Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en ciertos placeres mentales o sensoriales, que evadan de funestos pensamientos.
A eso debió apuntar Ignacio Peyró cuando escribió “Comimos y bebimos. Notas de cocina y vida” (Libros del Asteroide, 2018) y los lectores que antes (o como yo ahora) lo leyeron.
Su título y subtítulo no engañan, y está enfocado mayormente hacia las cosas del comercio y el bebercio, cosas éstas inherentes a lo humano, que aparece igualmente por todos lados.
Me supera cuando muestra su erudición en vinos de alcurnia, elabora con tiento y acierto las frases para ansalzar (o denigrar) las comidas más habituales, pero apunta sobre todo a la gastronomía tradicional de los grandes momentos y restaurantes. Casi todos los de Madrid de los que habla (generalmente -¡ay!- para despedirlos) no fueron pisados por mí en toda mi vida: apunto a cosas más modestas, pero como escribe con esa aparente facilidad para hacerlo bien, se leen hasta esos capítulos con placer. Algunos otros, sin embargo, se me han hecho demasiado aire (volutas y volutas) sin excesivo contenido.
Me han gustado especialmente dos capítulos, en que alude a protagonistas más bien modestos.
El primero de ellos, “Fina y sana, la Toresana”, es ni más ni menos que un elogio a las gaseosas locales. Sólo leer algunas de las marcas de las que habla (La Exquisita, extremeña; Xiquets de Valls; El Cid; LA Estrella del Bierzo; García, de Albacete; Masquefina, de Tarragona; Flor de Sil; La Caprichosa, de San Martín de Valdeiglesias; Konga o La Glacial) ya te alegra el día.
El segundo va dedicado a las estaciones de servicio, sus productos y, ya puestos, alguno de sus comedores adjuntos, bares de carretera de toda la vida. “Un oporto en la gasolinera”, se llama, y de él extraigo estas frases:
“La higiene y el progreso se han hecho sentir también aquí, de modo que ir al baño -por ejemplo- ya no representa una incursión en los estratos más siniestros de lo humano. Aún así, todavía es común esa pastilla de indeciso color verde en la porcelana del urinario, como -camino a la barra- sigue siendo costumbre pisar sobre un compost de servilletas, palillos y peladuras de gamba”.
O ésta con la que acaba uno de los párrafos: “(…) sólo yo sé lo que daría por uno de esos ambientadores con forma de abeto de los coches baratos de mi infancia”.


 

miércoles, 1 de abril de 2026

Corró d'Amunt. La defensa il·lusionada d0un paisatge


Corró d’Amunt es un pequeño pueblo del Vallés que pertenece al ayuntamiento de Les Franqueses, y es de los pocos que se ha salvado hasta el momento del crecimiento salvaje que ha asolado de parte a parte la comarca.
Así las cosas, un sobresalto sobrevino a los del lugar cuando, creo que en noviembre de 2019, les comunicaron que el plan de ordenación local recuperaba el proyecto de construcción de todo un conjunto (casas clónicas unifamiliares y unos bloques de pisos) en donde hasta el momento había habido unos campos agrícolas, recuperando lo que se había presentado en los expansivos años 80.
El ayuntamiento veía con buenos ojos la cosa, porque un ayuntamiento siempre quiere más habitantes y porque -decían- así podrá crecer naturalmente la población del lugar. Pero a nadie se le escapa que los hijos que se van independizando, lo van haciendo paulatinamente y no doblando de sopetón la población del núcleo y, por otra parte, que si quieren quedarse en el lugar de sus padres, dificilmente tendrían las posibilidades económicas para hacerlo en unas casas que parecían haberse hecho pensando en población más adinerada.
Lejos de quedarse ahí parados cointemplando cómo se les venía encima lo amenazado, se empezaron a organizar. Surgió la Asociación “Salvem Corró d’Amunt!” y empezaron a llamar a gente de muy variados conocimientos para ampliar los suyos y saber defender su postura. Por ahí pasaron, en continuas mesas redondas con exposiciones y animados y constructivos coloquios geógrafos, historiadores, geólogos, ambientólogos, biólogos, urbanistas, agricultores, forestales,… Todos ellos ensancharon el horizonte de miras de los asistentes, poniéndoles al día del estado del arte de sus materias aplicadas no únicamente a su Corró d’Amunt, sino a todo el Vall de Carbonell, el Montseny, las zonas con paisaje agrario en recesión, la presión inmobiliaria,…
Seré sincero y diré que si me compré el libro cuya portada presento fue para apoyar a una amiga en su causa, aún sin estar muy bien enterado de la misma. Pero le eché una ojeada y, viendo que habían recogido todas esas mesas redondas y coloquios, empecé su lectura… y seguí,
Gracias a ello me enteré de la evolución de las tierras comunales, con trifulcas relacionadas durante la Edad Media; volví a saber de las cosas que suele verter Martí Boada, que dejan bastante sorprendido la primera vez que las oyes, pero ya me he hecho a ellas; de las nuevas disposiciones que se pueden lograr por Europa y hasta por aquí para proteger las zonas agrícolas; de la propiedad de las masas forestales y las dificultades para rentabilizar los productos del bosque sin que éste vaya aumentando sin freno…
Casi todos los científicos y demás llamados vienen a decir que el paisaje rural actual de Corró d’Amunt, no atravesado por las grandes líneas de comunicaciones, ni boscoso ni urbano, sino un intermedio, es de los que preserva mejor el medioambiente y la biodiversidad, a mantener como defensa ante el cambio climático que se nos está echando encima.
Eso, en cuanto al libro, que presenta mucho más interés, en este sentido de estado del arte de las ciencias y políticas de la Tierra, que lo que se pueda suponer a primera vista.
En cuando al problema desencadenante, he visto por internet que existe una mesa de negociación en el Ayuntamiento, y se están intentando llegar a unos acuerdos que sigan preservando la zona como actualmente, con los beneficios que eso aporta a nivel general.





 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...