Cuando supe que en Acantilado había salido un nuevo libro de Manuel de Solà-Morales, corrí a hacerme con él.
“Miradas sobre la ciudad” (2021) es un título, además, que contiene la razón de mi interés, que viene de la lectura en su día del que seguramente es uno de los mejores libros, que más cosas desvela, sobre la planificación urbana de Barcelona a través del tiempo, la que ha ido dando forma a la ciudad: “Diez lecciones sobre Barcelona” (2008).
Luego resulta que se trata de un libro sin la consistencia de tal, sino de recolección de artículos suyos, que éstos en buena parte quieren ser artículos teóricos con ideas tan teóricas que se me hace difícil hasta su lectura y no digamos transportarlas a ejemplos concretos reales, como los que se distinguían en las Lecciones.
Pero vaya, de tanto en tanto salta la liebre. Así pasa, por lo menos, en un artículo que escribió, en catalán, para el Diari de Mallorca en 1998, con el título de “El territori de Mallorca: ¿arròs brut o paella?” En él compara las dos posibilidades que se presentan, hablando de planificación urbana, para el territorio mallorquín, haciendo el símil con el “arròs brut” local o la paella y su resultado final, ambos válidos… si están bien hechos. Pero lo que me ha llamado la atención es ver cómo en un par de líneas da una idea de las de fuerza, que quedan, sobre cómo ha ido surgiendo históricamente el paisaje que vemos en la isla:
“Pocos territorios hay tan trabajados como Mallorca, que ha disfrutado, sobre todo, de dos de las mejores influencias: la de la sabiduría arábiga para manipular la topografía y la del gusto italiano por la claridad clásica del espacio”. ¡Qué maravilla de síntesis! Con ella en la recámara contemplaré, en cada ocasión que a partir de hoy se me presente, la isla.
(La foto de la Sierra de Tramontana la he sacado de una web del Consell de Mallorca y la de la Fundación March de otra de la propia Fundación.)







