Hoy, a las 19,30 h (quizás a alguien aún le dé tiempo) hay en la Calders la presentación de "Enye", el número 46 de la revista "Eñe", que está dedicado a Cataluña. Me gustaría ir, porque se anuncia presentado por Jenn Díaz (que hace las veces de algo así como la autora revelación) y por Ignacio Martínez de Pisón, uno de los novelistas más interesantes que hay por aquí, que siempre imprime a todo lo suyo, sea novela, relato o presentación, lo que debería exigirse a todos los que escriben, ese gusanillo de lo literario que se inocula en los lectores, y éstos pasan a vivir sus mundos y a buscar más.
Como no puedo ir, he cogido el número para al menos leerlo. Se acaba en un periquete. Desde hace un par de años, la revista trimestral con forma de librito, "Eñe", sigue presentando la misma estructura de siempre: Los relatos ligados ligeramente al tema que toque envueltos del fragmento del diario de un escritor y del relato de un escritor sobre su biblioteca (para mí sus dos secciones por las que la sigo comprando). Pero, aires del tiempo, se han debido dejar llevar por algún asesor que les ha debido aconsejar hacerla más ligera. Han aumentado los tipos de letra, acoge textos más cortos, pone entradillas en letra gorda para anunciar el contenido de los artículos. Ya se sabe. Que la gente no tiene tiempo para leer, y se le debe ofrecer algo más digerible. Como en las revistas, como en los diarios,... Y así nos va.
El caso es que entre esto y que los artículos centrales están en castellano y en catalán, con las mismas páginas de siempre, pues me ha parecido muy poca cosa, y nunca -lo siento para los que lo han preparado- la gran mirada a Cataluña que se anuncia con todo eso tan bienintencionado de los puentes entre uno y otro lado y tal.
A estas alturas no es necesario, creo, hacer descubrir a Sergi Pàmies (al que ya traducen al castellano) y no era raro prever que su texto fuera el que más me ha gustado de los seleccionados.
De lo que envuelve al cuerpo central, pues hay una entrevista al Pere Gimferrer poeta que tiene unas pocas (muy pocas) cosas curiosas para los no lectores de sus poesías, pero curiosos para con el personaje. Y Caballero Bonald echa mano a sus antiguos recuerdos nada menos que de Carlos Barral. No es un bagaje muy sólido.
Pero sí hay una pieza a guardar como oro en paño, aunque sea con la apariencia ligera de un diario, falso, porque va saltando de un año a otro. Ignacio Martínez Pisón se vale de esa estructura para, al margen de hablar mucho más del carácter de la antigua Barcelona que el número entero, dejar escritos sus recuerdos de un hecho que le toca muy de cerca, como fue el suicidio de su amigo (y sobre todo amigo de su otro amigo Félix Romeo) Chusé Izuel. Sí, me gustaría haber podido ir a la Calders...
(La foto de Martínez Pisón la he sacado por la red y es de Inés Baucells. No sé de quién es la de Chusé Izuel, en blanco y negro)



