jueves, 30 de junio de 2016

Enye


Hoy, a las 19,30 h (quizás a alguien aún le dé tiempo) hay en la Calders la presentación de "Enye", el número 46 de la revista "Eñe", que está dedicado a Cataluña. Me gustaría ir, porque se anuncia presentado por Jenn Díaz (que hace las veces de algo así como la autora revelación) y por Ignacio Martínez de Pisón, uno de los novelistas más interesantes que hay por aquí, que siempre imprime a todo lo suyo, sea novela, relato o presentación, lo que debería exigirse a todos los que escriben, ese gusanillo de lo literario que se inocula en los lectores, y éstos pasan a vivir sus mundos y a buscar más.
Como no puedo ir, he cogido el número para al menos leerlo. Se acaba en un periquete. Desde hace un par de años, la revista trimestral con forma de librito, "Eñe", sigue presentando la misma estructura de siempre: Los relatos ligados ligeramente al tema que toque envueltos del fragmento del diario de un escritor y del relato de un escritor sobre su biblioteca (para mí sus dos secciones por las que la sigo comprando). Pero, aires del tiempo, se han debido dejar llevar por algún asesor que les ha debido aconsejar hacerla más ligera. Han aumentado los tipos de letra, acoge textos más cortos, pone entradillas en letra gorda para anunciar el contenido de los artículos. Ya se sabe. Que la gente no tiene tiempo para leer, y se le debe ofrecer algo más digerible. Como en las revistas, como en los diarios,... Y así nos va.
El caso es que entre esto y que los artículos centrales están en castellano y en catalán, con las mismas páginas de siempre, pues me ha parecido muy poca cosa, y nunca -lo siento para los que lo han preparado- la gran mirada a Cataluña que se anuncia con todo eso tan bienintencionado de los puentes entre uno y otro lado y tal.
A estas alturas no es necesario, creo, hacer descubrir a Sergi Pàmies (al que ya traducen al castellano) y no era raro prever que su texto fuera el que más me ha gustado de los seleccionados.
De lo que envuelve al cuerpo central, pues hay una entrevista al Pere Gimferrer poeta que tiene unas pocas (muy pocas) cosas curiosas para los no lectores de sus poesías, pero curiosos para con el personaje. Y Caballero Bonald echa mano a sus antiguos recuerdos nada menos que de Carlos Barral. No es un bagaje muy sólido.
Pero sí hay una pieza a guardar como oro en paño, aunque sea con la apariencia ligera de un diario, falso, porque va saltando de un año a otro. Ignacio Martínez Pisón se vale de esa estructura para, al margen de hablar mucho más del carácter de la antigua Barcelona que el número entero, dejar escritos sus recuerdos de un hecho que le toca muy de cerca, como fue el suicidio de su amigo (y sobre todo amigo de su otro amigo Félix Romeo) Chusé Izuel. Sí, me gustaría haber podido ir a la Calders...
(La foto de Martínez Pisón la he sacado por la red y es de Inés Baucells. No sé de quién es la de Chusé Izuel, en blanco y negro)



 

Diccionario enciclopédico de la vieja escuela


Le eché una ojeada recién aparecido en una librería y abriéndolo di con una entrada que ponía "Carnicería Sanzot" y remitía a otra diciendo "Véase Serafín Latón". Me dije que ese era mi libro, y me cayó por mi santo.
El "Diccionario Enciclopédico de la Vieja (al escribir me ha salido en la tableta un "aviesa" al que su autor sacaría mucho juego) Escuela" (Javier Pérez Andújar, Tusquets, junio 2016) se inicia con una introducción que veo hecha para que todos los periodistas puedan, evitando males mayores, entresacar de ella fácilmente alguna frase sobre las características del libro, sin necesidad de leerlo. Está muy bien, aunque quizás yo prefiera, como posibles definiciones, las que vierte medio escondidas en la entrada de "Zalacaín el Aventurero", una de las últimas -y muy buenas- entradas, en este caso inédita: "(...) como todos mis libros se trata sobre todo de un ajuste de cuentas (muy poco, diría yo), una declaración de principios (eso sí) y en buena medida de un libro de memorias". Y continúa: "(...) está hecho a base de obsesiones, es decir, de repeticiones interiores" (muy pocas más allá de las del estilo, diría yo. Por otra parte ya señala por otro lado un "acaso sólo haya una cosa que decir y nos lleva toda la vida dar con ella").
Sus textos proceden en su mayor parte de "El País", "La Vanguardia (Culturas)", el blog "Lady Filstrup" (en que colaboraba con un cronopio amigo suyo entusiasta de los tebeos y películas populares, el Burgomaestre, que hace no mucho cambió de golpe de vida, abandonando los barcos con los que navegaba) y "El Butano Popular" (una publicación virtual desgraciadamente ya desaparecida, a la que parcialmente ha venido a sustituir ahora "La charca literaria"). Unos cuantos de los textos son inéditos, y como varios de los mejores se encuentran entre ellos, incluso el poco probable lector que haya podido seguir al escritor por todas esas fuentes tiene razones de peso para la compra del libro. A parte de que está divertido ir descubriendo las diferencias de tono de uno u otro texto según la publicación a las que iba destinado.
Hay en el "diccionario enciclopédico" mucha pieza dedicada al mundo de los tebeos, pero contienen éstas, de tanto en tanto, sucintas biografías, que son en sí todo un novelón, como las de los dibujantes de Bruguera (o de escritores de novelas de kiosco), auténticos héroes heridos de la postguerra.
De vez en cuando, pero me ha dado la impresión que sobre todo por el final (con entradas en general de la parte final del alfabeto, pues), se da al comentario sociológico -eso siempre- y político desde el choque brutal con la actualidad, que le hace dar un salto en la silla, y reaccionar. He contabilizado cuatro entradas dedicadas a los asesinatos de Charlie Hebdo, una de ellas como mínimo magistral, homenaje emocionado donde los haya. Otro artículo político a leer sin falta considero que es el de la palabra "Mayoría", sobre la mayoría absoluta utilizada como arma arrojadiza.
Y siempre con su habilidad para ligar la Edad Media con las casas de vecinos, o para hacer suyo cualquier tema tamizándolo con su conocimiento del mundo de los tebeos, del barrio o el pobre del banco de ahí al lado. Y con sus bromas con el lenguaje y los nombres, tan habituales, haciendo distinciones en cosas como Garbo ("la revista, no la actriz"), la cubierta ("del tebeo, no del barco") o aclarando algo "motu propio, es decir con su propia moto". Desgraciadamente, bromas como esa de "el 27, el número, no el autobús" tienen los días contados y no las entenderán las generaciones venideras, fastidiadas con esas cosas tan feas del V11, V13 o H4 que se han sacado de la manga los consultores de nuestro ayuntamiento, acabando con recorridos de lo más histórico.
Hay momentos -entradas- en que no bromea en absoluto. Es el caso del artículo que dedicó a esa fotografía/traición de los sindicalistas con la presidenta del Omnium Cultural, que le sulfuró, y que tantas escamas levantó a muchos lectores. U otra larguísima e inédita, magistral, como "Nínive", sobre las destrucciones emprendidas por los miembros del Califato, en la que desde una perspectiva histórica ofrece una clara visión de lo que está pasando.

Al final he descubierto que lo de la Carnicería Sandoz y Serafín Latón era sólo un juego para que manosees bien manoseado el libro, pero por suerte las referencias a los personajes de Tintín van sazonando muchos de los artículos, y también he encontrado un texto inédito, "Tintinolatría", sobre el mundo de Tintín y sobre este mismo volumen suyo, empeñado en que sigan vivos todos los preciados fantasmas de los libros que hemos leído, de las películas que hemos visto. 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...