martes, 28 de noviembre de 2017

Modiano


En un número del mes pasado de "Les Inrockuptibles" le dedican portada y entrevista, insospechadamente (quizás para compensar el error de la semana previa, que levantó ampollas) a Patrick Modiano.
No es una entrevista enormemente interesante. Le preguntan sobre los dos libros que ha publicado, después del "descanso" de la recepción del Premio Nobel, cosas más o menos esperables, a las que contesta de forma correcta, un tanto esperable también. Pero en el reportaje, junto a fotos actuales aparece ésta de 1968, cuando Modiano acababa de publicar su primera novela, . Un mecanismo de memoria similar al que desencadenan sus novelas, revisitando la década de los 40 o esta misma de los 60, se dispara.

 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Passamaneria (Pruden Panadés)


Hoy era un día lleno de compromisos, de atractivas propuestas de todo tipo entre las que destacaba la reunión de anfibios de La Charca Literaria, que habían jurado remojarse con unas cervezas para acabar con la sequía que nos invadía hasta hace sólo unos días. Pero yo me debía a Pruden Panadès, que presentaba en la Documenta su "Passamaneria", su último libro.
Pruden prepara sus presentaciones como sus libros, con paciencia y laboriosidad. Como la de esta pasamanería, que podría ser también "orfebrería", pues las piezas de esa mercería matriz del libro bien podrían ser minúsculas joyas hilvanadas con primor. Las joyas entrelazadas de forma tan cuidadosa son en realidad las de su lenguaje, un catalán aquilatado con el tiempo, pero que no olvida su significado, residente en las pequeñas cosas, que tocan al hacerse presentes hasta bien al fondo.
Conozco a Pruden desde mi más tierna... juventud. Compartí con ella tareas de organización de un cine-club de barrio (el barrio recurrente de sus ficciones para adultos), alguna cómplice sesión de cine, un partido de hockey a lo bestia, colocación de cartón de hueveras por paredes y poca cosa más, porque pronto me dio calabazas. Se fue, además, a vivir fuera de Barcelona. Primero a un pueblo, luego a una ciudad, uno y otra del Vallés. Ahí se hizo Papisa de la cultura iba a decir que local, pero era universal. Buscaba no sé muy bien por dónde, pero encontraba a artistas fundamentales, de los que nunca había oído hablar, a los que me impulsaba a conocer. Hace no demasiados años nos reencontramos en su ciudad. Ella cambiaba de actividad y empezaba a ver claro un futuro en el que iba a ir depositando en revistas y libros de pequeño tamaño todo lo que había ido atesorando con el tiempo. Es por eso que su "Cosins de Tarzán" (Raig verd, 2012) o ahora este "Pasamaneria" (Godall Edicions, 2017) han visto la luz, marcando entre los dos un camino firme, muy rico.
En el acto de hoy de la Documenta su editora (de un nuevo pequeño sello editorial que tiene como logo un olivo) nos ha explicado que iba a inscribir el libro en su colección de poesía, a lo que la autora se opuso vehementemente, señalando que se trataba de pequeñas narraciones.
Mercè Romaní nos ha hablado luego de todo un mundo de sensaciones táctiles al que se penetra a través del libro.
Y Pruden Panadés, por último, nos ha explicado que uno de los orígenes del librito fue pensar en esas clases de hacer jerséis que daban gratuitamente en las mercerías cuando vendían unas cuantas madejas de lana. A hacer un jersey bien hecho, pues, no se le da valor alguno, pensó. Y quiso poner en valor ese hecho. También nos ha comentado que las muñecas hechas en casa siempre hablan. Algo que puede bien ser un pequeño resumen/clave de todo el libro.
No sé si era aplicación de la famosa discriminación positiva, pero casi todo el público que llenaba las sillas dispuestas al fondo de la librería para el acto era del género femenino. Ellos se lo pierden, he pensado. Como eso de la costura, el ganchillo, calceta y media ha sido tradicionalmente reino de las mujeres, Pruden Panadés -y eso engarza con lo explicado sobre el valor a dar a hacer un jersey bien hecho- ha confesado estar dando, con su escritura, apoyo a un feminismo de la diferencia, que no de la igualdad.
Para acabar: Marcos Ordóñez ha escrito una cosa muy hermosa sobre este pequeño libro, dando pistas sobre tres influencias que, de una u otra forma se hacen presentes en la lectura. Lo ha hecho -añado yo- con un claro aroma de barrio. No me resisto a transcribirlo:
"Al final de ese pasillo en penumbra con festones dorados, mientras afuera sigue cayendo la nevada del 62, juegan el niño Foix y el niño Brossa con muñecas cosidas a mano, muñecas que sueñan con los ojos abiertos, desvelados. Los niños esperan a la niña Rodoreda, que ha ido “a costura /a aprendre de lletra”, y ahora anda por los terrados, amiga de los gatos, vestida de adulta, invocando a las diosas del crepúsculo con una pata de pollo en el bolso."
Me he ido de la Documenta únicamente con una duda en la cabeza, que no me he atrevido a plantearle a Pruden Panadés públicamente. Al margen de sus libros infantiles, el primero que escribió ilustraba todo un alfabeto. Éste que hoy presentaba en Barcelona sigue en sus capítulos una sucesión de números, hasta llegar al 39. Por más que me estrujo las meninges no doy con la forma en que estructurará su tercer libro, una vez ya utilizadas las letras y los números para ello.



 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...