La situación griega y su vil aprovechamiento (vete a saber si ese era el objetivo) por parte de fieras carroñeras, ahora subiéndose a la parra; el mazazo dado al único país que parecía mantener alguna de las esperanzas de la primavera árabe; la noticia hoy de la muerte de un compañero de trabajo que se dejó ir;… Estas cosas mantienen bastante hundida la línea de flotación. Para que suba un poco cuelgo aquí la portada de este pequeño libro que me regalaron –con mucho acierto- el otro día.
Es mucho más por lo que sugiere –todo ese mundo de los pasajes- que por lo que es –la unión de dos artículos publicados separadamente en el tiempo sobre unos pocos pasajes barceloneses, junto a unas cuantas fotografías-. La autora, traductora, señala la función del pasaje como equivalente a la de su trabajo. A lo mejor. Pero si no, es igual. Es un libro de esos que da gusto tener entre las manos, por lo bien editado. Se lee en un periquete y de su lectura, de la visión de sus fotos –sobre todo del Passatge de la Industria- surge irremisiblemente el pensar cómo, con qué sensaciones asociadas, los descubrimos y vivimos en su momento. Es más que suficiente.
Si todo funciona como se descubre que funciona, por lo menos estos pequeños placeres no creo yo que nos los arrebaten.







