viernes, 21 de octubre de 2016

ABC de la guerra (Bertold Brecht)


Unas cuantas de las páginas de “ABC de la guerra” (Bertolt Brecht, Ediciones del caracol, 2004) surgen de la guerra civil española, con imágenes como ésta de la inmediata posguerra, glosado con este punzante epigrama. El texto del diario era: “El vencedor, general Yagüe, se arrodilla ante su trono durante una misa al aire libre en la plaza de Cataluña, Barcelona. Al fondo, el Hotel Colón. Detrás de Yagüe, los generales Martín Alonso, Barrón, Vega."
 

jueves, 20 de octubre de 2016

ABC de la guerra (Bertolt Brecht)


Dice la introducción de “ABC de la guerra” (Bertolt Brecht, Ediciones del caracol, 2004) que Brecht fue recortando imágenes de periódicos, revistas y propaganda bélica y a cada una de ellas les adjudicó un epigrama de cuatro versos para hacer llegar su verdadero sentido. Y que no fue fácil el camino del libro, se ve, hasta su final publicación.
Con su estilo altisonante, lanzando sus verdades entre exclamaciones, Brecht, como no puede ser de otro modo, se pone de parte de la gente, sean del color o nacionalidad que sean, frente a los que los manejan, al tiempo que consigue un álbum de horrores que debería alejar el peligro de cualquier otra guerra, por las desgracias que ocasiona, pero sobre todo por la manipulación y estafa enorme que, una vez desentrañada, supone.

El texto dice: "En el Hospital General Stark, Charleston, S.C., está pacientemente sentado un joven americano-japonés que quedó ciego al cruzar el río Volturno en Italia."




 

domingo, 16 de octubre de 2016

martes, 11 de octubre de 2016

Agustín González. Entre la conversación y la memoria


En su inicio, o mejor por el medio, no me entusiasmé lo que creía iba a entusiasmarme con estas conversaciones con el actor Agustín González (Ocho y medio, Libros de Cine, 2005), que ví y compré en la pasada Feria del libro antiguo y de ocasión de Barcelona. Pero al final, cuando le oigo –porque se le oye- decir eso de que “no me voy a quedar aquí para simiente de rábanos”, o un “a mí todo me parece un cuento chino”, o finalizar la frase con un “y a otra cosa, mariposa”, o cuando te lo imaginas tosiendo hasta más allá de decir basta, te reconcilias con la lectura, y das por bueno el tiempo empleado.
Admirador de siempre de este actor que con tanta convicción se estiraba de los pocos pelos que tenía en el final de “El extraño viaje”, gritando “¡Dios, Dios, Dios!”, me frotaba las manos pensando que, de familia de actores y habiendo él mismo recorrido todo el mundo de las compañías de teatro y habiendo formado parte del elenco de muchas películas, iba a relatar cantidad de cosas interesantes sobre ese mundillo. Hay unas cuantas, como cuando cuenta que una temporada actuó en dos teatros el mismo día, aprovechando que no salía en el último acto de una obra ni en el primero de la segunda, o cuando expresa cómo dejó en la estacada a unos cuantos directores estrella que se lo merecían, pero es una mínima parte de lo que esperaba, y podrían ser muchas más.
Creo sinceramente que le falta un guión de las conversaciones más estructurado (el hilo cronológico podría haber servido la mar de bien, y ya habría dado pie a extensiones varias), y le sobran datos que vierte él mismo sobre las obras o películas en las que participó sin aportar valoración personal, o reflexiones muy generales que no le retratan demasiado.
Lo mejor, en cualquier caso, es cuando “se le oye” o cuando efectúa su personal reflexión sobre algo cercano, como opinar que “(con la edad) no se gana nada, creo que morirse es un fracaso rotundo, aunque no sea responsabilidad de uno sino de una serie de circunstancias”.
Un amigo me explicó una conversación con Luis Ciges, otro de esos actores de marca tan extraordinarios. Le sorprendió oírle decir que él se creía muy válido para papeles de protagonista, y que los directores no le habían sacado todo su potencial. Este resquemor interno es también constante en el caso de Agustín González. Y es que los vemos y admiramos en sus papeles de caracteristicos, y no llegamos –al menos a mí me pasa- a pensar que ellos quisieran superar con mucho la dimensión de sus papeles, tan perfectos.

 

viernes, 7 de octubre de 2016

Una viajera por Asia Central (Patricia Almarcegui)

Hacia el estrado.

Pues ya tenemos el libro completo del viaje fundacional de Patricia Almarcegui por algo más allá del Oriente Próximo. Después de la presentación del pequeño "Escuchar Irán" (Newcastle) hoy se ha presentado también en Altair "Una viajera por Asia Central" (ediciones de la Universidad de Barcelona).
Como en el anterior (no por casualidad los dos eran uno sólo, que iba a salir en la colección de El País Aguilar que desapareció) la base es el diario de viaje que escribió entonces pero, como ha comentado, dándole la vuelta varias veces.
De la presentación de María Angulo me ha quedado sobre todo cómo ha recalcado una de las cosas que dice en el libro: el poder de atracción de ciertos lugares con nombre hermoso, que invitan al viaje. Basta pensar en Samarkanda...
De la de Roberto Herrscher, el director de la colección, que además ha prologado este volumen (posiblemente porque es lo primero que he sentido y dicho al ver el libro), que se trata, como toda la colección de la UB, de un objeto precioso. Es suficiente ver la tapa, con esa foto cuyos detalles ha explicado luego la escritora, pero completa la impresión abrirlo, olerlo, ver los tipos de letra,...
Patricia Almarcegui se ha referido a esto último en su intervención. Ha hablado de libro cuidadoso, con su mapa y todo. Luego, hablando entonces del título, ha hecho únicamente una deconstrucción: Asia Central, sinónimo de viaje complicado, con pase de fronteras conflictivo. Y "Una viajera", que le ha llevado a confesar que quiere dejar ya de hablar de la mujer viajera, como deseo, por pasar a ya a ser lo normal, sin preguntas insidiosas o discriminadas al respecto.
Ha explicado también, respondiendo a una pregunta del público, una experiencia que todos hemos pasado: que basta con haber estado en un sitio para sentir mucho más próximos todos los acontecimientos que en él pasan a continuación. Oímos que las noticias de la televisión hablan de ese país, y le prestamos una atención inusitada, como si algo nuestro nos fuera en ello.
A ver si la próxima presentación de libro de Patricia Almarcegui es la de su novela, protagonizada por una muchacha dedicada en cuerpo y alma al ballet, que...

El director de la revista Altair presentando el acto.

Roberto Herrscher, Patricia Almarcegui y María Aguado.

Con una prenda no sé si de Kirguistán, tras la mesa redonda.

Firma de ejemplares.


Media hora después seguían las firmas de dedicatorias. 

martes, 4 de octubre de 2016

La máquina de pensar. Ramón Llull y el ars combinatoria

Amador Vega dando su charlita en el auditorio a una sala repleta de gente que llevaba una pegatina que decía "Visita guiada".

Hace un tiempo, Patricia Almárcegui reflejaba por aquí, Perejaume al margen, cierta decepción ante "La máquina de pensar. Ramón Llull y el ars combinatoria", la exposición que estará en el CCCB hasta el 11 de diciembre. Yo vengo ahora de salir indignado no de la exposición, que se puede decir que no he visto, sino de la maniobra del mismo CCCB.
Me explico: Suelo hacer una primera visita a las exposiciones del Centro con los recorridos introductorios que ofrecen los propios comisarios de cada una. Por la experiencia confrontada con otras a las que he acudido directamente, sin filtro alguno, sé que con el comisario por el medio haciendo ese papel se les saca un rendimiento muy superior. Pues bien: No pude acudir a la primera visita comentada por Amador Vega, el comisario de la exposición sobre LLull, y he esperado a esta segunda también anunciada. Pero resulta que el CCCB ha gestionado y obtenido una de esas sinergías que tanto se buscan últimamente, y vaya si le ha resultado. Ahí estaban concentrados, me da la impresión, los amigos (casi todas amigas, por cierto y, como en casi todas las actividades culturales, no muy jóvenes) de todos los museos barceloneses. Llenaban el auditorio, donde Vega ha hecho una escueta introducción de diez minutos, para luego soltar a las fieras (un mínimo de dos autocares bien repletos) a que se enfrentasen ellos solos con Llull.
"Nada se explica por sí mismo, sino a través del otro", he entendido que decía Amador Vega que era una de las conclusiones de la obra de Llull. Esos otros, ya que él no ha explicado nada, supongo que eran los diferentes artistas que presentan obra en la sala, en conexión cósmica con el legado de Llull. No me he entretenido a analizar las diferencias entre ellos, aunque aunque éstas fueran -según he anotado también en el auditorio- las que garantizan la convergencia.
Llegados a este punto, seguramente debería haber aplicado las dos ideas básicas que nos ha comunicado también el comisario en el auditorio como las de todo Llull: El movimiento y la interconexión. Ésta última es la que te puede hacer relacionarlo con Liebniz, Oteiza, Cirlot y los demás de los que se ven por ahí frases, pensamientos u obra. Lo primero, el movimiento, es el que he aplicado para escaparme rápido de la marabunta, tras haber intentado entender eso de que "la raíz de un árbol es una rueda" (Perejaume).

La impresión de viñeta de cómic de las bellas ilustraciones de los libros de Ramón Llull, reforzadas...

... por las ocho o nueve pantallas gigantes exhibiéndolas a modo de cómic gigante, con animación.

Reproducción de la máquina de calcular de Leibniz.

(Leibniz). Uno concluye que en este país no se calcula, que no se calcula nada...


Jaume Ayats cantando él mismo en el coro que dirige, ofreciendo la banda sonora -en verdad touchant- de la gran pantalla con la pieza de Perejaume.

La raíz del árbol es una rueda.

La explicación de Perejaume.


 

La charca literaria


Una muestra. Uno de los dos artículos de hoy de "La Charca Literaria". Prodigio de narración fluida, dotes de observación y sentimiento artístico solidario. Le habría faltado un poco de sangre para poder entrar en aquellos "Tiemble después de haber reído" de La Codorniz.


https://lacharcaliteraria.com/paseos-visitas-y-excursiones/?fbclid=IwY2xjawNNrTtleHRuA2FlbQIxMABicmlkETA3VzFwdGVaSkVTcmdsa3ZOAR5sRgABjgc6Y87lny7RqwVWBO9ImoxVNJRt-jIg20-SwAA6-MBFr459oKnxAQ_aem_3Ng8Brzxl1Ss4yn_FO-1Kg


Les fenêtres


Traduzco del catalán lo que nos dijo sobre este mítico fotolibro en 1994 Leopoldo Pomés:
“Recibí algunos encargos de libros. El primero fue “Les fenêtres” de Rilke (1957). Ramón Julià y el pintor Lluís Marsans, que eran unos locos maravillosos, querían intentar sacar adelante una editorial de calidad (Ediciones R. M.), realmente atipica y fuera del contexto editorial que había por aquí en aquella época; pretendían hacer libros esquisitos tanto en su forma como en su contenido. El primero sería éste con poemas de Rilke y fotografías mías, con diseño de Ricard Giralt-Miracle. Fue un trabajo muy conseguido, con cubiertas forradas de una especie de papel vegetal que le daba una presencia etérea y diferente. La traducción, que por cierto no gustó nada a Lluís Marsans, era de Gerardo Diego. Se vendieron muy pocos. Al cabo de unos años, cuando ya me ganaba bien la vida, adquirí casi toda la edición (unos 1500 ejemplares).
”Para nuestra satisfacción y orgullo tanto a Martí Rom como a mí nos regaló uno de esos ejemplares.

 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...