domingo, 28 de abril de 2013

Animales urbanos (Karen Leiz)


Llibres - 93
Los años 80 apareció un libro “El Putxet. Memòries d’un paradis perdut” (Elvira Farreras. Ahora edición en La Campana) que se ha convertido, por méritos propios en la historia oficial y fuente inexcusable sobre la historia de ese barrio barcelonés, refugio de una potente burguesía durante buena parte del siglo XX.
Pero en 2004 apareció este libro de Karin Leiz, al que, a mi entender, no hay ningún otro que le iguale como evocación de lo que, para esa gente, llegó a ser ese barrio. Inteligentemente, ella estructuró su libro de recuerdos infantiles a base de capítulos dedicados, cada uno de ellos, a un animal presente en el barrio en esa época. Con ese artilugio, perros, palomas, peces de estanque, renacuajos, loros, el burro de un vendedor,… sirven para ir dibujando el tipo de vida de toda una época en ese microcosmos tan particular.
Mis padres no tenían, lamentablemente, una casa en el Putxet, pero sí un piso de alquiler cercano, un poco más abajo de lo que luego fue la terrible zanja de General Mitre, la Ronda del Mig, y casi me saltaban las lágrimas al reconocer por esas páginas, al margen de todo un aire perdido, la vaquería del lechero, el pobre caballo de aquel repartidor, la papelería de las hermanas de la calle Zaragoza…
Una vez confeccionado el libro que dedicamos a Leopoldo Pomés, vimos que habíamos cometido la tropelía de no haberlo dedicado conjuntamente a él y a su primera mujer, Karin Leiz, que fue parte fundamental en muchas de las obras del Studio Pomés. Intentamos reparar el daño incluyendo en el libro una entrevista con ella… que sólo hizo que confirmarnos su enorme personalidad. Tras este librito, que merecería un éxito enorme, que no ha tenido, debemos esperar ahora un libro, al parecer, como de memorias adultas, cuya entrega, perfeccionista como es, va aplazando. Y, mientras tanto, ha dado a la imprenta un colosal libro sobre las verduras, del que otro día hablaré.
Karin Leiz – “Animales urbanos”
Ediciones Barataria. Barcelona, 2004


 

martes, 16 de abril de 2013

Los versos del capitán


Dice Cesar Antonio Molina (“Donde la eternidad envejece”, Destino 2012, página 74) que “Los versos del capitán” (Pablo Neruda), se publicó en Nápoles en 1952, cuando ya había vuelto a Chile, tras estar seis meses en Capri. Lo curioso es la relación de suscriptores de esa edición no venal:
“Matilde Urrutia, Neruda Urrutia (el esperado hijo), Pablo Neruda, Elsa Morante, Vasco Patrolini, Einaudi, Jorge Amado, Nazim Hikmet, Palmiro Togliatti, Luchino Visconti, Quasimodo, Carlo Levi, Guttuso, Pietro Ingrao, el actual presidente italiano (ahora cambiando) Giorgio Napolitano”… y pocos más, porque su tirada fue de 45 ejemplares.
(La foto de Neruda enfundado en un abrigo, bajando por una empinada calle de Capri, es de Mario Torrisi –AP-. De la otra, sacada de lisolaweb.com, no he encontrado autoría.)



 

domingo, 14 de abril de 2013

Carbon para Mike (Bertolt Brecht)


J. Font habló también de un singular poema ferroviario. Se trata de “Carbon para Mike”, de Bertolt Brecht, basado en una historia de Sherwood Anderson:
Me han contado que en Ohio,
a comienzos del siglo,
vivía en Bidwell una mujer,
Mary McCoy, viuda de un guardavía
llamado Mike McCoy, en plena miseria.
Pero cada noche, desde los trenes ensordecedores de la Wheeling Railroad,
los guardafrenos arrojaban un trozo de carbón
por encima de la tapia del huerto de patatas
gritando al pasar con voz ronca:
"¡Para Mike!"
Y cada noche, cuando el trozo de carbón para Mike
golpeaba en la pared posterior de la chabola,
la vieja se levantaba, se ponía,
soñolienta, la falda, y guardaba el trozo de carbón,
regalo de los guardafrenos a Mike, muerto
pero no olvidado.
Se levantaba tan temprano y ocultaba
sus regalos a los ojos de la gente,
para que los guardafrenos no tuvieran dificultades
con la Wheeling Railroad.
Este poema está dedicado a los compañeros del guardafrenos McCoy
(muerto por tener los pulmones demasiado débiles
en los trenes carboneros de Ohio)
en señal de solidaridad.
(La foto de Bertolt Brechy está muy reproducida por la red, pero no he sabido encontrar quién la hizo)


 

viernes, 12 de abril de 2013

Via Véneto de Fellini en "Donde la eternidad envejece" (César Antonio Molina)


Sobre la Via Veneto romana dice César Antonio Molina en su “Donde la eternidad envejece” (Destino, 2012):
“Aún conserva hoteles y cafés de antaño, aunque algunos de ellos han desaparecido, como el Café Rosati. En él se reunía el grupo más numeroso y significativo de escritores, periodistas, gentes de teatro y cineastas de los años cincuenta del pasado siglo. Los habituales eran, entre otros, Ennio Flaiano (uno de los guionistas de ‘La dolce vita’, junto con Fellini y Tullio Pinelli), el más satírico y cínico; Brancati y Roberto Rossellini. Tertulias nocturnas a la salida de los estrenos teatrales o cinematográficos. Tertulias multitudinarias donde se defendían ideas liberales, donde se polemizaba alegremente tras los largos años oscuros de la segunda guerra mundial. Era la edad de oro del neorrealismo. Era la época en la que las jóvenes y bellas musas como Alida Valli caminaban como diosas desprendidas de los péplums. El Café Rosati estaba en la parte alta de la calle. Abierto en el año 1911, hizo compañía a otros que corrieron la misma suerte que él: el Strega-Zeppa, el Doney o el Café de París. La magnífica librería Rossetti tampoco existe ya. Hoy la sociedad cultural que le dio fama a esta calle de Roma, una urbe milenaria repleta de vías famosas, ha desaparecido totalmente. Continúan los hoteles lujosos con sus terrazas, al aire libre o acristaladas a pie de calle, y los elegantes salones por donde sólo corren turistas.”
(La foto la he sacado de tumbir.com)


 

Donde la eternidad envejece (César Antonio Molina)


Pasó de Director del Instituto Cervantes a Ministro de Cultura de la última legislación socialista, cargo en el que se ganó odios y fama de antipático, con aquél sonado enfrentamiento con Rosa Regás, a la sazón Directora de la Biblioteca Nacional.
Pero qué le voy a hacer, si sus libros son, para diletantes como yo, a los que su lectura nos dan un barniz de falsos lectores de libros que nunca hemos leído ni leeremos, casi imprescindibles.
Sólo llevo leídos tres capítulos de su última entrega, “Donde la eternidad envejece” (el más voluminoso de todos, casi 550 páginas, como si hubiera guardado material de su etapa ministerial o si, liberado de cargas, respirara dedicándose a lo suyo), y ya he captado por dónde iba el pensamiento de Séneca, cómo se formó y para qué se utilizaba la Isla Tiberina de Roma y hasta cómo funcionaba la cocina interna de la gran época de la Vía Véneto. Pas mal…
Son los suyos libros de reflexiones de viajes, pero en realidad son libros producto de una frecuentación brutal de los clásicos, de venga bibliotecas.
(La foto de César Antonio Molina es de Uly Martin, y la he sacado de la web de El País)



 

martes, 9 de abril de 2013

Arxiu Bolaño


Archivo Bolaño: ¿Historia de una obsesión?
Si hablamos de exposiciones bien puestas, no deberíamos dejar de hablar de este “Arxiu Bolaño” (en el CCCB de Barcelona hasta final de junio). Carolina López se presenta un día en el CCCB y plantea hacer con Roberto Bolaño una de esas exposiciones sobre escritores que han dado fama a la casa. Se adentran entonces en los papeles y cuadernos que dejó a su muerte y se dan cuenta de que lo publicado o incluso lo ahora expuesto es únicamente la punta de un enorme iceberg…
Juan Inusa, uno de los comisarios de la muestra enumera: No salieron a la luz 24 cuentos, 4 novelas, más de 100 poemas., cantidad de fotos, correspondencia,… Bolaño es lo que ya se oye por ahí, sobre todo después de su eclosión en Estados Unidos: un universo en expansión.
Quizás la mayor sorpresa de la exposición -que sigue sus tres etapas de residencia catalana: Barcelona 1973 – 1980, Girona 1980 – 1984, Blanes 1985 – 2003): Esa letra tan pulcra, totalmente inteligible, de sus cuadernos y papeles. Bien colocados en vitrinas, con lupas para permitir leer párrafos significativos, estos cuadernos tan impolutos seguramente están hablando de la historia de una obsesión. Una obsesión vital por la literatura.


 

lunes, 8 de abril de 2013

Amapolas en octubre (Isabel Mercadé)


Hoy, en el Salambó, ha habido una pequeña ceremonia, “celebración de la amistad”, como ha acabado por definirla su protagonista, Isabel Mercadé.
No soy lector de poesía. Pero he visto por este FB su nombre siempre asociado a cosas sensatas y, de vez en cuando, a algún poema con una o dos frases que no dejan indiferente. Por eso he acudido, discretamente, pero lleno de curiosidad, a la sesión de presentación de su “Amapolas en octubre” (Els ulls de Tirestes, de Café Central, Barcelona 2013). Cuando he llegado, cinco minutos antes, el altillo del Salambó ya estaba lleno a rebosar, y he tenido que colocarme al fondo, apoyado en la barra del bar.
Dolors Miquel ha dicho que Isabel –como todo poeta, ha recalcado- versifica como respira, y ha explicado las razones por las que, si estás en determinada época en Londres, ves que todo el mundo va con una amapola de papel en la solapa, aunque no ha quedado luego claro si Sylvia Plath, inspiradora del título, lo sacó por eso.
Alfonso Levy, por su parte, ha recordado, la mar de expresivo, que la buena poesía está siempre entre el cielo y la tierra, y señalado la exactitud (no ha utilizado esta palabra) de Isabel en la utilización de cada palabra en sus poemas: no pueden ser otras.
Por último, Isabel ha señalado las razones de la dedicación de la “plaquette” a otra Isabel, Isabel Núñez, y me ha hecho recordar las confidencias que por aquí mismo hizo sobre sus primeros encuentros.
Luego he comprado un ejemplar de esta edición que, alabada por todos, ha hecho artesanalmente Toni Clapés (Café Central) y eso me permite, además de atesorarlo en casa, acabar sin riesgo parafraseando uno de sus poemas, diciendo que realmente nos ha dado un poco de belleza, entre el miedo y la sombra. Y la luz.
(La foto de Isabel Mercadé la he sacado de cartasenlanoche.blogspot.com.es)




 

domingo, 7 de abril de 2013

La forja de un rebelde (Arturo Barea)


Llibres - 91
Sobre todo el primero de los tres libros contenidos en este tochazo, se deglutía muy bien. Era 'La Forja', el descubrimiento de un mundo muy específico -la España de principio del siglo XX- narrado desde el punto de vista y casi el lenguaje de un niño que, más adelante, irá a la guerra de Marruecos (segundo libro, 'La Ruta') y desembocará en la guerra civil (tercer libro: 'La Llama'). No en vano lo escribió Arturo Barea recién exiliado, en los 40.
Se ha popularizado un montón, y se ve que hasta se ha hecho una serie de TV a partir de él. No sé ahora, pero leído en su momento, tenía su qué.
Arturo Barea - "La Forja de un rebelde"
(Ediciones Montjuich, Mexico D.F. 1959. Tengo anotado que me hice con el libro en agosto de 1977)


 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...