lunes, 25 de julio de 2016

For Sale (Elisenda Pons)


Dice en su contraportada que “For Sale” (Elisenda Pons, autoedición www.elisendapons.com 2014) “propone un viaje fotográfico por los paisajes de la crisis económica en Estados Unidos, Irlanda, Grecia, España y Portugal. La geografía de la desolación: solares vacíos, aeropuertos abandonados, andamios como esqueletos sin carne, carreteras hacia ninguna parte, palmeras que hunden sus raíces en el cemento.”
Pero quizás sean fotos de demasiado al inicio de la crisis, justo de cuando nos dimos cuenta cabal de lo que había estallado, y todavía, presos de la sacudida, pensábamos que la fuerza de lo ocurrido iba a hacer cambiar las formas de actuar. Si no, no se entiende que esa misma contraportada, tras hablar de preservar la memoria de nuestros errores, acabe diciendo que “la suya es una mirada crítica e inteligente; una invitación, todavía, a la esperanza.”
Colaré por aquí alguna foto más, aún sabiendo ya que estas formas de hacer no hay quien las corrija.

Aeropuerto de Ciudad Real, 2012

Urbanización Trampolín Hills, Murcia, 2012.

Seseña, 2012
 


Se llama “Somorrostro” y lleva como subtitulo “Crónica visual de un barrio olvidado”. Lo editaron Líniazero y el Ayuntamiento de Barcelona en 2013. Contiene un texto de Mercè Tatjer que explica lo que se sabe del barrio y su evolución y el conjunto de fotografías que un muy joven Manel Gausa hizo un domingo de 1958 que pasó en ese barrio de barracas que había entre las fábricas y la playa vertedero.
Se lee y ve en un momento, pero da para reflexiones varias mucho tiempo.




 

miércoles, 13 de julio de 2016

Escuchar Irán


“Nunca habría pensado que escribir el viaje fuera un ejercicio de semejante intimidad. Aquí está mi forma de mirar, de reflexionar, de ser curiosa, de enfrentarme al otro.” (1) Eso se lee en la nota introductoria de Patricia Almarcegui a su “Escuchar Irán” (Newcastle Ediciones, 2016). Y he de confesar que bajo ese prisma, descubriendo esos momentos (“Ah, de modo que así…”) es bajo el que he ido leyendo todo este pequeño libro.
Un primer viaje -largo para lo que se estila, pero tampoco tanto-, por Irán en 2005 le recuerdan las notas de diario de viaje sobre las que ha estructurado el libro. Un libro de viajes atento mucho más a las comparaciones, a las sensaciones, que cualquier otra guía de viajes.
Una primera de esas sensaciones, visual en este caso, aparece en seguida, antes de la llegada al país, y provoca de inmediato la identificación. Está en el aeropuerto de Estambul, y entretiene la espera mirando a la gente de las diferentes puertas de embarque. En la de Jidda, destaca, “había hombres y mujeres vestidos de blanco luminoso.”
Otra observación, ésta ya repetida por muchos lados en que ella u otros han hablado del libro: Es ese movimiento cíclico, de colocación del pañuelo para cubrir los cabellos al oír el anuncio de la toma de tierra en Teherán y al final, al entrar en el avión que la llevará de regreso, el otro, complementario, de sacárselo de la cabeza, que muchas mujeres del pasaje hacen casi al unísono. Es una imagen muy poderosa, que a la vez le sirve para verse integrada como mujer. Porque en las reflexiones, conversaciones, apuntes que siguen tienen una importancia capital las que hace en tanto mujer, viajera sola, además, a un país de Oriente.
La segunda mitad del libro está mucho más centrado en el trayecto, acercándose más –pese a la enorme lejanía- a la guía de viajes al uso. Es en su inicio, sobre todo, donde aparecen el mayor número de reflexiones personales que se agradecen, porque entre otras cosas te llevan a sensaciones hermanas experimentadas en cantidad de viajes. Es el caso, por ejemplo, de la visión de los anodinos barrios del extrarradio que llevan del aeropuerto a la ciudad, la fijación de una imagen (en el caso de Teherán la de las vecinas montañas) como icono personal perpetuo del lugar, la obsesión por ir a espacios disfrutados por los habitantes del sitio, etc.
Acostumbrada a escribir artículos de opinión en los que habla de la situación de países de Oriente que ha visitado, se nota y admira también su facilidad para añadir frases sobre la actualidad, centradas en hechos que no suelen aparecer por los periódicos, que te ayudan a montar un buen retrato complementario, y llegar a todo un decorado integrado con lo que se visita.
Se aprecia en el libro la confrontación con todo un bagaje previo, obtenido a base de lecturas, visión de películas, estudio en bibliotecas. Eso le permite establecer un paralelismo entre las alfombras persas, sus jardines y el paraíso que ya no olvidaré nunca. O escribir comentarios como éste, con el que acabo estas notas sobre el libro, para que los improbables lectores de las mismas alcen la vista e imaginen algo tan visual: “Caminamos juntas bordeando cipreses y granados al igual que en una ilustración persa”.
La foto de Shiraz la he sacado de es.troovel.com
(1) He entrecomillado la frase, y he mentido. Ella escribe “el Otro”, así con mayúsculas, y yo le he bajado el rango, enmendándole la plana. Está mal hacerlo, pero es que ni el otro es ningún Dios, ni tiene, para mí, tanta importancia en el libro como el yo que lo escribe. Si finalmente llego a hacer un viaje a Irán está claro que lo volveré a leer anotando las cuatro cosas de cada lugar que escribe haber visto, pero sobre todo –y ahí quiero llegar- sus sensaciones, que son las que dan un atractivo adicional a esta, en principio, “guía de viaje”.


 

jueves, 7 de julio de 2016

Las pequeñas virtudes


"Las pequeñas virtudes" (Natalia Ginzburg, Acantilado), que ya he terminado de leer, tiene dos partes. Una primera con textos hilarantes, como los dedicados a la comida británica previa a la transformación que se está viviendo en estos momentos en eso por ahí (aunque es verdad que también contiene un emotivo texto que evoca a su amigo Cesare Pavese). Una segunda con textos más íntimos, como el que da nombre a todo el volumen, con una serie de consejos chocantes, pero brillantes una vez reflexionados, sobre cómo se debería educar a los hijos. De esta segunda parte, y concretamente del capítulo llamado "El hijo del hombre", entresaco este fragmento que deja comprender el calvario vivido en los años 30 y 40 por las víctimas del fascismo en Europa, como ella y su familia.
"Ha pasado la guerra y la gente ha visto derrumbarse muchas casas, y ahora ya no se siente segura en su casa como se sentía tranquila y segura antes. Hay algo de lo que no nos curamos, y pasarán los años y no nos curaremos nunca. Quizás tengamos otra vez una lámpara sobre la mesa, y un jarrón con flores y los retratos de nuestros seres queridos, pero ya no creemos en ninguna de estas cosas, porque una vez tuvimos que abandonarlas de repente o las buscamos inútilmente entre los escombros."
"Es inútil creer que podemos curarnos de veinte años como los que hemos pasado. Aquellos de nosotros que hayan sido perseguidos, nunca volverán a tener paz. Un timbrazo nocturno no puede significar otra cosa que la palabra 'policía'. Es inútil decirnos y repetirnos que tras la palabra 'policía' tal vez haya ahora caras amigas a las que podemos pedir protección y ayuda. Esa palabra siempre nos produce desconfianza y espanto. Si miro a mis hijos cuando duermen, pienso, aliviada, que no tendré que despertarlos en plena noche para huir. Pero no es un alivio pleno y profundo. (...)"
Cada vez que noto un nuevo avance de las ideas fascistas por Europa, y ahora es un momento álgido en ello, me digo que cómo es posible que se vuelva a ver pasar por aquí, sin espanto, esa rueda.
En la foto, Leone y Natalia Ginzburg, autor y fecha desconocida para mí.


 

miércoles, 6 de julio de 2016

Natalia Ginzburg


En su "Elogio y lamento de Inglaterra", que aparece en "Las pequeñas virtudes" (Acantilado, 2015 en su sexta reimpresión) y que ahora tengo en gustosa lectura, Natalia Ginzburg, para dejar claro por oposición su retrato de Inglaterra y sus gentes, habla de Italia:
"Italia es un país dispuesto a someterse a los peores gobiernos. Es un país donde, como ya se sabe, todo funciona mal. Es un país donde reina el desorden, el cinismo, la incompetencia, la confusión. Y sin embargo, por las calles se siente vivir la inteligencia, como una sangre vívida."
No teniendo a mano una fotografía de Italia que ilustre lo escrito, he buscado por la red alguna. He dado con ésta que María Luisa ha colgado en su álbum de Pinterest sobre Roma. Pertenece a la Vía della Scala, en el Trastevere. No corresponde a lo que quería, pero es que esa era una misión imposible. Estoy convencido que habrá quien me entienda, y le pondrá mentalmente una imagen adecuada.

 

martes, 5 de julio de 2016


Como un plácido paseo me ha resultado la lectura de "Musas, mecenas y amantes" (Victoria Combalía, Editorial Elba, 2016), un recorrido por la vida de seis mujeres ligadas de una de esas tres formas a artistas surrealistas, o incluso con incursiones propias en la creación surrealista. Un paseo también, en buena parte, por un mundo (aún con inquietudes artísticas, eso sí) como es el del lujo y la sofisticación, pues casi todas ellas podrían tildarse de millonarias. Como se trata de un mundo que suele caer algo a desmano, la lectura abre una posibilidad de conocimiento inusitado, y uno se queda boquiabierto sabiendo de viajes de boda por todo el mundo que duraban casi un año, matrimonios de conveniencia muy civilizados y dadivosos, o rojos de buena familia que acababan teniendo comportamientos más que dudosos durante la ocupación nazi.
Al tiempo que relata estas vidas que son cada una como un rápido cuento de hadas con final infeliz, Victoria Combalía, como quien no quiere la cosa, te va explicando espacios que salen a colación (como las casas de Víctor Hugo o la isla de Seine en el capítulo dedicado a Valentine Hugo) con pequeñas observaciones que denotan que conoce los lugares. No sólo eso. En un libro de fácil lectura e imposible ambición exhaustiva debido a su pequeño tamaño (160 páginas para hablar de las seis vidas), vas acumulando pequeños saberes nada despreciables. En mi caso, por ejemplo, cosas tan dispares como la intervención de los Hugo en la determinación de los trajes de "La Pasión de Juana de Arco" de Dreyer, en qué consisten los "cadáveres exquisitos" o la razón de ser del "violín de Ingres" en la fotografía de Man Ray.
La mini biografía de Kiki de Montparnasse, el personaje posiblemente más diferenciado del resto de las biografiadas, por ejemplo, le sirve para dar unas nutridas notas sobre los locales del París de entonces, y un repaso a otros muchos artistas de la época, como no deja de hacer en otros capítulos.

Y también se le debe agradecer las pistas sobre películas y libros a buscar. Como ese que he anotado raudo de Louis Aragon: "Le paysan de Paris". ¡A por él! 

domingo, 3 de julio de 2016

Elogi i refutación de la tramuntana


Expliqué por aquí en otra ocasión los gritos que soltó mi padre por allá el año 1960, conduciendo el coche con el que intentaba llevarnos a la playa de Empuries y viendo las ruinas. Ya debía ser como mínimo el quinto día seguido de fuerte tramontana, y estaba desesperado:
- ¡Ya sé! ¡Por fin lo he descubierto! ¡No podía ser otra cosa! ¿Cómo no lo pensé antes? ¡Los griegos se fueron de Empuries porque no aguantaron la tramontana!
Por la Biblioteca de L'Escala he encontrado este librito (Xavier Febrés. Elogi i refutación de la tramuntana. Diputació de Girona, 2015), y me lo he llevado a casa, pensando que alguna cosa curiosa sacaría de él.
Me ha decepcionado bastante, porque el tema es inacabable en anécdotas de todo tipo (al margen del tren que tiró en Colera, yo mismo tengo una tía que se rompió un brazo y dos costillas arrojada al suelo por el viento...) y en cambio apenas si habla y repite sobre lo que han dicho a favor y en contra unos cuantos escritores, y de análisis que se han hecho al viento desde el punto de vista "científico", llegando a una estrepitosa indeterminación sobre si el viento puede provocar trastornos a los empordaneses, y quedar para los restos "tocats de la tramuntana".
Aún con todo, en mi lectura en diagonal del libro he sacado un par de cosas curiosas.
Una de ellas el Teorema de l'Empordà, que publicó en 1966 un ingeniero de caminos, por el que la perfecta forma de la Bahía de Rosas era la combinación de dos elipses ambas tangentes a un mismo eje, con relación entre sus ejes que rozaban la proporción áurea, y había sido moldeada precisamente por ese viento.
La segunda un bulo divertido, por el que el reglamento de la Guardia Civil permitía específicamente a los números subir a cuatro patas las escaleras al piso superior de su casa en la frontera cuando soplase la tramontana.
Poca cosa, pero menos da una piedra.
En la segunda foto, día de tramontana en L'Escala, el pasado 1 de mayo. Tiene la ventaja de ser un viento seco, y que limpia nubes, cielo y todo lo que se le ponga por delante...


 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...