domingo, 22 de enero de 2017

En defensa de los ociosos (Robert Louis Stevenson)


Yendo por la calle conversando, una amiga me recomendó el "En defensa de los ociosos" de Robert Louis Stevenson en su edición de Gadir, transmitiendo tan bien la pasión desprendida de su lectura que me paré un momento, cogí bolígrafo y libretita y anoté el recado. Siempre me gustó mucho Stevenson, aunque hacía mucho que ya no lo leía, y el tema del librito parecía estar hecho para mí.
Al poco tiempo lo tuve en mis manos, y alguna frase leída a la tuntún, su estupenda edición, me acabó de convencer y lo cogí para comprarlo, cuando me recordaron que debíamos ir a nuestra librería para comprar todos los libros pensados para navidades, y podíamos hacerlo parte del paquete.
En nuestra librería estaba "En defensa de los ociosos", pero no en la edición de Gadir, sino en la colección Great Ideas de Taurus, que no es que sea en absoluto una colección mal diseñada. Sin conocer a los traductores de una y otra edición estuve dejando y cogiendo, indeciso, el librito de la estantería. Lo dejaba cuando veía que el placer de tenerlo abierto entre las manos no era el mismo que el sentido con el otro. Lo volvía a coger cuando pensaba que la cubierta y contracubierta, el tamaño del libro de Taurus también estaba bien, y cuando me daba cuenta que, a parte del buscado, esta edición llevaba más textos de Stevenson que la otra. Y ya estaba ahí, y a ver cuándo volvería a la otra librería. Acabé comprándola.
Pese a que "En defensa de los ociosos" es un texto muy corto, no lo he leído de un tirón. Por cansancio acumulado, poniéndome a leerlo por la noche, me quedé dormido con él en las manos un par de veces, y he hecho de él una lectura demasiado atolondrada, con momentos que me han parecido radiantes, y he subrayado, pero otros que me parece he pasado leyéndolos, pero sin enterarme.
Ahora me digo que posiblemente me haya vencido la avaricia de tener más relatos por el mismo precio, y que la caja tipográfica del librito de Taurus, muy llena, puede ser la causante del atolondramiento de mi lectura, y que eso no habría pasado con la de Gadir.
Manías mías...


 

jueves, 19 de enero de 2017

Cuadernos de escritura (Carlos Pujol)


Para acabar de poner por aquí cosas de los "Cuadernos de escritura" (Carlos Pujol, PRE-textos, 2009), transcribo una de sus anécdotas sobre escritores y unas cuantas de sus frases, siempre sobre la cosa esa de escribir.
La frase divertida, que dice que corre por ambientes literarios, y que habla del carácter egocéntrico que suele adjudicársele al escritor: "Un escritor dialoga con un amigo, y después de un rato de conversación le suelta: Bueno, ya hemos hablado mucho de mí, ahora hablemos de ti, ¿qué te ha parecido mi última novela?"
Y escojo unas pocas entre las frases del libro (varias de ellas suelen repetir, ir perfilando, un mismo concepto), que he encontrado muy acertadas. No sólo servirían para la escritura de libros. Yo las veo muy aplicables, por ejemplo, a la cinematográfica:
- La literatura de verdad sale de lo incomprensible.
- Lo que ha de decirse con palabras técnicas sólo tiene interés para los técnicos.
- Escribiendo se aprende mucho de lo que se escribe. O debería aprenderse.
- De los contemporáneos casi lo único que se oye es el ruido. Con el tiempo empieza a oírse la música de unos pocos.
- Lo obvio puede parecer sustancia, pero sólo es relleno, ripio.
- Decir lo más sencillo e indecible.
- Hay que intentar decir lo que no se sabe y ronda por dentro. Lo sabido no tiene ningún interés.
- Hacer libros divertidos pero secretos, ésta es la fórmula.
- Escribir un castellano claro y fiel, y que las palabras transmitan sombras y ambigüedades.
A ver si se nos pega algo de todo eso.
(La foto, de alguien escribiendo, la he sacado de una página de Planeta que no indica quién es su autor)

 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...