Acabábamos de seguir una entrevista que le hicieron a Juan José Millás para la Fundación Telefónica, bastante divertida (enlace abajo). Quizás lo mejor fue su relato de la historia que cuenta la Espasa en su entrada para la palabra “muerte”, pero empezó hablando de cómo interferían los ruidos caseros (y su repentino cese) en la (no) productividad en su escritura.
Acabada la entrevista, retomé la lectura del “Ensayo sobre el Jukebox”, de Peter Handke, que compré porque sabía que lo había escrito en una estancia por España. En el librito dice que se asentó, tras pasar por Logroño y Zaragoza, en Soria, pero curiosamente habla también de su selección del lugar precisó para escribir, con tal de no ser molestado por ruidos y otras hierbas en el momento de ponerse a ello:
“(...) ahora necesitaba un lugar adecuado para su ensayo: quería empezar, al fin, mañana mismo. ¿Arriba, en una de las dos colinas, o abajo, en medio de la ciudad? Arriba, y fuera siempre de la ciudad, se volvería a sentir quizás demasiado apartado; y entre las casas y las calles demasiado oprimido. Una habitación que diera a un patio interior le resultaba demasiado melancólica; una que diera afuera, a una plaza, le apartaría demasiado de su trabajo; una que diera al norte tendría poca luz para escribir; en una que diera al sur, el papel, cuando hiciera sol, le cegaría; en la colina pelada entraría el viento; en la que tiene bosque estarían ladrando todo el día los perros de los paseantes; en las pensiones -las exploró todas- los vecinos estarían demasiado cerca; en los hoteles, también dio una vuelta por todos ellos, ahora, en invierno, para los sentimientos que le acompañaban al escribir, tal vez estaría demasiado solo.”
El enlace prometido:
















