domingo, 18 de diciembre de 2022

Tarea de escribir (Carlos Pujol)


Lo puse en la lista de Reyes varias veces, pero no había forma de encontrarlo. El otro día, en la biblioteca Maragall, me estaba mirando desde la mesa de novedades. ¡Qué casualidad, una nueva edición! -pensé, diciéndome que no estaba todo perdido si se reeditaba un libro como éste de Carlos Pujol que tanto había buscado.
Al abrirlo en casa, aunque nuevo e impoluto, vi que era la edición original: Pamiela, 1998. Llegan muy mal a Barcelona los libros de Pamiela y desconozco ahora las causas por las que lo hayan traído ahora, casi 25 años después, a una biblioteca de por aquí, pero bienvenido sea.
“Tarea de escribir” es un librito que no llega a cien páginas, pero que, al tiempo que desvela bastante bien el carácter que parecía esconder Carlos Pujol tras sus ocupaciones mil en el mundo de la edición, con su merecido odio a los engolamientos y cursilerías, hará las delicias de todos aquellos interesados, de una u otra forma, por el misterio que reside en eso de escribir bien.
Tras una serie de aforismos que indican que su autor ha rumiado y entiende de lo que habla (como éste: “Abundan los libros hábilmente escritos, concienzudos y fastidiosos; no basta lo que está bien hecho, se necesita una porción de locura bien ordenada que trastorne al lector”), sigue una serie de cortos artículos, de dos de los cuales extracto unos trozos, para incitar a su búsqueda y captura:
1/ La creación del mundo.
Tantas veces alguien dice con todo el énfasis de que es capaz: “Usted, que es un creador…”. Verá, no hay para tanto. Antes de que nos entre la risa histérica se evoca inevitablemente la imagen de Yavé según Miguel Ángel, comunicando la vida con el roce de un dedo a ese atlético Adán que se despereza recién salido de la inexistencia, o el bellísimo oratorio de ‘La Creación’ que propuso Haydn.
Si a Cervantes, Quevedo o Shakespeare les hubieran llamado creadores, la palabra hubiese soñado entre la burla y la blasfemia (autores bastaba para definirles muy bien), pero nuestro siglo, que ha disuelto la blasfemia en la trivialidad, siente una predilección malsana por esa hipérbole, se supone que halagadora.
Artistas y escritores ya no son los únicos: los futbolistas crean juego, como los de la televisión crean programas, los políticos partidos y ciertos profesionales de la publicidad -llamados específicamente “creativos”- anuncios que ayudan a vender; también se crea riqueza (¿porqué no decir que se cría?), y no olvidemos las creaciones de los modistos, es decir, los trapos que se llevarán cada temporada.
Da rubor encajar este verbo tan grandioso porque (…) Lo importante es pasar el rato, decía Baroja con zumba hablando del oficio de escribir no como un acto creador, desde luego, sino más bien creativo.
2/ Las cosas que se dicen
(…) Porque un soneto decente, con un poco de maña y de lecturas puede hacerlo casi cualquiera, pero los escasos renglones de una tarjeta postal constituyen un género literario dificilísimo. Cómo ser sencillo sin ser vulgar. Cómo decir algo en medio del trámite de un saludo veraniego. Dios mío, ¿cómo se redacta con dignidad una cosa así? (…)

(…) O una carta de pésame, que requiere la mano de un genio, o simplemente de alguien sin pose, sencillo de veras, otra forma de genialidad. ¿Cómo dar el pésame sin caer en las frases más sobadas y ridículas, sin afectación ni engolamiento? (…) 

sábado, 17 de diciembre de 2022

Italo Calvino


En la biblioteca Ignasi Iglesias - Can Fabra alguien ha tenido la idea de recordar a ese escritor tan singular que fue Ítalo Calvino (hasta el 15 de enero).




 

jueves, 15 de diciembre de 2022

Pilar Pedraza


Sé que el staff de La Charca Literaria saben de sobra la suerte que tienen de contar con Pilar Pedraza entre sus colaboradores. Pero me temo que hay gente de FB (y entre ellos seguro que lectores de "Caiman. Revista de Cine", donde junto a Jonathan Rosenbaum, Jean-Michel Frodon, Adrian Martin o Santos Zunzunegui colabora esporádicamente la escritora) que igual aún no se han enterado.
Tienen la entrada de hoy para enmendarlo, en la que con su humor y gusto por lo fantasmagórico de siempre, habla de su curiosa relación con unos cuantos ángeles.
Para ilustrar la cosa le he colgado un ángel modernillo, de Burne-Jones, que a lo mejor le placería y todo.

 

Comimos y bebimos (Ignacio Peyró)

Dado lo que se ve, se oye y se lee en las noticias, constatada la impotencia para cambiar el rumbo emprendido, sólo queda refugiarse en cier...