viernes, 12 de abril de 2013

Donde la eternidad envejece (César Antonio Molina)


Pasó de Director del Instituto Cervantes a Ministro de Cultura de la última legislación socialista, cargo en el que se ganó odios y fama de antipático, con aquél sonado enfrentamiento con Rosa Regás, a la sazón Directora de la Biblioteca Nacional.
Pero qué le voy a hacer, si sus libros son, para diletantes como yo, a los que su lectura nos dan un barniz de falsos lectores de libros que nunca hemos leído ni leeremos, casi imprescindibles.
Sólo llevo leídos tres capítulos de su última entrega, “Donde la eternidad envejece” (el más voluminoso de todos, casi 550 páginas, como si hubiera guardado material de su etapa ministerial o si, liberado de cargas, respirara dedicándose a lo suyo), y ya he captado por dónde iba el pensamiento de Séneca, cómo se formó y para qué se utilizaba la Isla Tiberina de Roma y hasta cómo funcionaba la cocina interna de la gran época de la Vía Véneto. Pas mal…
Son los suyos libros de reflexiones de viajes, pero en realidad son libros producto de una frecuentación brutal de los clásicos, de venga bibliotecas.
(La foto de César Antonio Molina es de Uly Martin, y la he sacado de la web de El País)



 

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