Habla Castellet, en la actualización de sus "Memòries confidenciales d'un editor", sobre ese personaje entre engreído, cursi y simplemente especial, Eugeni D'Ors, que conoció en la postguerra en Madrid (traduzco del catalán):
"En su casa, delante de un grupo reducido de amigos, rebajaba su histrionismo y se comportaba casi como una persona normal, dentro de una afectación moderada y con una necesidad imperiosa de seducir. (...) Al acabar cada frase se paraba un momento, como quien espera un aplauso, y continuaba. Peroraba en una habitación enorme, llena de butacas y tresillos, con paredes de las que colgaban cuadros y dibujos de autores catalanes del Dau al Set, como Tàpies, Ponç, Cuixart."

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