"Una escultura de su amigo Julio Silva domina su ineludible sepultura: una serie de círculos concéntricos; en uno de ellos se ve un rostro sonriente de un niño que se negó a ser mayor, y que, sin pretenderlo, se vio arrastrado por el huracán del mundo real, más incomprensible aún que el de sus cuentos fantásticos" (Ramón Chao, en Le Monde Diplomatique en español de agosto, hablando de la tumba de Julio Cortázar en el cementerio de Montparnasse)
jueves, 14 de noviembre de 2013
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