Primera evaluación del ridículo número de páginas leídas por el momento (he hecho el cálculo: un 0,02%) de “Los ensayos” de Michel de Montaigne (Acantilado, 2007): Lo sorprendentemente divertido de la propuesta; la impresionante erudición que desvela; la enorme cantidad de hechos bélicos –hasta casi el monopolio del recuento- que poblaban los libros históricos; la extrañeza de que sea precisamente las circunstancias de la muerte de una gran figura las que queden registradas casi exclusivamente, junto a algún calificativo adicional, sobre los hechos de toda su vida: todo indica jugarse a una sola carta, que es, y nadie parece darse cuenta de ello, irreversible; lo próximo que resulta todo lo escrito, pese a que su autor murió hace más de cuatrocientos años.
Seguiremos informando…
(El retrato –anónimo, de 1590, dos años antes de su muerte- lo he sacado de la web Montaignestudies, de la Universidad de Chicago)

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