Ahora que estoy leyendo un libro de El Acantilado de nada menos que unas 1700 páginas, se me venía a la cabeza una imagen recurrente: Jaume Vallcorba haciendo reuniones para sopesar y decidir cómo debería ser el papel del tomo, probando si podría abrirse sin dificultad y mantenerse abierto sin peligro mediante la encuadernación definida cuando el lector fuese avanzando y alcanzase un cuarto de su volumen (ya voy llegando…), un tercio, su mitad…

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