sábado, 8 de noviembre de 2014

La sombra del escarmiento (Sánchez-Ostiz)


Esta misma semana, un amigo me explicaba lo ocurrido a un conocido suyo, que había ido recogiendo fotografías -de gran interés, añadía- de la vida en su localidad durante la postguerra. Todo estaba preparado para una gran exposición, que iba a sorprender, sin duda, a sus paisanos, porque se trataba de un material inédito, que seguro interesaría a sus vecinos de toda edad. Es entonces cuando la máxima autoridad local da un paseo por lo que iba a ser la exposición, y lo ven salir rápidamente, con rostro alterado. Al poco una llamada: Todo lo confirmado se echa para atrás, y la exposición no tendrá lugar. ¿Qué había pasado? Muy sencillo: que había visto entre las fotos los rostros de sus familiares, en papeles más o menos estelares, con camisas negras...
Ésta no podría ser sino una anécdota más, de las muchas que podrían encontrarse, que confirmarían las tesis del último libro de Miguel Sánchez-Ostiz -"La sombra del escarmiento (1936 - 2014)", Pamiela, 2014- que en un paréntesis de otras lecturas he acabado de leer ahora. El año pasado el autor publicó, también en Pamiela, "El escarmiento", vocablo utilizado por el general Mola cuando se refería a lo que había que hacer con todos aquellos a los que, gracias a "la cruzada", habían parado los pies. Ese escarmiento, y esa es la tesis de todo este libro, que también ayuda a seguir cómo llegó a todos los aspectos vertidos en aquél, no es cosa del pasado, sino que llega a nuestros días, como la lectura diaria de periódicos ayuda a confirmar.
Centrado sobre todo en Navarra, donde pese a que los "nacionales" estuvieron desde el primer día de lo que fue en el resto de España la guerra civil la represión fue también enorme, el libro va desgranando las -escasas- fuentes escritas que se encuentran sobre ello (no por inexistentes, sino por voluntariamente destruidas, ocultadas o no exploradas), las muestras de que lo que se desarrolló fue, principalmente, una guerra de clases, y la constatación de que, tras una débil posibilidad de aclarar y pasar página a todo ello, son evidentes las muestras actuales, desde el poder, de obstaculizar todo lo que lo pudiera permitir. Basta, para ello, ver cómo (no) se está desarrollando todo lo relativo a la ley de la memoria histórica, con la apertura de fosas comunes al frente.
Hay además en el libro algo que, al menos a mí, me interesa, y me lo acerca. Miguel Sánchez-Ostiz habla, poco, pero lo hace, de sí mismo. Menciona a su familia, al parecer repartida teóricamente entre los dos bandos, y se va preguntando, de tanto en tanto, por qué no deja de dedicarse a escribir, continuamente, de todo esto, en vez de dedicarse, por ejemplo, a pasear y escribir más sobre -es un decir- el bosque y los personajes singulares con los que se ha ido topando durante su vida. Es su respuesta a esta pregunta, no explícita, la que me hace seguir atento a todo lo que va escribiendo.

 

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