Por fin acabé "El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados. Cultura y política en España 1962-1996" (Gregorio Morán, Akal, 2013). Cuando lo iniciaba, una amiga de FB hizo un comentario que me hizo dudar si era porque se trataba de alguien a quien se le atragantaba el vitriólico cronista sabatino de La Vanguardia. Venía a decir que en las 800 páginas del libro había poco más que descalificaciones, que sólo contenía una bella reivindicación de Luis Martín Santos y que se repetía muchísimo. Durante la travesía me he acordado mucho de estos comentarios, porque lo que dice es cierto y realmente la repetición (de escenas, calificativos y juegos de palabras -como esa "industria textil, de texto, claro"-) es constante, con idas y vueltas en el tiempo, y en varias ocasiones reclamas la concentración que le suele provocar el limitado tamaño de sus artículos, diciéndote que verdaderamente podría haber hecho algo más recto el libro, podándolo mucho. Claro que, como no podía ser de otra forma tratándose de él, en compensación sales de su lectura con unas cuantas cosas en la alforja...
Salva Morán a Luis Martín Santos, Manuel Sacristán y Max Aub, calificados repetidamente de inteligentes, aún dejando caer alguna cosa sobre, por ejemplo, su candidez ante ciertos aspectos de la vida. Se carga irremisiblemente, con mucho texto o una simple frase, a gente como Alfonso Guerra, Pedro Laín Entralgo, Juan Luis Cebrián, José Luis Aranguren, Lázaro Carreter, Víctor de la Serna, Eduardo Haro Tecglen, Salvador Clotas, Josep Maria Castellet o, evidentemente Jesús Aguirre, a quien toma por paradigma de los muchos imposturas y cambios de chaqueta -ésta es la tesis del libro- que caracterizan al periodo algo difuso (pese al subtítulo 1962-1995) analizado, ofreciéndole una forzada estructura de libro, cuando menos dudosa. Pudiendo estar más o menos de acuerdo con muchas de las descalificaciones (que se acrecientan al conocer con precisión orígenes -franquismo, falangismo o clero- o, en algún caso, deriva claudicante), hay alguna que me duele especialmente. Hasta tres veces, hablando de Juan García Hortelano, por ejemplo, deja por los suelos su "El gran momento de Mary Tribune", un novelón que disfruté hasta lo más profundo...
Vayamos a las cosillas que cargan las alforjas..:
Por un lado, alguna frase muy suya, definitoria de todo el panorama, como esa explicando la postura ante una injusticia más bien insufrible: "No hace falta decir que el cuerpo profesoral de la Universidad reaccionó como un solo hombre, callándose"
Por otro lado, chascarrillos, cotilleos y tal, alguno bastante malsano, de los que dejan huella, y otros muchos que hacen gracia, como los inicios adoradores de Sacristán que profesó Más Colell, los tres seudónimos que utilizaba Franco, saber quién escribió los guiones de Paco Martínez Soria, cómo se produjo la muerte de Adorno o esa "¡Media Escocia!" que respondió Juan Benet al periodista que le preguntó si había bebido mucho en su vida...
Por último, cosas que me ha gustado conocer, como la de que el cambio horario español en sus comidas respecto a las de los demás países tuvo lugar tras la guerra civil, muchas cosas de la historia de posguerra en Santander (que detalla), los intríngulis de las diferentes revistas culturales que ha habido por aquí, como fue todo el asombroso montaje de los "25 años de paz", esa rápida destrucción de la prensa del movimiento que podría situar ciertas cosas en su sitio, o desde luego ese necesario recuerdo de gente como el estudiante Enrique Ruano, uno de los suicidados por el régimen.
En fin. Que tampoco está mal, aunque podía haber sido, con los mismos mimbres, mucho mejor, y no haber hipotecado tanto mi tiempo de lecturas...
(Las fotos de Sacristán, Martín Santos y Aub las he sacado de la red -respectivamente Crónica Popular, Jot Down e Ideal-, sin que en ningún caso figurasen los nombres de los que las habían hecho)



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