Dice la introducción de “ABC de la guerra” (Bertolt Brecht, Ediciones del caracol, 2004) que Brecht fue recortando imágenes de periódicos, revistas y propaganda bélica y a cada una de ellas les adjudicó un epigrama de cuatro versos para hacer llegar su verdadero sentido. Y que no fue fácil el camino del libro, se ve, hasta su final publicación.
Con su estilo altisonante, lanzando sus verdades entre exclamaciones, Brecht, como no puede ser de otro modo, se pone de parte de la gente, sean del color o nacionalidad que sean, frente a los que los manejan, al tiempo que consigue un álbum de horrores que debería alejar el peligro de cualquier otra guerra, por las desgracias que ocasiona, pero sobre todo por la manipulación y estafa enorme que, una vez desentrañada, supone.
El texto dice: "En el Hospital General Stark, Charleston, S.C., está pacientemente sentado un joven americano-japonés que quedó ciego al cruzar el río Volturno en Italia."





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