miércoles, 4 de octubre de 2017

Cuentos para contar en 1 minuto


Al final ha resultado perfecto que estuviera planificado para hoy. En el auditorio de la Biblioteca Jaume Fuster, en la Plaza Lesseps, Victoria Bermejo y Miguel Gallardo presentaban "Cuentos para contar en 1 minuto / Contes per explicar en 1 minut" (Arpa Editores) y la sesión ha tenido un efecto balsámico, después de unos cuantos días atroces.
El libro (en castellano o en catalán) funciona así: tiene -he contado- 84 cuentos escritos por ella (escritora de cuentos, guionista y muchas cosas más, empezando por animadora nata del Facebook), e ilustrados por él (para mí siempre será el dibujante de la añorada Cairo)
En cuanto a la presentación, ellos han ido a su bola. Han empezado a explicar, recordándoselos entre sí, sus trabajos conjuntos. Han aparecido por ahí una bruja de renombre de la Travesera de les Corts, una serie de actuaciones para singles de diversa edad y pelaje, cosas así.
Tras eso ha pasado un ángel. Momento en que Gallardo, hombre con tablas (¿dónde se dice que a los dibujantes mejor no les saques de sus monigotes?), nos ha lanzado su críptico pero contundente mensaje político: "A donde vas, patatas traigo".
Ese mensaje ha debido desatascar algo, porque a partir de entonces han empezado a fluir los temas. Uno que ha dado de sí ha sido el de su presencia en el también añorado programa de libros de BTV, conducido por Emilio Manzano, a dónde fueron para explicar sus iniciales cuentos de un minuto -que tuvieron un exitazo tremendo, haciéndose muy populares por aquí y en Argentina-. Pero han cedido su protagonismo a Ana María Matute, también en ese programa, una vez entonada con un Whisky ("Ay, niños, ¡qué majos sois!").
Luego han asomado diríamos que varietés, sobre todo muy centradas en los personajes de las revistas de papel couché: Que si unos pantalones príncipe de Gales, que si el difusor de agua bendita de una princesa de ese entorno, que si la necesidad de una piscina para las fotos.
Gallardo nos ha transferido hasta ánimos provechosos, diciendo que todo el mundo puede dibujar si se suelta. Los niños -ha completado- son genios del dibujo hasta alrededor de los ocho años, en que se les fastidia su capacidad de dibujo haciéndoles reproducir "la realidad"
Luego, ya en casa, una doble cacerolada (la primera a las 21h, supongo que para emular la de ayer con Felipe, hoy con Puigdemon, durante los respectivos discursos, la segunda la ya habitual de las 22h) me ha devuelto a la realidad y a la tensión por un tiempo olvidada. El cuento no ha durado ni un minuto.


 

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