martes, 22 de enero de 2019

Baroja


Pero lo que más me gusta de Pío Baroja llega cuando deja caer su desesperación ante la cerrazón y la nefasta forma de actuar de toda la sociedad que le rodea. En un apartado de “Las horas solitarias”, por ejemplo, se lamenta de que “nos están sacando una porción de árboles de los montes” y explica que el otro día, paseando por la zona, vio unas mulas arrastrando monte abajo un gran tronco, seguido de un carretero malhablado, que no hacía más que gritar e insultar a las pobres mulas. Estalla entonces ante el papel, escribiendo esta sarcástica nota:
“Lo único que nos puede consolar de que se nos lleven los árboles es que no nos hacen falta. El español no aprecia el vivir en paisajes suaves con árboles. Es gente de desierto, de aduar. Es por lo tanto lógico que los ayuntamientos vendan los árboles y que un carretero chato, de la Cafrería o de la Ribera de Navarra, se los lleve entre gritos, brutalidades y palos a las mulas.”
(Para ilustrar la entrada, puesto que va de árboles, bien está colgar aquí de nuevo la foto de Nicolás Muller en la que se le ve paseando por el Retiro).

 

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