Cerró definitivamente la revista “Eñe”. Me sabe mal, porque era prácticamente el único puente que aún utilizaba para mantenerme un poco al día (bueno: no al día, puesto que tenía un retraso en su lectura de unos dos años y medio) de por dónde iba el patio literario en español.
Trimestral, con unos anuncios de grandes empresas en sus páginas iniciales, pero luego todo un grueso cuerpo de limpias y muy bien editadas, no sólo se dedicaba a publicar relatos de gente de la Península y todo Latinoamérica. Tengo la colección completa (en la foto el primer y último número) y seguro que en algún momento acudiré a ella para releer alguna entrevista, alguno de los diarios que encargaba a escritores o bien para saber qué decían éstos de su biblioteca. Por todo eso, seguro que la echaré de menos. También contenía unas ilustraciones (muy buenas al principio, luego debió bajar el presupuesto), a un autor por número, que estampaban en unas cartulinas intermedias.
Han enviado un mensaje diciendo que la revista ya había “completado su ciclo vital” y que se van a dedicar al Festival Eñe (una especie de Kosmopolis, pero centrado sólo en la Literatura en español), que se celebra anualmente en Madrid, al que me van a seguir invitando “para agradecer mi fidelidad”. No me compensa...

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