Me encanta cuando refleja al científico que era, siempre pendiente de experimentarlo y explicárselo todo:
-“Los músculos con sus tendones obedecen a los nervios, como los soldados a sus capitanes; y los nervios están subordinados al cerebro, como los capitanes al supremo comandante (...). El cerebro es el sitio del alma, cuya proveedora es la memoria y cuya mensajera es la sensibilidad”.
-“Un vaso de arcilla cruda, sí se rompe, puede repararse, pero no el de arcilla cocida”.
-“Las palabras que no satisfacen al oyente, le causan fastidio y disgusto; ello se manifiesta generalmente por copiosos bostezos. Cuando hables, pues, a hombres cuya benevolencia quieres captarte, si observas en ellos tales muestras de aburrimiento, abrevia tu discurso o cambia de tema; si no lo haces, recogerás en vez de la benevolencia que deseas odio y enemistad”.
-“Los mariscos son animales cuyo esqueleto es exterior”.
-“El extremo del ala del pájaro avanza en el aire como lo hace la extremidad del remo en el agua o el brazo (o mejor la mano) del nadador debajo del agua”.
O las aseveraciones ejemplares, tipo:
-“Es imposible amar algo ni odiar algo sin empezar por conocerlo”.
-“La paciencia obra contra las injurias como los vestidos contra el frío. Si multiplicas los abrigos según la intensidad del frío, este no podrá perjudicarte. Así, frente a las injurias redobla la paciencia y ellas no podrán alcanzarte”.
-“Debes reprender en secreto a tu amigo y alabarlo en público.”
-“Mal haces si alabas, y peor si reprendes una cosa que no entiendes bien”.
Compré el librito, según consta en un sello que solía imprimir en su primera hoja, en diciembre de 1999, en una época en la que mostraba una absurda atracción por los aforismos. Según parece, leí la primera noche, con provecho, unas cuantas paginas, para luego dejarlo entre los pendientes de leer... hasta ahora.
Diría que es un proyecto editorial mal resuelto. Los extractos de frases de Leonardo tomadas de aquí y de allá -que esto es en realidad- están agrupados en unos capítulos bastante arbitrarios, sin que su contenido parezca siempre bien asignado. En la introducción ya se señala que junto a cosas magníficas, hay otras “de escasísimo valor”. ¿Qué sentido tiene? Los últimos capítulos, un bastante absurdo cajón de sastre que poco tiene que ver con el resto del libro, me los he ido saltando de forma acelerada.
(Leonardo da Vinci. “Aforismos”. Selección, traducción y prólogo de E. García de Zúñiga. Editorial Óptima, Barcelona 1999, tercera edición)


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