Curioseando por Free Time, lo más parecido que tenemos en Barcelona -que yo conozca- a una La Maison de la Presse bien surtida, di con la revista en catalán “Política & Prosa”, que no conocía.
Tras hojear las existentes, me llevé un número antiguo, el de septiembre, que, entre otros artículos bastante interesantes, tenía una larga entrevista con Antón Costas.
Haciendo gala de ser, además de economista, ingeniero industrial, mostró su idea sobre la necesidad de lograr, para salir de la crisis que ha rematado la pandemia, trabajar hacia una reindustrialización. Quizás vea que tiende a pensar esencialmente en la gran industria y yo sería más partidario de apostar por esa amplia red de pequeñas y medias empresas que se han tenido que ganar a pulso su presencia, pero lo que dice al respecto lo juzgo, en cualquier caso, de gran interés. Un extracto:
Primero habla, de hecho, de lo que habla la película “El año del descubrimiento”, diciendo que muchas empresas españolas, interviniendo en ellas en vez de cerrarlas, habrían podido resistir cuando el Tratado de Adhesión a la Unión Europea.
Continúa explicando una anécdota sobre nuestro gran pensador estratégico, José María Aznar, que no en balde está a sueldo, como gran pensador que es, donde está:
“Otro momento posterior que recuerdo muy bien es cuando la peseta entra en el Sistema Monetario Europeo, en el euro. Había margen para entrar con una paridad o con otra. Entrar con un céntimo por encima o abajo era muy importante para los exportadores. Fuimos a ver a Aznar el presidente del Círculo de Economía, que era Salvador Gabarró, y yo, como secretario técnico. Acordamos que Salvador empezaría diciendo ‘presidente, el tipo de entrada de la peseta en el euro será muy importante’, i yo, a continuación, había de darle apoyo técnicamente. Empieza Salvador diciendo ‘presidente, queremos hablarte de la peseta’ y le corta Aznar y le dice ‘al que me hable de la peseta lo pongo en la puerta del infierno’.”
“Estas actitudes -señala- continuaron con una fantasía, con un espejismo, que fue la idea de una nueva economía y la supresión del Ministerio de Industria. (...) Paralelamente, se ha de decir que ningún alcalde de España quería chimeneas en su territorio local, todos querían industria limpia. (...) ¿Cómo puedes imaginar que esta secuencia no acabe teniendo un impacto en el tejido productivo, en la ocupación industrial y en el paro de larga duración?”
Sigue: “El gobierno español ha estado demasiado influido en las áreas económicas por los Técnicos Comerciales y Economistas del Estado y eso no ha sido siempre positivo (porque) tienen una ideología que tiende a pensar que los mercados libres actúan de forma eficiente: es una fantasía como hay muchas en la vida.”
Comenta más adelante cómo, en la situación actual, otros países tienen muy presente la industria propia (“en los casos de Alemania o de Francia, no se ha abandonado nunca la política industrial”) y alerta de que “lo que está pasando en Europa comporta un terrible riesgo para países como España, porque la Comisaría de la Competencia -que había sido tan puntillosa con España- (...) está autorizando en el caso de Alemania ayudas directas de más de 100.000 millones de euros a las empresas que le interesan (Lufhansa, por ejemplo), Francia está negociando para ayudar a PSA y ya han autorizado a Holanda ayudas a KLM.”
La fotografía es de Xavier Jubierre para Política & Prosa, aunque en papel aparece recortada.


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