sábado, 6 de febrero de 2021

Trapiello sobre Azorín


Ahora que estoy leyendo cosas de Azorín, me hace gracia dar, aunque resulte bastante bestia, con la divertida anécdota que Andrés Trapiello explica en su “Madrid” (páginas 212-213), que es el libro que recorro en estos momentos.
Dice que fue con Antonio Martínez Sarrión, que era funcionario del Ministerio de Cultura, al cementerio de San Isidro (desde donde Trapiello asegura que se ven las mejores vistas de Madrid) a la exhumación de los restos mortales de Azorín, para su traslado a su Monóvar natal.
Tras una serie de operaciones ya sólo quedó por exhumar del foso familiar el cuerpo del escritor. Es entonces cuando, cuenta Trapiello, “el alcalde de Monóvar se asomó a la fosa, echó medio cuerpo hacia delante (...), estuvo un rato escrutando el agujero y a continuación se enderezó y levantó la cabeza (...), hizo entonces una O con el índice y el pulgar, y sentenció de lo más jovial: ‘Clavado, está clavado’. Quería decir que el Azorín difunto, incorrupto, seguía igual que el Azorín vivo(...). Acto seguido salió de la tumba el vozarrón del sepulturero al que oíamos trajinar con denuedo:
- ¿Lo quieren ustedes entero o a trozos?”
(La fotografía de Azorín la he sacado de El Periódico de Yecla y la vista moderna de Madrid de Flickriver, colgada por damargo1983).



 

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