martes, 10 de agosto de 2021

Amanecer en el Gianicolo (Arturo San Agustin)

La portada del libro, que va en una muy cuidada edición (al abrirlo, sus páginas huelen muy bien) y es de reducido volumen.


“Mi Roma personal, mi caminada Roma, está hecha de películas, adoquines, canciones populares, alcachofas, callos a la romana, miradas, espaguetis, exhibicionistas textiles, ‘fettucini’, vino y conversaciones amigas en una terraza nocturna”.
Este párrafo que aparece en el primer capítulo y en la contraportada de “Amanecer en el Gianicolo” (Catedral, 2021) refleja bastante bien, creo, el clima, el ambiente, el tipo de historias que cuenta Arturo San Agustín.
Se lee con avidez el libro, o esa es mi experiencia, cuando el lector ha creído descubrir previamente ciertas sensaciones de esas imborrables de alguna de las facetas de la ciudad. Esa avidez implicaría zamparse sus 220 páginas en un santiamén si no fuera porque, cada dos por tres (sobre todo en sus primeras páginas, muy densas de información: luego ya va abriendo capítulos por temas con sus historias y tocan sólo a una o dos pausas por cada uno), te ves quitándote las gafas, dejando a un lado libro y lápiz, alcanzando la tableta y mirando en ella dónde se encuentra el sitio señalado en las páginas que estás leyendo, qué aspecto tiene tal o cual obra, si es asequible el restaurante u hotel nombrado o bien oyendo la canción que le sirve a San Agustín para rememorar algo ligado, siempre ligado, a Roma.
He leído algunos libros sobre Roma. Éste es, de momento, el que mejor sabor de boca me ha dejado. Aparece en una colección que lleva por nombre “La joie de vivre”…

Las carciofi alla giudia del Piperno, recomendadas en su día por Moragas, aunque yo las recuerdo mucho menos tostadas.

Lo que es la falta de información. Recuerdo haber entrado en la iglesia de Santa Cecilia del Trastevere, pero no haberme fijado en esta hermosísima estatua dedicada al martirio de Santa Cecilia, que se nombra en el libro.
 

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