Pese a que ninguna instancia oficial o paraoficial había hecho publicidad del acto, se llenó ayer todo el espacio de la librería +Bernat con gente que quería asistir a la presentación de “Un intrús benvingut”, las memorias de Antoni de Moragas.
Empezó hablando de una figura que planea por buena parte de estas memorias, su padre, el también arquitecto Antoni de Moragas i Gallisà, y de las calificaciones y descalificaciones políticas que en ellas hace de él su hijo. Lo que más le chocó a Combalia fue que perteneciera a un grupo que se autodenominase “Els homes de bé i com cal” (“Los hombres de bien y como deben ser”). Como hizo en otras partes de su intervención, ligó a todos ellos con su propia experiencia familiar y personal. Para la chica de 16 años, eran “los amigos modernos de mi padre”, a los que pese a todo veía, desde su posición, como “gente de izquierdas”.
El libro sigue hablando básicamente -explicó- de compañeros de profesión, toros y novias, y, como Antoni se ha metido en todos lados, pues también de la ‘chançon française’, de cine, del PSUC y de un largo etcétera.
Lanzó por entonces una malintencionada pregunta que Moragas =a quien le debió doler- no contestó, preguntándole qué hacía él defendiendo a Louis Aragon, a quien tildó de estalinista y notorio perseguidor de jovencitos.
El poder de seducción autoconfesado por Moragas dio paso a otra pregunta que dijo lanzada para aclarar a sus muchas amigas de Facebook, como ella misma, preguntándose en voz alta a donde iban dirigidas esas poesías con las que les deja frecuentemente boquiabiertas.
El tratamiento en el libro a los miembros del PSUC con respeto, alabando a la vez su inocencia y su heroísmo, o a unas tertulias de lo más interesantes que le han acompañado toda su vida, también aparecieron por ahí.
No he retenido, no obstante, muchas, demasiadas de las cosas que contienen el papel que ayer leyó Victoria Combalía, que sería muy bueno que saliera a la luz, porque tenía muchas características idénticas a las que le adjudicaba a la obra de su destinatario: honesta, valiente y muchas veces vitriólica. Sí apunté una consideración de por el final: “Es como un niño que dice que el rey va desnudo y se hace querer”.
Por su parte, Santiago Tarín, que no conocía tanto al personaje como Victoria Combalía, confesó que la lectura del libro le había producido por un lado envidia de todo lo que veía había vivido y por otro lado rabia de no haber contactado con él y los personajes que cita hasta muy recientemente. También comentó que se quedó en el cuerpo con el sentimiento de haber leído de una Barcelona que está desapareciendo a marchas agigantadas.
Le tocaba entonces el turno de palabra al propio Antoni de Moragas. Inicialmente la cosa no parecía que pudiera ir muy bien. Ahí repantingado en su asiento, entre Tarín y Combalía, sin saber qué hacer, atinó a decir que quizás lo mejor sería que alguno de los dos le hiciera alguna pregunta concreta. Ante la cara de asombro de ambos, que ya habían dicho en su intervención lo que les había suscitado esas memorias, dirigió la misma solicitud hacia el público y, por suerte, aunque con problemas gordos para oír y entender las preguntas y luego para poner el micro a la distancia adecuada de su boca, fue animándose y acabó respondiendo con la brillantez que todos le conocemos.
Explicó primero cómo fue la génesis del libro, a partir de esa pregunta -“Perquè no ho escrius?”- que le lanzaban siempre quienes le oían relatar alguna de las anécdotas que había vivido, con la intervención básica de Jordi Ibáñez que le condujo a escribir con ellas, estructurando todo eso, el libro de memorias que ahora está en nuestras manos. Soprendió, eso sí, a más de uno cuando confesó que él no se había puesto a escribir en su ordenador, que no maneja, y que lo que fue haciendo fue escribir pequeñas “píldoras”, con el móvil, que luego enviaba por correo electrónico a un par de jóvenes licenciadas que le ayudaron un montón a corregir e hilvanar todo.
Aunque reconoció que desde la entrega del manuscrito ya tenía acumulado un buen montón de historias que no habían entrado en el libro, no parecía muy lanzado a ponerse a elaborar el segundo tomo, estando abierto a discutir cualquier propuesta que le hicieran respecto a hacer con el libro una serie televisiva del estilo de “El tiempo entre costuras”, que aportó una divertida pregunta.
Tras una dedicatoria íntima y pública a la vez, acabó satisfaciendo la curiosidad de los asistentes, que le pedían una recomendación sobre cada una de las ciudades de su vida:
-Está muy fácil -respondió.
-De Roma, la Plaza de la Rotonda, sentado en un café mirando al Panteón.
-De Paris, el Boulevard de Saint Germain -iba a decir la situación de esa famosa escena de “Le feu follet”, pero se le pasó por la cabeza otra cosa- y el Cementerio de Montparnasse y otros cementerios de la ciudad.
-¿De Barcelona? -surgió de entre el público.
Ahí se lo pensó, soltando finalmente, con fuerza:
-¡La Plaza Monumental!
Supongo que entonces iba a decirnos de Sevilla con la calle Betis, Torre del Oro o el puente de Triana, pero dijo que la calle Adriano (la que se encuentra frente a la Plaza de la Maestranza), haciendo de ella una descripción muy de arquitecto (“una calle ancha de esas que es una plaza, pero a la que llaman calle”), lo que suscitó la curiosidad de Oscar Tusquets, a quien tenía delante, en la segunda fila, y con el que ha vuelto a hacer muy buenas migas últimamente y le preguntó:
-¿Milán?
-La Porta Ticinese
Ahí se iba a acabar ya todo y pasar a las firmas y tomar el esplendido piscolabis que había preparado, con todo el follón de las mascarillas por el medio, pero una argentina, sabedora de su adoración por Borges, le pidió que dijera un verso del escritor. Lo tuvo claro, diciendo, de memoria, unos versos de “Límites”, a los que es verdad que suele aludir con cierta frecuencia y que nos dejó a todos mirando un poco ansiosos alrededor:
“Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿Quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?”
Llegó el momento de despedirse.
Aún debe quedar por la librería algún ejemplar esperando a los rezagados...



No hay comentarios:
Publicar un comentario