Fruto de la aún muy productiva École Nórmale Superieure de Paris, compañero del Ché Guevara en la guerrilla boliviana, asesor del presidente Mitterrand, Régis Debray dice en la introducción de este librito -“Éclats de rire” (Gallimard, 2021)- que ha tenido un accidente vascular cerebral y tras él arrecian los agujeros de la memoria: “el todo se va, las nadas remontan”. Que “es la hora juguetona de coser retales a mano -remembranzas, piruetas, cosas breves. Sin lógica ni protocolo, a probar suerte.”
Y escribe estas del orden de cincuenta páginas de reflexiones variadas, todas ellas con un cierto aliento de venir de un emplazamiento en el que, todo vivido, ya han pasado a mejor vida los enojos y resquemores.
Alguna de las notas iniciales (luego o bien ya te has acostumbrado o es que ha tenido aún la habilidad de ordenarlas convenientemente y ya no te sorprenden tan agradablemente) son tan buenas como ésta que abre la cuenta:
-“La lechuza de Minerva toma el vuelo cuando cae el día.” Traducción: la luz se da en nosotros cuando llega el crepúsculo.
Y unas cuantas de estas reflexiones avisan que no se han acabado del todo para él, pese a todos los pesares, el interés por la cosa política, como atestigua ésta, que también deja traslucir montones de desengaños: “No hay acción colectiva capaz de hacer historia sin una cierta ilusión lírica y, pues, motriz. (…) Quien no emociona, con un ritmo o un refrán, no pone nada en movimiento. Problema: (…) lo que tiembla y hace vibrar conduce muy frecuentemente al encontronazo con el muro. (…) Nada en el orden colectivo se hace sin lirismo, y el lirismo por sí solo -ver los coros de la armada roja- puédenos cubrir catástrofes”.

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