De izquierda a derecha, en la Calders, los que indicó en la primera línea del texto.
Dramatis personae: Chini y Raquel Tomàs, editores de los (relativamente nuevos) fanzines de Aguas Internacionales, interrogan a Ceferino Galán, quien explica, con la experiencia adquirida en 35 años y con 135 números de su “El Naufraguito”, cómo hacer para sobrevivir en ese mundo.
Fue ayer en la librería Calders y todo empezó y finalizó con un par de canciones. La letra de la primera se impuso entre el silencio inicial:
-“Yo no tengo ni padre ni madre que sufra mis penas”. Sí: Ceferino Galán empezó a desvelar secretos y el primero fue que el título de El Naufraguito se le impuso después de oír de forma continua a Antonio Machín cantar “El huerfanito”. La publicación había surgido impulsada en una tertulia en la que participaba en los años 80.
La estructura del acto era ésta: los dos de Aguas Internacionales le hacían una pregunta. Si la pregunta salía de alguien del público y daba juego, entonces él le regalaba, en premio, un ejemplar de su colección.
Lo cierto es que tenía respuestas para todo, porque en estos 135 números de “El Naufraguito” ya ha predicado sobre cantidad de temas, del más peregrino al más trascendental. Al final pongo el enlace de su web, para ilustración de quienes no hayan tenido ninguno en sus manos. ¡Se van a enterar!
En un número, por ejemplo, explicó “Cómo hacer un fanzine con relativo éxito”. Ahí, y ayer también, dio como requerimiento clave que no suponga mucho trabajo y que no te cueste dinero. Y, según dijo, lo ha conseguido. A eso, en otro momento de la sesión, dejando patidifusos a los de Aguas Internacionales y al auditorio, añadió que también iba muy bien ser una persona gris como él… Otro consejo del Naufraguito -y lo dice Ceferino Galán con su imagen seria y formal: “No esperes nada de tus colaboradores”.
Entendí que fue estando hace mucho en Mallorca cuando le cayó un documento manuscrito de 28 páginas, que mostró ayer, que fue el que le dio la clave de la filosofía de navegación de El Naufraguito: “Yo soy quien soy y no me cambio por nadie”, empezaba diciendo esa larga carta. Y finalizaba con idéntica frase, pero con un ánimo positivo grande, porque había dado con Paqui, al parecer su media naranja, que supongo era lo que le volvía a hacer decir eso de que no se cambiaba por nadie.
Al final habremos de creernos hasta las trolas de Ceferino, quien dice que la publicación ya le ha rentado hasta para tener todo tipo de electrodomésticos. Sobre todo porque, mientras está muy entretenido haciendo El Naufraguito, no gasta en otras cosas. Pero es que además lo digo porque Isabel Sucunza, el alma de la Calders, explicó en la presentación inicial que si tuviera que clasificar sus ventas, la primera línea se la llevaba El Naufraguito, de la que había contabilizado recientemente 947 ejemplares vendidos desde no sé qué momento. Y es que por estas fiestas se trata de un magnífico regalo. Sabedoras de que los persigo desde hace mucho, mis hijas me suelen obsequiar cada año con unas tiras de regaliz suave y algún ejemplar, lo que agradezco especialmente: deben seguirme considerando un espíritu joven y aventurero, atento a la rareza.
Ah: la canción de cierre fue una por si le puede dar servicio al náufrago: La balsa.
Unos cuantos Naufraguitos con los que di por casa.
Y otros cuantos que encontré, en segunda línea, al volver a guardar los primeros. Quien sabe si habrá un tercer sector con ellos.



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