El libro es pequeño y quizás en La Central de la calle Mallorca pensaron que debían asignar para su presentación un espacio proporcional a su tamaño, aunque hay quien vio en la operación un elemento más de la visión comercial que acarrean estas fechas pre-navideñas, de no restar un metro cuadrado de superficie del local de ventas que pueda suponer más ingresos.
Todos, eso sí, recordando oraciones infantiles para pedir que no hubiera un fuego o algo que propiciara una estampida que no podía sino acabar en tragedia, porque tras la única salida de la habitación, junto a las estanterías de música y cine (quizás perturbando las ventas correspondientes…), quien lograra sortear las filas de sillas y a sus ocupantes, se encontraba aún con más gente, sentada y de pie, intentando pescar algo de lo que se decía dentro…
El librito que ocasionaba esta aglomeración era “La boia” (Parcir Edicions Selectes, 2024), que ha escrito el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona y coleccionista de grabados Vicenç Furió.
Tenía yo previsto iniciar esta crónica con la idea que me iba dando vueltas a la cabeza mientras me dirigía a La Central, esto es: la cantidad de conocidos que en los últimos tiempos se han descolgado escribiendo y presentando sus memorias, siendo entonces, en este goteo incesante, Vicenç Furió el más reciente. Pero a las primeras de cambio él ha negado la mayor, diciendo que “La boia” no era unas memorias, si bien, como dice la contraportada del libro, sus páginas son “molt personals i de caire memorialístic”. Bueno: no nos pelearemos por este tipo de detalles. El caso es que sí incluye, según propia confesión, unas primeras cuarenta páginas de recuerdos familiares, pero -insistió- “son sólo pinceladas”. Y que luego, como veremos, también escribe de sensaciones, pero sensaciones que explica cómo y dónde tuvo.
Antes de su intervención hizo una pequeña introducción el historiador del arte y colega en la enseñanza de su misma materia, pero en la Universidad de Girona, Francesc Miralpeix.
Miralpeix captó la atención del respetable, nada más empezar, mediante una imagen muy poderosa. Rememoró una fotografía en la que, en una sala de un museo casi vacía, una niña está mirando, absorta, una de las pinturas colgadas en la pared. ”¿Qué debe estar pensando?” -se pregunta.
Ese misterio, continuó, es el que perseguía entender Stephan Zweig en una conferencia que dio en Buenos Aires por el final de su vida, recogido en un pequeño libro del que ayer leyó algún párrafo: “El misterio de la creación artística”.
Fue entonces que hizo un quiebro y mencionó que, en su librito, además de intentar explicar esos momentos en que quedó fascinado por unas cuantas obras de arte -en forma de estampas o sus originales-, Furió también explica que, de niño, dudaba si estudiar Física, para lograr captar los secretos del mundo. Algo, remató, que no está reñido en absoluto con lo anterior, que persevera en el mismo camino.
Y Miralpeix ya sólo terminó, antes de pasar la palabra al autor, mencionando que el libro está, como pasa con todas las cosas de Vicenç Furió, muy bien escrito, con el lenguaje claro que le caracteriza.
Debo ahora añadir una referencia biográfica más en la crónica de la sesión, porque Vicenç Furió empezó con ella, explicando que las epifanías ante la obra artística de las que había hablado Francesc Miralpeix en sus palabras introductorias, y que él había intentado recoger en clave personal en su libro, tienen otro exponente clave en los “Momentos de visión”, de Kenneth Clark. Siendo uno de ciencias, agradezco estas citas, bibliografía esencial que no he practicado, por si me decido a adentrarme en ese mundo rememorando momentos que, en mayor o menor medida, todos hemos experimentado: los encontronazos con obras de arte que te dejan anonadado o, como luego volvió el mismo Furió, incapaz de dejar de mirar hacia ella, de no regresar una y otra vez. Eso dijo, por ejemplo, de la Nefertiti del museo de Berlín.
Y es que su libro, además de esas páginas de recuerdos familiares y, con ellos, de sus inicios en este tipo de aficiones (el álbum de cromos sobre “El mundo de la pintura”, el viaje con sus padres a los catorce años a Madrid viendo en El Prado los Velázquez que ya se conocía mínimamente por los cromos…) recoge también una serie de páginas, “más que sobre las obras, sobre las sensaciones que pueden despertar”.
Alguna otra cosa que señaló y que recogí para escribir por aquí podría ser que es un libro dedicado a sus padres, y por eso los hace aparecer en la foto de portada. Lo hace con un fondo playero que puede ligar también con el del título del libro. Esa boya -que aparece escrita expresamente en el color naranja de la memoria compartida… o consensuada- es la que encabeza uno de los capítulos iniciales del libro, haciendo referencia a la que alcanzaban nadando cada día de sus vacaciones juveniles en la playa de Lloret de Mar.
Más: que es un libro sin cotilleos (y pese a ello no he visto que se oyera ningún murmullo de decepción en la sala). Y ya sólo recuerdo algún recuerdo emocionado a gente que le fascinaba, como la fotógrafa Berenice Abbott, o que aparece mencionada en el libro, como el historiador de arte Joaquim Garriga y… Ernst Gombrich, con el que Vicenç Furió (ante la envidia declarada de Francesc Miralpeix) explicó que, tras conocerlo en Inglaterra, mantuvo una emocionante correspondencia (habla de una docena de cartas)… que digo yo que un día debiera, como quien no quiere la cosa, exponer junto a alguno de los grabados de su colección. Los escritos de Gombrich, también recuerdo que confesó Furió, son los que tiene siempre como modelo cuando escribe, esperando poder emular sus principios y finales, su claridad.
Para redondear la cosa, Vicenç Furió, a falta de mensajes especiales de críticos conocidos, pasó a leer algunos de los mensajes privados que ha recibido de gente que ya ha leído el libro. Ciertamente dan muchos de ellos para varias fajas de esas publicitarias con las que que suelen vestirse los volúmenes en las mesas de novedades de las librerías. También, como muy adecuadamente señaló Furió, “escritas por amigos de los autores”.


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