Dos barbudos con gafas, con incipientes entradas (de nada), se preparan delante de las estanterías de Historia de la Librería Laie para hablar entre sí, ante la gente que abarrota el espacio de sillas preparadas para la ocasión y sus alrededores, de "Big Time: la gran vida de Perico Vidal" (Libros del Asteroide, 2014). Quizás sí sea un momento histórico: ellos son dos buenos amigos y grandes conocedores del teatro, del cine y de la música, Josep María Pou y Marcos Ordóñez.
Por su parte, Marcos Ordóñez ha hablado de cómo llegó a conocer a su personaje, después de tantos "tienes que conocer a Perico" que le soltaron todos aquellos a los que preguntaba para su libro sobre Ava Gardner. Se ve que lo encontró discreto, que iba diciendo que "tenía poco que contar"... hasta que en el local en que estaban sonó una canción de Frank Sinatra, y ante un nombre que soltó, Perico vio que estaba hablando con alguien que conocía y apreciaba su mundo,... y entonces fue abrirse por completo, hasta el punto de que cada vez que estaba por Barcelona, se presentaba en su casa por la tarde, después de su siesta ("de pijama y crucifijo"), y se les hacía la noche sin darse cuenta, hablando de esto y aquello.
Una de las cosas que le contó fue -quizás una de las más hermosas del libro- la que ha remarcado esta tarde, emocionado, Josep Maria Pou, casi una leyenda urbana: la historia del reencuentro, tras previa discusión, de Ava Gardner y Frank Sinatra, con una llamada telefónica por el medio y una acción de Ava que recuerda muchísimo a una emotiva escena de Buster Keaton en "El Cameraman".
Pou ha leído lo que le dijo otro personaje a Marcos: "Con lo que te puede contar Perico tienes dos libros". Y ha desenfundado rápido: ¿Dónde está el otro? Me da la impresión que el otro, el que no ha escrito, bien está dejado sin escribir. El libro presentado, del que pudimos gozar previamente en buena parte por las entregas que fue haciendo en su blog, habla mucho de este increíble ayudante de dirección y amigo de gente como David Lean, pero apenas de sus malos momentos, propiciados por las caídas en el alcoholismo que padeció. Quizás es mejor dejarlo así, con el buen sabor del mejor momento del personaje. Y quizás también así lo ha entendido el editor quien, de fuentes siempre fidedignas, ha sido el que, magnánimo, le ha largado una botella de tequila, que Marcos Ordóñez ha repartido entre los asistentes. Unos asistentes que han podido escoger, también, el cava que ha servido el librero. Una buena tarde, vaya.

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