domingo, 21 de junio de 2015

Egloga de Garcilaso


Tercera poesía ya del recorrido ese poético al que obliga Reyes. En este caso, un fragmento de la división (¿cómo se llamará eso?) número 21 de la primera Égloga de Garcilaso de la Vega. La historia asociada es que se lo aprendió de memoria un amigo a quien le gustaba mucho el “Elisa, vida mía” de Carlos Saura y, aunque yo soy un auténtico erial para lo de aprenderme de memoria versos (en toda mi vida, sólo alguna estrofa de la Canción del Pirata de Espronceda, un cacho de Le Cid de Corneille -que me costó, junto a un trocito de Ronsard, todo un fin de semana escolar- y ahora mismo no recuerdo nada más), pues acabé por sabérmelo, hasta el punto de llegar a ligar en alguna discoteca gracias a ese activo. Vamos allá:
¿Quién me dixera, Elisa, vida mía,
cuando en aqueste valle al fresco viento
andábamos cogiendo tiernas flores,
que había de ver, con largo apartamiento,
venir el triste y solitario día
que diese amargo fin a mis amores?

(El libro es posterior a los hechos narrados... Bueno: ya sólo queda uno más) 

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