Fran Vega, hoy en la Laie, en su presentación de la segunda novela de Ignacio González Orozco ("Rapaces", Moixonia 2015), tras felicitar por la obra de tejedor que, según sus palabras, ("Los días de 'Lenin'" era de personajes; ésta, obra de tejedor -ha sentenciado) revela la novela y por el ritmo que le confiere, ha avisado que se tiene que leer con un diccionario al lado. Cristian Jara, por su parte, tras hablar de unas tramas complejas que van entrelazándose hasta resolverse de forma asombrosa en su totalidad, ha leído un párrafo de por el final, que ha puesto los pelos de punta al autor, que quería guardar todos los elementos de misterio para el lector.
Así las cosas, el propio Ignacio González Orozco se ha puesto a analizar su obra. Ha empezado por definirla: que no es una novela negra, aunque alguien lo haya dicho; que es de misterio pero sin detective; que aparecen muchos criminales, pero de los "respetables". Que debe ser, pues, una novela de intriga, "mestiza", que ahora se definen así muchas. Y ha empezado a explicar sus partes desde el punto de vista de su construcción narrativa.
Pero donde se ha visto en la suya -a quien le haya seguido mínimamente por FB no le extrañará- ha sido para definirla políticamente, explicando que contiene "un cierto elemento de reflexión crítica" y repartiendo de paso un poco de estopa. Ha citado a Camús, diciendo que, como él, no cree que exista el mal, sino la ignorancia que a él lleva. Como la novela habla de un ornitólogo que se recorre en los años 70 el Migjorn mallorquín, buscando una extraña ave (aunque con varios pellizcos históricos para situar los orígenes de la trama), aparece entonces de forma inmediata -deduce- el caciquismo.
Me ha gustado la frase que, según ha referido, le dijo un viejo contrabandista, y que ha incluido en la novela: "En Mallorca no se pegan tiros, pero hay mucho acantilado". Ya sabemos que hemos de leer con cuidado a la que nuestro naturista pase por alguno de ellos.


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