Una entrada que le interesará a Comando Carpanta al menos por motivo doble. Corresponde a la poetisa Olvido García Valdés, en “Biblioteca Particular”, una de las secciones más interesantes de la revista Eñe (ésta en el número 37, de la primavera de 2014). Hace gracia este canto a la ensoñación y ese rechazo del reflejo de la vida misma por parte de la que, como se destaca en su nota biográfica, será traductora entre otros de Ajmátova… y Pasolini. Escribe ésto:
“¿Pero antes, la prehistoria? ¿Qué queda, por ejemplo, de la niñez? Acaso una extrañeza, y una doble vía: los cuentos ilustrados de hadas y princesas, por un lado, y los tebeos –las hermanas Gilda, Zipi y Zape, Carpanta o la familia Cebolleta-, por otro. Estas historietas, que no se llamaban cómics, me las leía mi madre cuando yo no sabía leer, mientras ‘lindiábamos’ las vacas. Debía de tener cuatro o cinco años; la recuerdo leyéndome en el Bosque, sentadas las dos en una de las rocas que puntuaban con formas curiosas la finca. Mi madre se reía al leerme las tiras de las hermanas Gilda o la familia Cebolleta, y yo miraba los dibujos y estaba en contra. No decía nada, pero aquello no eran cuentos, bien se veía; no me gustaban, no tenían final feliz, ni amores, ni bonitos vestidos y collares, ni siquiera parecían tener final. Eran vulgares y absurdos, como nosotras allí, ‘lindiando’ vacas; eran feos como la vida misma. Los cuentos de hadas de la colección Sissi o Azucena sí que eran bonitos, ya de los dibujos de chicas como princesas, con diademas, lindo talle y grandes ojos almendrados; todo lo que pasaba era de amor.”
(La foto de Olvido García Valdés la he sacado de la red. La hizo Corina Arranz para el ABC.)



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