Pues lo echaré en falta. De alguno de sus números no llegaba a gustarme ninguno de sus artículos, pero lo habitual era que sí me pasara lo contrario, y mucho, con un par de ellos. Sigo con sus cosas negativas, para acatar su proclama, en su elegante despedida, de que no se admitían condolencias: Alguno de sus artículos de política interior me ponían de los nervios. Llegué a escribir una carta al director para denunciar su intolerable postura, indigna de la publicación, ante todas las opciones más a la izquierda del PSOE. Fue sorprendentemente publicada en uno de sus primeros números en la misma semana en que la envié, pero tan recortada (¿por razones de espacio?) que, sin quitarle su posible virulencia, la dejaba destinada a la inanidad una vez despojada de todos sus matices.
Pero el balance ha sido claramente positivo, y ahora, huérfano por decisión propia de otros periódicos, porque se me caían de las manos los que antes me enorgullecía de leer, notaré un vacío grande los viernes, en los que ya no iré al kiosco a buscar el "Ahora", ya no me sentaré en el sillón de barco en el que me colocaba y leía toda su enorme primera plana, buscando con fruición qué era lo que me esperaba dentro con su lectura. Ese formato tan protestado llegó a ser otra fuente de placer: pasar trabajosamente, para que no perdiera el pliegue, una página, doblarlo leyendo un titular y, sí parecía de interés, volver a doblarlo y enfrascarse en la parte del artículo ofrecido en un cuarto del ejemplar.
Pero lo más interesante era, claro, la aparición en él de unos cuantos artículos especiales, casi imposibles de pescar en otro tipo de periódicos. La serie de informes dedicados a las profesiones de los altos funcionarios del Estado (Abogados del Estado, Registradores de la Propiedad, Economistas de Estado,...) era, desde luego, unos de ellos. Pero también un muy aclaratorio artículo, por ejemplo, sobre la situación de un perdido o fundamental país del mundo. Por llevar, hasta podía llevar de tanto en tanto algún pecio de Rafael Sánchez Ferlosio, o la crítica de un buen libro de una editorial independiente.
Fue Umberto Eco quien, en la última visita que hizo a España, para promocionar su última novela, habló del par de características que, a su juicio, debía tener la prensa actual para sobrevivir. Una era efectuar una crítica valiosa de lo que aparecía por internet. Otra, abandonar la inmediatez de la noticia que suponía su aparición diaria para pasar a recoger textos sobre la actualidad, pero mucho más meditados, gracias al tiempo de reflexión que ofrece una periodicidad semanal.
Ahora me sienta fatal, por ejemplo, que Patricia Almarcegui ya no pueda ofrecer a la cabecera sus artículos sobre algún país del Próximo Oriente

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