viernes, 16 de octubre de 2015

La finestra discreta. Quadern de la roda del temps" (Antoni Puigverd)


Hablando de la forma de afrontar los domingos (traduzco): "(...) la gente hace hoy en día exactamente lo contrario de ayer: entierran las corbatas, se ponen un chandal y se ponen a sudar el lomo por caminos de mar o montaña. En dos generaciones se ha enterrado una cultura y se ha edificado otra. Dejemos el fondo de la cuestión; y observemos la forma. Ya no es de buen tono exhibir, en días festivos, corbatas, americanas o trajes chaqueta. Estas piezas ya están únicamente reservadas para los penosos días laborales. Hasta los políticos que salen los domingos por televisión exhiben cazadoras y cuellos abiertos. (...) La ropa de vacaciones o de fin de semana simula informalidad. Es decir: formaliza la negligencia."
Llevo leída la mitad del sugestivo "La finestra discreta. Quadern de la roda del temps" (Antoni Puigverd, Libros de Vanguardia, 2014) y aún no le he visto seguir con esta idea, hablando por ejemplo de esa idiotez de los tejanos desgarrados hasta hacer incómodo el caminar, que llevan hoy una mujer y otra también...
De reflexiones de este tipo, apreciando, haciendo notar y siguiendo el ritmo de las estaciones, el paso del tiempo, está lleno el libro. En muchas ocasiones se distingue un Puigvert moralista, que se aparta un poco del mundo, observándolo, y te hace dar cuenta de las cosas. Hay páginas muy sencillas, como de reflexiones de estar por casa, y otras de más enjundia, pero todo él se va leyendo a un ritmo tranquilo, como un paseo de los que da, fijándose y pensando en todo, por las orillas del Onyar.

De escoger una pieza de las leídas hasta el momento, lo haría con una de por el principio, "Un virus benigno", en la que se descubre en un grado más íntimo. Su hija, se ha de suponer que una adolescente con la que habitualmente no debe reinar la concordia, ha cogido la gripe, y se queda en cama en su habitación, mientras él trabaja en el despacho vecino. De tanto en tanto "cuando un adjetivo le boicotea o cuando una idea se le desinfla, abandona el ordenador y mira por la ventana", oyendo entonces el sonoro ritmo de su respiración. La contemplación del barrendero escombrando las hojas rítmicamente le lleva a recordar la evolución de su relación con ella. Entra en su cuarto, la ve leyendo, y se ponen a hablar de libros, en un momento de felicidad absoluta. 

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