lunes, 7 de diciembre de 2015

El botín (Miguel Sánchez Ostiz)


En la imagen (www.sbhac.net/Republica/Imágenes/FrenteNorte/Euzkadi/Euskadi.htm), gente huida contemplando desde la otra orilla del Bidasoa el incendio de Irún. Ésta es una de las primeras imágenes que aparecen entre las páginas de "El Botín" (Miguel Sánchez-Ostiz, Editorial Pamiela, 2015) que, después de una accidentada lectura, he acabado esta tarde.
425 páginas de buen tamaño, que te afectan, y vaya si lo hacen, buscando, transcribiendo, comentando, reflexionando... sobre la represión y robo descarado emprendido durante el primer año de la guerra civil en Navarra, en la retaguardia pues, ya que desde el principio el golpe militar, mandado allí por el general Mola, se hizo con el poder.
Páginas que abruman con la acumulación de los hechos que presentan, por el asco que provocan ciertos detalles que dan a conocer. Tras tanta repetición que acaba por obsesionar, se le queda al lector en su mollera alguna idea clara sobre un modus operandi que, me temo, debió ser el mismo por otras partes de la geografía, si bien en Navarra aderezado con esa particularidad de esa otra guerra interior, silenciosa, entre requetés y falangistas.
¿Qué cosas? Pues por ejemplo la "casualidad" de que muchos de los que no resultaron condenados y ejecutados tras la farsa de juicios sumarísimos, al darlos posteriormente por desaparecidos, justo se encontraba que habían sido oficialmente puestos en libertad precisamente el día de su liberación. Los saqueos, apropiaciones de empleos, cargos y propiedades, como directo botín de guerra. Las denuncias, que aunque de ridículos y hasta risibles argumentos, parecían bastar para llevar la desgracia a una familia. También escenas rocambolescas, propias de novelas de espías, de cuya descripción el autor acaba reprimiéndose, porque el deber que se ha auto exigido era otro, y porque se dice que puede llegar a no ser correcto novelar sobre temas tan dramáticos.
Habla mucho, recurrentemente también, como con una cantinela, Sánchez-Ostiz sobre los que no se hacen eco y los que sí se hacen eco de los hechos, y cómo, de qué forma, lo hacen. Y reflexiona una y otra vez sobre la bajeza de esos hechos, sobre la ocultación que mucha gente llevó a cabo con ellos, hasta su tumba. Sobre la ausencia de condena, la ausencia de reparación alguna de todos esos crímenes, aún en la actualidad (y bastan esas cunetas con restos aún por desenterrar e identificar para corroborarlo). Y sobre su propio papel y las reacciones a su propio papel como escritor, dialogando con sus conocidos, que le han dejado sólo en la tarea, sin poder precisar todos esos datos que se han llevado a la tumba con ellos.
Me temo que esta noche tendré una sensación ambivalente, en mucha menor medida pero algo similar a la del autor del libro. Por una parte me veré liberado de la lectura del libro, y podré pasar a otras cosas. Pero, por otra parte, me temo que estaré mucho tiempo dándole vueltas, por ejemplo, a ese nefasto personaje de Mola y, sobre todo, a toda esa cohorte de aduladores que lo coreó y mantuvo, como, llegando prácticamente hasta la actualidad, ha pasado en un nivel más amplio en todo el país.
Extraigo de entre el último capítulo del libro la explicación sobre el mismo de su autor: "Éste es un artefacto narrativo escrito gracias a la desmemoria ofensiva de mis coetáneos, (...) y escrito en contra de todos los que piensan (...) que lo mejor es pasar página." Y, más adelante: "Éste no es un trabajo de grandes revelaciones, y bien que me hubiera gustado, (...) sino más bien de zozobras y de tristezas, de confusiones, de despedida, de saber la justicia imposible y el encono vivo."

Hay que agradecerle las energías que ha dilapidado (en éste y en "El escarmiento"), y animarle a emprender otro tipo de escrituras, de las que deja muestra continuamente en sus blogs. 

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