Ayer, un libro de lo más atractivo visualmente expuesto en el vestíbulo del Istituto Italiano di Cultura. Le hice alguna fotografía rápida, de cualquier manera.
De todas formas, hay que controlar el gasto y, por otra parte, está rebosante el piso. Hace ya un tiempo que acordamos que no tenía razón de ser esa insana manía de querer poseer cualquier libro que entre por los ojos. Si se cae, luego es habitual que tan solo se hojee y -si hay suerte y se le encuentra una acomodación, se coloque en una estantería, para dormir ahí el sueño de los justos. Fuera, pues, intenciones de comprarlo o pedirlo para estas navidades. Si yo no soy nada musical, hombre...






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