Como un plácido paseo me ha resultado la lectura de "Musas, mecenas y amantes" (Victoria Combalía, Editorial Elba, 2016), un recorrido por la vida de seis mujeres ligadas de una de esas tres formas a artistas surrealistas, o incluso con incursiones propias en la creación surrealista. Un paseo también, en buena parte, por un mundo (aún con inquietudes artísticas, eso sí) como es el del lujo y la sofisticación, pues casi todas ellas podrían tildarse de millonarias. Como se trata de un mundo que suele caer algo a desmano, la lectura abre una posibilidad de conocimiento inusitado, y uno se queda boquiabierto sabiendo de viajes de boda por todo el mundo que duraban casi un año, matrimonios de conveniencia muy civilizados y dadivosos, o rojos de buena familia que acababan teniendo comportamientos más que dudosos durante la ocupación nazi.
Al tiempo que relata estas vidas que son cada una como un rápido cuento de hadas con final infeliz, Victoria Combalía, como quien no quiere la cosa, te va explicando espacios que salen a colación (como las casas de Víctor Hugo o la isla de Seine en el capítulo dedicado a Valentine Hugo) con pequeñas observaciones que denotan que conoce los lugares. No sólo eso. En un libro de fácil lectura e imposible ambición exhaustiva debido a su pequeño tamaño (160 páginas para hablar de las seis vidas), vas acumulando pequeños saberes nada despreciables. En mi caso, por ejemplo, cosas tan dispares como la intervención de los Hugo en la determinación de los trajes de "La Pasión de Juana de Arco" de Dreyer, en qué consisten los "cadáveres exquisitos" o la razón de ser del "violín de Ingres" en la fotografía de Man Ray.
La mini biografía de Kiki de Montparnasse, el personaje posiblemente más diferenciado del resto de las biografiadas, por ejemplo, le sirve para dar unas nutridas notas sobre los locales del París de entonces, y un repaso a otros muchos artistas de la época, como no deja de hacer en otros capítulos.
Y también se le debe agradecer las pistas sobre películas y libros a buscar. Como ese que he anotado raudo de Louis Aragon: "Le paysan de Paris". ¡A por él!

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